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Dos biografías de Primo Levi descartan que su paso por Auschwitz originara su suicidio

Con la muerte de Primo Levi, el 11 de abril de 1987, en Roma, se desvanecieron las ilusiones de un gran número de sus seguidores. Muchos lectores no acertaron a comprender que un superviviente de Auschwitz, cuya terrible experiencia documenta en Si esto es un hombre y trabajos posteriores, cayera finalmente víctima de la campaña de exterminación de los nazis. Quince años después, dos biografías intentan saldar la polémica resaltando las tormentas personales como la causa que llevó al escritor italiano a quitarse la vida arrojándose al vacío.

De estilo y metodología diferentes, las biografías de Carole Angier, The Double Bond, y de Ian Thomson, Primo Levi, publicadas estos días en el Reino Unido, coinciden en descartar el calvario del campo de concentración de Auschwitz entre el motivo principial que provocó el ocaso del escritor italiano. 'Su muerte fue personal. Fue una tragedia, pero no una victoria para Auschwitz', escribe Angier. 'La depresión y el suicidio formaban parte de él desde un principio. Es incluso posible que sin la experiencia de sobrevivir Auschwitz, y sin la misión por comprender y documentar estos hechos, ambos se hubieran cobrado su vida antes', continúa.

Thomson también relaciona la depresión crónica como desencadenante de una tragedia que impulsó a Levi a tirarse del hueco de la escalera de su domicilio familiar, en Turín. Esta tesis ya había sido formulada por Myriam Anissimov en Primo Levi o la tragedia de un optimista, publicada en castellano el año pasado, pero parece tomar más cuerpo en las obras de sus contemporáneos británicos. 'Levi reprimió todo un lado de sí mismo. Tenía dificultad a la hora de expresar sus emociones personales: su amor y su genio', argumentó ayer Angier durante el festival de Literatura de Cheltenham, Inglaterra.

'Emociones reprimidas'

Levi no dejó una carta de despedida ni anotaciones concretas que arrojen luz sobre su trágico fin. Los biógrafos tan sólo pueden especular a partir de conversaciones con su entorno familiar, incluida la hermana del escritor, Anna María, y revisión de correspondencia privada, como es el caso de Thomson. Angier, por su parte, busca esas 'emociones reprimidas' en entrevistas y, principalmente, en la obra del autor.

Ambos parten de la base que la lucha por sobrevivir en el campo de concentración libró a Levi de sus ocasionales ataques de depresión, que se intensificaron en vísperas de su muerte. 'Me lo temía. Todo el mundo lo temía', dijo, al parecer, su esposa, Lucía, al descubrir el cuerpo sin vida. El miedo a caer enfermo, a envejecer, el desasosiego de una madre inválida se citan entre las causas que despertaron la depresión.

La crítica británica ha recibido con interés ambas biografías. Pero el intento por descubrir los motivos de su suicidio deja frío a algún comentarista. 'Sólo se puede teorizar', escribe Peter Preston, en el dominical The Observer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de abril de 2002