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Crítica:

La rebelión que cambió la historia

En Los comuneros, el hispanista francés Joseph Pérez defiende la tesis de una rebelión protagonizada por una clase media harta del ascenso del absolutismo y de la hegemonía de la aristocracia. Pero esta monografía sobre las Comunidades de Castilla es, además, la síntesis de uno de los episodios más decisivos en la historia de nuesto país.

En 1970, el prestigioso hispanista francés Joseph Pérez dio a luz una excelente y extensa monografía sobre las Comunidades de Castilla, que aparecían como una revolución protagonizada por las clases medias castellanas para imponer un gobierno representativo opuesto tanto al ascenso del absolutismo como a la bien asentada hegemonía de la aristocracia. Los comuneros, que trataron sin éxito de atraerse a su causa a la legítima soberana de Castilla, la reina Juana llamada la Loca, fueron derrotados por la lógica alianza de la Monarquía y la nobleza en el campo de batalla de Villalar, que constituyó, en palabras del ilustrado Juan Amor de Soria, el 'último suspiro de la libertad castellana'. Unos años antes y unos años después, y con todos los matices que se quieran, habían amparado esta interpretación Juan Antonio Maravall y Juan Ignacio Gutiérrez Nieto, el último de los cuales puso el acento en la vertiente campesina y antiseñorial que acompañó a una revuelta nuclearmente urbana.

LOS COMUNEROS

Joseph Pérez La Esfera de los Libros Madrid, 2001 286 páginas. 18,63 euros

Pues bien, el último libro del

profesor de Burdeos vuelve a reafirmarse, 30 años después, en las mismas tesis, aunque naturalmente incorpora la bibliografía más reciente y aprovecha la ocasión para discutir algunos de los planteamientos expuestos por otros autores. Así, frente a Antonio Márquez, niega las relaciones entre comuneros y alumbrados más allá de la mera coincidencia cronológica y geográfica, del mismo modo que antes había rechazado una especial incidencia de la mentalidad o de la actividad de los conversos en el desencadenamiento de la revuelta. Más aún se extiende en rebatir, con una reflexión muy convincente, las propuestas de Stephen Haliczer, ya sea su consideración de las Comunidades como una rebelión del patriciado urbano, ya sea su argumentación a favor de las consecuencias supuestamente favorables de la rebelión, a saber, la profunda reforma de la Administración y la justicia y el restablecimiento del papel político y legislativo de las Cortes, que el historiador francés desmiente en todos sus extremos.

Hasta aquí, las novedades del

libro. El resto es un apretado y vigoroso relato del movimiento comunero, donde se explican los hechos más significativos con la autoridad de uno de los mejores conocedores de la materia. Así, se pasa revista al nacimiento de la oposición, la formación de la Junta de Ávila, la ocupación de Tordesillas, la espera de Torrelobatón, la derrota de Villalar, la defensa de Toledo. Y por las mismas páginas desfilan los actores del drama: los jefes militares (Juan de Padilla, Juan Bravo, Francisco Maldonado), los últimos protagonistas de la resistencia (el obispo Acuña, María Pacheco), los comuneros de a pie (caballeros, labradores, artesanos, comerciantes, letrados) y algunas figuras controvertidas, como singularmente la reina Juana, que apoya las buenas intenciones de los comuneros en materia de gobierno, pero se niega a firmar ningún documento contrario a su hijo Carlos.

En definitiva, una valiosa y concisa síntesis de uno de los episodios más decisivos de nuestro pasado y de uno de los hechos históricos de mayor perdurabilidad en la imaginación colectiva de los españoles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de febrero de 2002

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