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La voz de José Ángel Valente regresa a través de los versos de los poetas que tradujo

'Cuaderno de versiones' reúne piezas de Celan, Jabès, Cavafis y Montale, entre otros

La mayoría de las traducciones de José Ángel Valente (Ourense, 1929-Ginebra, 2000) se publicaron de forma dispersa en revistas literarias. Algunas se reunieron en libros y otras, incluso, permanecieron inéditas. Cuaderno de versiones (Círculo de Lectores / Galaxia Gutenberg), que aparece la próxima semana, reúne así por primera vez la totalidad de este trabajo casi secreto del poeta. Valente, que se consideraba 'traditore más que traduttore', intentó hacer suyas las voces de los autores que tradujo: Donne, Keats, Montale, Cavafis, Celan y Edmond Jabès, entre otros.

El poema, escribió Paul Celan (1929-1970) en el Discurso de Bremen -uno de los textos que tradujo Valente y que recoge el libro-, 'puede ser una botella arrojada al mar, abandonada a la esperanza -tantas veces frágil, por supuesto- de que cualquier día, en alguna parte, pueda ser recogida en una playa, en la playa del corazón tal vez'. Y añadía: 'Los poemas, en ese sentido, están en camino: se dirigen a algo'.

La tarea titánica de traducir a Celan, cuya poesía tiene muchas veces la consistencia de un grito y la oscuridad de quien ha descendido a las zonas más profundas del infierno para tomar desde allí la palabra, fue una de las experiencias más radicales en las que se embarcó Valente en sus últimos años de vida. Lo hizo, además, como él mismo escribe, en un momento en que su 'propia relación con el existir era una línea débil'. Son esas versiones de Celan las que permiten vislumbrar con mayor claridad lo que para Valente significaba traducir.

En uno de los textos que escribió sobre Celan, Valente escribe que 'sólo en la medida en que es percibido como un misterio, puede el otro ofrecérsenos como fuente posible del conocer y del amar'. Y en otro lugar: 'La palabra oscura del poeta contemporáneo no hace concesiones a lo formal; por el contrario, entra más adentro en la espesura, en la propia oscuridad de la experiencia, acaso vivida, pero no conocida'.

Versiones

Lo que hizo Valente al traducir a Celan fue precisamente eso, sumergirse en su espesura, para desde allí, una vez empapado de sus palabras, devolverlas a la vida en otra lengua. Lo hizo con Celan, y lo hizo también, ya fuera en castellano o en gallego, con John Donne, John Keats, Gerard Manley Hopkins, Dylan Thomas, Robert Duncan, Eugenio Montale, Constantino Cavafis, el Evangelio según San Juan, Louis Aragon, Benjamin Péret, Cioran, Edmond Jabès, Marcel Cohen o Friedrich Hölderlin.

'La traducción fue para Valente la forma de apropiarse de la belleza, la verdad y la profundidad de los textos que admiraba', explica Claudio Rodríguez Fer, el responsable de preparar este Cuaderno de versiones y que ha escrito un prólogo. 'Más que de traducciones, es mejor hablar de versiones', continúa, 'pues lo que hizo Valente no fue sólo trasladar unos versos de una lengua a otra, sino crear una nueva obra de arte'. Es posible que ésa sea la voluntad de cuantos se embarcan en la ardua tarea de la traducción, pero para conseguirlo no sólo hace falta 'tener la voluntad, sino también la capacidad de hacerlo'. Valente la tenía.

Son varios los poetas traducidos y, por eso, Rodríguez Fer subraya la importancia del momento en que Valente se ocupó de cada uno de ellos. 'Cuando estuvo en Oxford, entre 1955 y 1958, descubrió fascinado a los metafísicos ingleses', cuenta. 'Encontró en ellos una íntima relación con Quevedo, que era por entonces su poeta preferido'. Dylan Thomas fue un encuentro de juventud. Cavafis, un descubrimiento de los años sesenta. A Celan y a Jabès, en cambio, los cultivó en sus últimos años. 'Con este último, Valente tuvo una gran afinidad y fue mucho lo que Jabès le reveló de sí mismo, más que como una influencia directa, como una manera de redescubrirse en su propio pasado'.

Andrés Sánchez Robayna, que dirige un taller de traducción literaria en la Universidad de La Laguna, explica que traducir 'es un ejercicio de síntesis en el que hay que buscar una unidad entre los distintos niveles, el semántico, el retórico o el sonoro, que cada poema tiene'. Una tarea de extrema complejidad. Tanta, comenta Sánchez Robayna, 'que Robert Frost defínía la poesía como aquello que se pierde en una traducción'.

'Las versiones de Valente son excepcionales', dice Sánchez Robayna. 'Su empeño fue el de ir a las fuentes de la modernidad, a sus raíces, y eso explica que se ocupara de autores decisivos'. De ahí la importancia de esta vertiente menos conocida de su obra. 'No hay que olvidar', señala Robayna, 'que algunas de sus traducciones las consideró creaciones propias, y las incluyó dentro de su obra poética. Textos de Catulo, Artaud, Maquiavelo, Kafka... Y es que, para algunos grandes poetas, traducir es crear'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de marzo de 2002