LA CAÍDA DE CHÁVEZ

España evita calificar el derrocamiento de Chávez y pide una rápida vuelta a la 'normalidad democrática'

El Gobierno español esgrimió ayer 'prudencia y cautela' a fin de evitar pronunciarse sobre las consecuencias para la legitimidad institucional del derrocamiento del presidente venezolano, Hugo Chávez. El ministro portavoz, Pío Cabanillas, se limitó a constatar, ayer al mediodía, que 'los acontecimientos' eran demasiado recientes, y a considerar 'fundamental que la situación excepcional que ahora se vive dé paso a la normalización democrática'.

Con la misma orientación, pero esta vez en calidad de presidencia de turno de la Unión Europea, el Ejecutivo hizo, además, un llamamiento a que 'el Gobierno de transición respete los valores e instituciones democráticas', tras reiterar su 'repulsa por la pérdida de vidas humanas' y su 'solidaridad' con el pueblo de Venezuela.

La 'prudencia y cautela' de esta reacción puede explicarse por el desarrollo de unas relaciones que, pese a la excentricidad del polémico Chávez, ha estado lejos de ser negativo. Como trasfondo destaca la importancia de los intereses económicos españoles y el deseo del Gobierno de José María Aznar de obtener la extradición de los etarras residentes en Venezuela. El presidente abordó el pasado 21 de marzo este último tema con Chávez en al menos dos encuentros mantenidos en Monterrey y la fiscalía venezolana ordenó el 5 de abril la detención de seis presuntos terroristas. Además, el dirigente derrocado dejó solo a Fidel Castro, con el que mantenía relaciones estrechas, cuando suscribió la condena del terrorismo de ETA propuesta por España en la cumbre Iberoamericana de Panamá, en 2001.

En el terreno económico, la balanza comercial hispano-venezolana se ha duplicado durante los tres años escasos de Gobierno de Chávez, que hizo tres viajes oficiales a España y recibió en julio de 1999 a Aznar en Caracas. Los principales inversores españoles en Venezuela son Telefónica, BSCH y BBVA, que financió la campaña electoral de Chávez con 150 millones de dólares, según resulta de la investigación de las cuentas secretas.

El ex presidente del Gobierno Felipe González calificó ayer, en cambio, a Chávez de 'golpista' que 'liquidaba las libertades' y 'estaba montando un autogolpe al estilo Fujimori'. 'No sólo se es un autoritario cuando se llega al poder con las botas, sino cuando se tienen mayorías pero no se respetan las reglas del juego', añadió.

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