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CRÓNICA

Por Dios que vive el Barça

Kluivert sella el triunfo del equipo azulgrana, que remontó ante el Depor en un excelente encuentro

En un partido de juego vertiginoso y conducta heroica, el Barça arrambló al Deportivo y conquistó el Camp Nou, tan vacío como rendido a un equipo que más que el fútbol recuperó la grandeza y sobre todo la épica. Jugó el Barça hasta reventar. El triunfo fue el botín de una cruzada contra el escepticismo y un paso hacia la reconciliación. La contienda tuvo cuanto se demanda para pasar a formar parte de la memoria futbolística: ritmo, alternativas, tensión, suspense y un gol de bandera como epílogo.

BARCELONA 3| DEPORTIVO 2

Barcelona: Reina; Puyol, Christanval (Andersson, m.61), De Boer, Sergi; Luis Enrique, Cocu, Motta; Kluivert, Saviola (Reiziger, m.90) y Rivaldo. Deportivo: Molina; Scaloni, César, Naybet, Capdevila; Duscher, Mauro Silva; Víctor (Djalminha, m.81), Valerón (Sergio, m.61), Amavisca; y Diego Tristán (Makaay, m.79). Goles: 0-1. M.9. Tristán remata por bajo tras un centro desde la derecha de Víctor. 1-1. M.16. Luis Enrique cruza tras una falta botada por Rivaldo. 1-2. M. 66. Centro de Víctor que cabecea por alto Sergio. 2-2. M. 73. Saviola remacha tras un intento de Rivaldo de superar por alto a la defensa. 3-2. M.86. Centro de Puyol que remata Kluivert de cabeza. Árbitro: Pérez Lasa. Mostró tarjeta amarilla a Duscher. Camp Nou. Unos 40.000 espectadores. Llovió durante casi todo el encuentro. Se guardó un minuto de silencio en memoria del ex jugador y entrenador Domingo Balmanya.

Tal que fuera Evaristo, Kluivert apareció para cabecear el 3-2, el tanto del triunfo, el premio a un equipo enérgico y jovial, valiente e indomable, frente a un rival finalmente rendido, sin tiempo para reaccionar, abatido tras ir por dos veces con ventaja en el marcador. No se entregó jamás el Barça, que por un día perdió el miedo y se puso la casaca del héroe. Rexach entendió que si el equipo se ha acostumbrado a jugar sin extremos, tampoco hacía falta el medio centro, así que puestos a romper con la cultura del dream team puso a cinco delanteros con cuatro defensas y Cocu haciendo la goma. Al Deportivo le encantó la propuesta rival. Irureta juntó a Valerón y Tristán y el equipo blanquiazul desafió al azulgrana en un partido de ida y vuelta.

La primera media hora resultó un ir y venir en un partido que nunca tuvo pausa, de manera que las ocasiones se alternaron, aunque paulatinamente se fueron acumulando en la portería de Molina. Para empezar, el Deportivo aceptó la posesión de la pelota y se trabajó el gol de Tristán, obtenido después de una concesión de Christanval, que se confió de un linier errático en la marca del fuera de juego. El central francés volvió a habilitar acto seguido a Valerón, pero el exquisito media punta canario, decisivo a la hora de armar el pase, erró en la definición como antes no habían acertado Saviola o Rivaldo.

Disparado desde el arranque, el Barcelona montó unas cuantas transiciones preciosas. Pese a que empató a la salida de una falta, los azulgrana remataron con saña una y otra vez. Les faltó puntería, un respiro antes de cada disparo para tumbar a Molina, sometido por el retroceso de su zaga. A la que la defensa blanquiazul cedió ante la tralla barcelonista, el Deportivo puso el retrovisor y perdió el sitio en la cancha, pese al desespero de Tristán, que reclamaba la pelota una y otra vez para jugarse el uno contra uno con cualquiera de los centrales contrarios.

El monólogo azulgrana duró media hora por lo menos. El Barça adelantó la línea de presión y recuperó siempre el balón en cancha ajena. Tuvo el partido franco durante un rato muy movido, con el tridente intercambiando sus puestos, Luis Enrique apuntando por la derecha y Motta desde la izquierda. El marcador, sin embargo, fue mezquino con el riesgo que tomaron los barcelonistas. El despliegue físico del primer tiempo auguraba una segunda parte más calmada y tortuosa para el Barça, falto de jugadores capaces de conservar la pelota. El oficio, más que el criterio, y el azar le permitió cazar una nueva ventaja al Deportivo en un cabezazo de Sergio. Un gol que habría acabado con el rival más fiero. Pero no con el Barcelona de ayer. La respuesta azulgrana resultó tan contundente como bella. Rivaldo mató con un control exquisito un servicio de Andersson, quebró a Naybet con un sombrero, eludió la salida de Molina con una comba y Saviola empujó la pelota hacia la línea de gol, concedido por el árbitro, tras mirar al linier. El gol de la victoria tenía que llegar al final, a tono con un partido tan vibrante. Puyol centró con la zurda y Kluivert cabeceó a la red, como ocurría antes, en aquellos tiempos heroicos, cuando el Barça era el Barça y el fútbol era fútbol. La hinchada se abrazó con el equipo y se juraron que volverán a intentarlo. Queda Liga y queda Champions. Por Dios que vive el Barça.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de febrero de 2002