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CRÓNICA

Volvió el Athletic épico

El equipo de Heynckes recupera su viejo espíritu y derrota al Madrid en un partido extraordinario y lleno de conflictos

Con el aroma de los viejos tiempos, el Athletic derrotó al Madrid en uno de los partidos de la temporada. Testigo fue San Mamés, que vibró en un duelo febril, accidentado, lleno de épica. No fue una noche para los académicos, sino para futbolistas adultos, de los que entran a guerrear a pecho descubierto. Esa cualidad le faltó al Madrid en la primera parte y lo pagó saliendo derrotado.

Pero también es cierto que a ese impresionable Madrid le siguió un Madrid con cuajo para sobreponerse al desastre. Y casi lo logró en su arreón final, lo que sirvió para mejorar la nota de un choque espectacular.

ATHLETIC 2| REAL MADRID 1

Athletic: Lafuente; Javi González, Larrainzar, Ocio, Del Horno (Larrazabal, m. 65); Orbaiz, Alkiza; Tiko, Etxeberria (Ezquerro, m. 86), Yeste (Carlos García, m. 73); y Urzaiz. Real Madrid: Casillas; Salgado, Hierro, Pavón (Guti, m. 77), Roberto Carlos (McManaman, m. 79); Helguera, Makelele (Solari, m. 61); Figo, Zidane, Munitis; y Morientes. Goles: 1-0. M. 29. Presión agobiante del Athletic y Tiko resuelve con un zurdazo que sorprende a Casillas. 2-0. M. 45+. Del Horno cabecea un saque de esquina de Tiko. 2-1. M. 55. Centro de Munitis que trata de despejar Larrainzar y Morientes marca a puerta vacía. Árbitro: Ansuategui Roca. Amonestó a Roberto Carlos, Solari, Salgado y Orbaiz Unos 38.000 espectadores en San Mamés. Cinco personas saltaron al césped en el minuto 21 interrumpiendo el partido.

Un aire volátil presidió el partido, que se disputó en un clima intempestivo, con el Athletic a la carga y el Madrid aturdido hasta el error de Larrainzar en el tanto de Morientes. A la intensidad se añadió el desgraciado protagonismo que cobraron cuatro gamberros con pretensiones. Mediado el primer tiempo, saltaron al campo para dar la nota. El encuentro quedó interrumpido cinco minutos entre la indignación general. Antes del incidente y después de él no hubo otro equipo que el Athletic: jugó como si le fuera la vida, con la eléctrica intensidad que de vez en cuando le presta su historia. Fue un equipo que recordó a todos los Athletics, no el más elegante, pero sí uno que no desfallece. Ésas han sido sus señas de identidad y a ellas se acogió en una noche vibrante.

CLASIFICACIÓN

1. Real Madrid
43
2.Valencia
43
3. Celta
41
4. Deportivo
41
5. Barcelona
40
6. Betis
39
7. Alavés
39
8. Athletic
39
9. Sevilla
35
10. Valladolid
35
11. Espanyol
33
12. Osasuna
32
13. Málaga
31
14. Villarreal
31
15. Las Palmas
29
16. Zaragoza
29
17.Mallorca
27
18.Real Sociedad
25
19. Rayo Vallecano
24
20. Tenerife
24

El Madrid, que quiso jugar de florete, no aguantó la avalancha en la primera parte. Fracasó como nunca en un duelo que le exigió tanto carácter como fútbol. No tuvo ninguna de las dos cosas. Tardó casi una hora en dar tres pases seguidos frente a la feroz presión del Athletic, que hizo por el Madrid lo mismo que en Chamartín en la Copa. Antes de que el Madrid rematara por primera vez, Larrainzar le regaló el gol a Morientes y abrió un capítulo que añadió más tralla. Porque había pasado una hora hasta entonces y sólo había noticias del Athletic, que metió pierna, ganó el balón y lo jugó con rapidez y buen ojo. Un jugador se levantó sobre todos los demás. Fue Tiko, de cuya progresión ya no caben dudas. De aquel futbolista que sólo se caracterizaba por sus remates de media distancia se ha pasado a un más que interesante medio de ataque, capaz de recorrer el frente con poderío y astucia. Tampoco le falta personalidad, déficit acusado en el último Athletic. A través de Tiko y, de forma más intermitente, de Yeste, el Athletic buscó caminos en la desconcertada defensa madridista. Llovieron los centros, se multiplicaron los rechaces y casi siempre ganaba una casaca rojiblanca. De un rechace llegó un remate tempranero de Etxeberria que desvió Casillas con dificultades; de un córner, el cabezazo de Del Horno al palo.

El Madrid se vino a pique tras el sainete de los gamberros. Línea por línea, desapareció del combate, pues ese tufo tenía el encuentro, que requería de gente con ánimo y trapío. No la encontró el Madrid al principio. Ninguna de sus estrellas apareció, y si lo hizo fue para desafinar de manera intolerable. La agresión de Roberto Carlos a Ocio mereció la sanción de las patadas atroces, una coz al bajo vientre que pudo causar un daño grave. San Mamés no perdonó la infamia al brasileño, que venía cargado del calvario sufrido por su equipo hasta entonces. Dos goles espectaculares habían puesto al Athletic en una situación perfecta. El primero lo marcó Tiko en lo que se puede definir como imagen de marca: desde el callejón del 8, se perfiló para el zurdazo y enganchó un remate espectacular a la escuadra. Como ese tipo de gol no es nuevo en Tiko, hay que hablar de cualquier cosa menos de casualidad.

El segundo tanto lo marcó Del Horno en un cabezazo que volvió a poner en cuestión la eficacia aérea del Madrid. Del Horno superó a Helguera en el salto y clavó la pelota. Fue la cima del Athletic y el delirio de la hinchada. Enfrente, nada. El Madrid no remató una sola vez contra Lafuente y penó en medio de un ambiente sofocante.

Pero en este encuentro se jugaron muchos partidos y ninguno defraudó. Al Madrid doliente del primer tiempo le sucedió un Madrid imperfecto pero bravo en el segundo. Nada se le puede reprochar en ese sentido. Si encontró la tradicional ayuda de Larrainzar, no es suficiente para desmerecer su poderosa reacción, no tanto por la calidad de su juego como por la pujanza de un equipo que se negó a perder. Y, aunque el Athletic bajó el pistón, también tuvo arranque para conseguir oportunidades en un periodo glorioso por la épica del fútbol. A cada cambio de Del Bosque, siempre jugadores defensivos por atacantes, siguió un cambio defensivo en el Athletic, que no veía el final del partido. Y todo porque Figo y Zidane comenzaron a funcionar y porque Munitis hizo daño en el costado izquierdo. Con ellos estuvo Solari, que entró sin complejos y con la fiebre que requería un partido fascinante, con toda la épica y algunos momentos de excelente juego. Todo eso es fútbol. Y del grande. De ello fue testigo San Mamés nuevamente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de febrero de 2002