Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

Zara conquista Milán

La primera tienda de la cadena en la capital de la moda italiana supera ampliamente todas las expectativas

Milán, una de las capitales europeas de la moda, no había visto un éxito así en años. La apertura el 10 de abril pasado de la primera tienda Zara en Italia ha desatado un entusiasmo comprador inesperado. Milán se ha rendido al atractivo de una ropa moderna y barata, que compite en diseño con cualquiera pero que en precio no tiene rival. Sobre todo en un país 'malcriado' por el turismo asiático, dispuesto a dejarse fortunas en las tiendas Prada, Versace o Armani. Las dos primeras semanas de Zara en Milán han roto todos los moldes, con una media de 5.000 compradores al día, las 12 cajas del establecimiento desbordadas de clientes y la urgencia de reponer todos los estantes en un tiempo récord.

Un proteccionismo no declarado pero real había convertido el desembarco de Zara (que posee más de 1.300 tiendas en todo el mundo) en Italia en poco menos que una misión imposible. Tras el fracaso de la operación proyectada con el grupo Benetton, en 1999, los hombres de Amancio Ortega han tenido que penar años antes de lograr el actual acuerdo, una joint-venture con el grupo inmobiliario Percassi, que ha permitido la inauguración el 10 de abril de la primera tienda. La campaña publicitaria que precedió el desembarco de la firma de Amancio Ortega fue breve pero intensa en toda la prensa nacional y con una modelo de excepción, la británica Stella Tenant. La primera tienda es un verdadero megastore de cuatro plantas, en el corazón de la ciudad lombarda, a espaldas del Duomo.

Atención de la prensa

A la prensa italiana, que nunca se ha preocupado demasiado de la firma española, convencida de la superioridad de sus modistas, empieza intrigarle sobre todo la personalidad del dueño, Ortega, que no se dignó siquiera a acudir a la inauguración. Specchio, el suplemento dominical del diario turinés La Stampa, dedicó un amplio reportaje al evento del 10 de abril, centrado sobre todo en el misterioso empresario español.

A los 66 años de edad, este gallego de adopción (nació en Castilla-León) reservado y poco amigo de la prensa, posee una fortuna personal que se estima en 10.200 millones de euros, lo que le convierte en el hombre más rico de España y el número 25 en la lista de los multimillonarios internacionales. Ortega es dueño del 80% del capital de Inditex (Industrias de Diseño Textil) que agrupa entre otras las firmas de Zara, Pull&Bear y Massimo Duti.

Su pasión por el anonimato contrasta con el natural exhibicionismo de los grandes de la moda italianos, desde la familia Benetton, el símil más próximo, a los diseñadores de fama mundial. Por eso asombra que la firma facture 3.200 millones de euros al año, sea capaz de realizar una media de 20.000 modelos anuales y emplee a 24.000 personas en sus 1.300 tiendas esparcidas por todo el mundo.

Las cifras de beneficios causan también impresión, sobre todo por la marcha ascendente del grupo. Los 340 millones de euros de beneficios obtenidos en 2001 representan un incremento del 31% sobre los del año anterior.

Pero si los inicios italianos han sido difíciles, no toda la competencia está contra Zara. Elio Fiorucci, un histórico del diseño atrevido y colorista que tiene tienda frente a la nueva tienda Zara de Milán, reconoce que la recién llegada 'estrella' es un estímulo para todos. 'Desde que abrieron, tenemos más visitantes nosotros también', ha declarado. 'Ha venido para despertar a los que se han dormido en los laureles. Este hombre ha puesto patas arriba el mercado, lo suyo ha sido un verdadero terremoto. Ha creado un negocio particular porque no se limita a vender lo que hacen otros, sino que diseña, produce, distribuye y vende' añade Fiorucci que se declara admirador y amigo personal de Ortega.Otros han optado por el silencio y están a la espera de ver lo que ocurre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de mayo de 2002