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COLUMNA

Malos modales

A pesar del diseño que se adueñó del país en los años ochenta y de la alta costura arquitectónica que desde hace algún tiempo viste nuestras ciudades, seguimos como estábamos en cuanto a educación. Ni la sustitución de la trenka rupestre por el traje de alpaca, ni la alta cocina, ni los manuales de autoayuda, crecimiento interior y otras amenidades esotéricas han logrado cambiar nuestros malos modales.

Cualquiera pensaría que el asunto no tiene solución, que estamos condenados al insulto, al atasco, a las cacas de perro, a los muros cuajados de pintadas y al ruido de las motos. Sin embargo, en Salvatierra no piensan así. En Salvatierra han caído en la cuenta de que la mala educación, además de molesta, es muy cara. Por eso han decidido desde el Ayuntamiento poner en marcha el proyecto 'Salvatierra-Ciudad por el civismo'. Una experiencia inédita en Euskadi, pero que en Cataluña lleva años funcionando en varios municipios. Se trata, en todo caso, de mejorar la conducta de los ciudadanos, para lo cual se ofrecerán incluso cursos de civismo.

A uno, inevitablemente, el asunto le trae a la memoria los vetustos tratados de buenas maneras con que martirizaron a nuestros abuelos. Y hay que reconocer que, en general, nuestros abuelos fueron gente educada. 'Delante de personas principales', rezaba uno de aquellos breviarios del perfecto caballero y la perfecta dama, 'no te rasques las partes genitales'. Los nietos o bisnietos de aquellas buenas gentes (las hijas de las madres que amé tanto, que diría Campoamor) tienen hoy otros usos y costumbres, entre los que se incluye el pearcing genital, pero la educación sigue siendo la gran asignatura suspendida. La despensa se llena en los hipermercados. Siempre hay buenas ofertas. Pero la educación, por el momento, no se comercializa en briks. Por eso en la localidad alavesa de Salvatierra han tirado por la calle de enmedio, que, con algo de suerte, puede ser la más limpia de toda la ciudad y hasta de toda nuestra atribulada comunidad autónoma. Ojalá tengan suerte.

No conviene olvidar, sin embargo, nuestra parte de culpa en esta historia llena de ruido y mierda. La responsabilidad, como la lotería, está muy repartida. En una reciente entrevista, el novelista Eduardo Mendoza recordaba que la vieja izquierda 'tuvo cosas muy buenas, y otras malas. Una de las malas fue su ataque a la educación general, que destruyó muchas opresiones y represiones, pero sin ofrecer una alternativa. El resultado es que pulverizó la educación'.

El error de la izquierda consistió en confundir la autoridad con la represión. El viejo lema sesentayochista de 'prohibido prohibir' llegó a crear escuela (una escuela sin maestros, exámenes ni notas de conducta). ¿Y por qué se toleran tantos actos molestos en nuestras ciudades? Pues porque ciertas motos sin silenciador -viene a decir Mendoza- también votan.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de enero de 2002