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MEDIO AMBIENTE

El lobo recupera territorios de donde había desaparecido desde hace más de medio siglo

Los ganaderos de Guadalajara cifran en más de un millar las ovejas muertas por el cánido

El lobo (Canis lupus) ha vuelto a territorios españoles de donde se había extinguido hacía ya más de medio siglo. El mayor depredador ibérico ha saltado la barrera natural del río Duero y se ha expandido por tierras de Guadalajara, Teruel, Cuenca y Zaragoza. El regreso del lobo no sólo ha dejado un rastro de huellas sobre la nieve, sino tambien un reguero de sangre con cerca de un millar de ovejas muertas sólo en Guadalajara el año pasado. La Junta de Castilla-La Mancha aprobó el mes pasado una orden regional para indemnizar a los ganaderos y evitar que se tomen la justicia por su mano.

El número de lobos en España se desconoce. El biólogo Juan Carlos Blanco, inmerso en el estudio del cánido desde hace un cuarto de siglo, sólo ofrece datos estimativos: 'En España hay ahora más de 2.000 lobos, cuando en 1970 sólo quedaban entre 300 y 500 ejemplares'.

La expansión del lobo comenzó hace ya 30 años en el noroeste peninsular, donde quedaban los últimos reductos de este animal en peligro de extinción. Las provincias de Zamora, León, Palencia y sus limítrofes, así como algunas de la cornisa cantábrica y en Sierra Morena escondían las últimas manadas.

En 1990 esas zonas se saturaron y fue entonces cuando el lobo dio el salto y cruzó la frontera natural del río Duero. Lo hizo a nado, cuando el caudal era bajo, y por puentes o carreteras en las crecidas. Colonizó la orilla sur del río y, gracias a su gran adaptabilidad, se asentó en la llanura castellana.

El hambre le llevó a atacar a potros, a becerros de toros de lidia -en Salamanca ocasionó graves pérdidas económicas a los ganaderos, puesto que cada becerro cuesta un millón de pesetas-, pero sobre todo al ganado ovino, por el cual siente una debilidad especial. La recuperación de ungulados como el jabalí, el gamo, el corzo y el venado, así como la despoblación rural, han sido dos factores clave para la proliferación del cánido, según el biólogo Juan Delibes.

De Salamanca y Valladolid, pasó hace unos cinco años a Segovia, de ahí a Soria y llegó a cruzar la sierra norte de Madrid por Somosierra, donde algunos ejemplares fueron avistados el pasado diciembre. En los últimos dos años se ha detectado en el norte de Guadalajara y en estos meses ha llegado a Cuenca, Teruel, Zaragoza y Huesca. Blanco afirma que el lobo ha vuelto a los Pirineos, incluso a la cara norte del sistema montañoso.

En la provincia de Guadalajara, donde no había constancia del lobo desde 1965, según Blanco, se ha confirmado que viven tres manadas de unos cinco ejemplares cada una. 'Este nuevo asentamiento en el norte de Guadalajara ha surgido por la saturación de la colonia de lobos de Soria y Segovia', añade Blanco, que desarrolla un estudio de la proliferación del cánido en la comunidad castellano-manchega a petición del Gobierno regional.

Cuenca, Teruel y Zaragoza

'Ya se han visto lobos en las serranías de Cuenca, donde se mató un ejemplar en 2000, Teruel y Zaragoza. Son los denominados dispersantes, lobos que viven en las nuevas colonias de Guadalajara pero que son capaces de recorrer decenas de kilómetros en una noche en busca de comida', explica Blanco.

El lobo ha levantado la polémica a su regreso. Sólo en la provincia de Guadalajara, la Junta de Castilla-La Mancha ha registrado cerca de un centenar de ataques al ganado ovino en los dos últimos años. Los ganaderos de la región cifran en más de un millar las ovejas muertas. La Guardia Civil de Guadalajara recibió el año pasado 14 denuncias de ganaderos por los ataques a rebaños.

Una de las últimas correrías del lobo en Guadalajara ocurrió el 27 de noviembre en Castejón de Henares. Lo sufrieron las ovejas de dos hermanos ganaderos, Juan Manuel y Vicente García García, de 42 y 30 años, respectivamente, hijos y nietos de pastores. El rebaño de los García, de 450 cabezas estaba encerrado en el aprisco a la hora del crepúsculo. Los lobos saltaron la verja con un resultado fatal: 54 ovejas muertas, aunque sólo dos murieron a dentelladas, el resto se asfixiaron por aplastamiento, unas contra otras, presas del pánico.

Era el tercer ataque que sufría su rebaño en dos años. El verano pasado un lobo se abalanzó contra las ovejas en pleno monte y degolló a media docena. Otras 38 desaparecieron en su alocada huida. Juan Manuel ha tomado medidas: 'He comprado dos cachorros de mastín y la Junta me ha subvencionado la construcción de una alambrada en el corral de las ovejas', afirmó el viernes.

Algo similar le ocurrió al rebaño de Francisco Esteban Vara, ganadero, como su padre y su abuelo, de 52 años, viudo, con tres hijos. 'El lobo me ha pegado cinco veces en los dos últimos años', se lamenta. Una manada atacó a sus ovejas cuando pastaban el invierno pasado en un pinar de Argecilla (Guadalajara).

Fue una masacre. Ovejas degolladas, ovejas con las patas rotas, ovejas con desgarros por todo el cuerpo... Muchas de las que huyeron de los colmillos del lobo se arrojaron al vacío por un barranco. Otras quedaron dispersas por el monte. 'Entre las que me mató el lobo y las que se me perdieron, me quedé sin más de 200 ovejas de un golpe'.

Los biólogos Delibes y Blanco se muestran partidarios de regular con la caza selectiva la población del lobo. 'Hay que huir de las posturas radicales de ambos lados. Tanto la de los ecologistas -defienden que el lobo sea intocable- como la de los ganaderos, que casi exterminan al lobo de la Península con veneno y cepos', afirma Delibes. 'La solución pasa por permitir su caza controlada, como se hace en cotos del norte, donde se paga hasta un millón de pesetas por cazarle. De esta manera, los ganaderos ven que el lobo no sólo les causa problemas, sino que constituye una fuente de ingresos para el municipio', concluye Delibes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de enero de 2002