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OPINIÓN DEL LECTOR

Teléfono de atención a los animales

Iba conduciendo por una calle de Madrid cercana a Arturo Soria cuando, de repente, vi un bulto en la carretera; según me iba acercando me di cuenta de que se trataba de un gato al que habían atropellado. El pobre animal estaba agonizando. Decidí parar el coche justo delante. Poniendo las luces de emergencia me bajé del coche, cogí una manta del maletero y envolví al pobre gato. Llamé a mi novia, para contárselo, y me dijo que metiera al gato en el coche y lo llevara a la clínica veterinaria de al lado de su casa.

Lo situé dentro del coche, a los pies del asiento del copiloto, y lo llevé rápidamente a una clínica veterinaria previamente avisada y que no cerró a la hora prevista por esperar a que llegara. Fui todo el camino escuchando los quejidos del gato y la respiración dificultosa. Lo pasé muy mal, ya que fui rezando todo el camino para que no se muriera. Al llegar a la clínica veterinaria, se acercó a recoger del coche al gato la veterinaria, y lo metió dentro. A los dos minutos salió para decirnos que tenía el pulmón totalmente encharcado de sangre y que había que ponerle la inyección para dormirlo.

Me dolió bastante saber que mi esfuerzo no había servido de nada, y así se lo dije a mi novia; ella me contestó que sí que había servido de algo: sirvió para que el pobre gato no muriera agonizando en la calle. Cuando la veterinaria salió, diciéndonos que ya había terminado, me dio bastante pena, y pensé en la persona que atropelló al animal y siguió su camino.

Luego me enteré de que hay que pagar al Ayuntamiento para que venga a recoger el animal y llevárselo a incinerar. No me extraña que a la gente que ve animales atropellados por las calles no le importe que mueran en cualquier sitio, ya que si tratas de salvarlo y no lo consigues tienes que pagar casi 50 euros para que venga a recogerlo el Ayuntamiento. Pues bien, me parece vergonzoso que haya que pagar por este servicio, que debería ser gratuito.

Tengo que decir que la veterinaria sólo nos cobró lo que tenía que pagar al Ayuntamiento por la recogida, no cobró nada por la visita ni por la inyección.

Aprovecho esta ocasión para exponer la idea de un teléfono como el 112, pero para atención de los animales. Son seres vivos y creo que se les debe tratar como tales. Ellos también sufren.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 20 de marzo de 2002