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REPORTAJE

Tres gobernadores peronistas se disputan la presidencia

La ley de lemas permitirá al candidato más votado dentro del justicialismo sumar los sufragios de rivales de su propio partido

Una hora después de que el recién asumido presidente provisional, Adolfo Rodríguez Saá, jurara su cargo ante la Asamblea Legislativa y cerrara su discurso inicial con la convocatoria 'a trabajar', tres aspirantes, también peronistas con ambición de sucederle, se anotaban ya en la carrera electoral, iniciada ayer y con llegada a la meta el próximo 3 de marzo: el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota; el de Santa Cruz, Néstor Kichner, y el de Buenos Aires, Carlos Ruckauf.

La aplicación de la ley de lemas permitirá a todos los que se sientan en condiciones a presentarse bajo la sombrilla de las siglas peronistas a unirse en fórmulas de candidatos para presidente y vicepresidente. Según la ley, el aspirante más votado dentro de unas siglas suma para su candidatura los votos de todos los demás que se presentaron bajo el mismo lema.

'Si Rodríguez Saá cumple con la cuarta parte de lo que ha prometido, es Gardel'

Los tres ya inscritos se han comprometido a sostener una disputa leal, sin ataques personales y dentro de los límites partidarios, y coinciden en reconocerse como pertenecientes a lo que Rodríguez Saá, El Adolfo, considera 'la nueva generación' del peronismo, para diferenciarla de la anterior, que representan el ex presidente Carlos Menem, jefe formal de la ejecutiva del Partido Justicialista, y el ex gobernador de Buenos Aires, Eduardo Duhalde, presidente del Congreso, órgano máximo de la dirección del así llamado Movimiento Nacional Justicialista.

Al discurso de campaña del nuevo presidente, que sólo debe permanecer en el cargo por 70 días, pero propone la creación de 'un millón de empleos', le han seguido las promesas de sus competidores.

El gobernador De la Sota dice que está dispuesto a repetir en la Administración del Gobierno nacional la misma política de rebaja de impuestos que aplicó en Córdoba: 'Hasta un 30% menos del impuesto a la renta y del impuesto al valor añadido (IVA)'. El Gallego, como llaman a De la Sota, coincide en la necesidad de suspender los pagos de intereses de la deuda externa, 'porque es asumir lo que es evidente, que en estas condiciones no se puede afrontar. Hay que conversar con los acreedores como en la quiebra de una empresa y las dos partes tienen que aceptar que así no se podía seguir. ¿Cómo iban a pensar ellos, cuando se hizo el megacanje, que Argentina iba a pagar al 1% lo que no había podido pagar al 9% de interés?'. Para De la Sota, 'hay una responsabilidad compartida y, lamentablemente, los inversores también deben aceptar pérdidas. Si se actúa con sensatez, es posible ampliar los plazos de pago, hacer una quita de capital, una rebaja de intereses y permitir que Argentina pueda cumplir con esos nuevos compromisos. Un bono de plazo largo que hoy vale 30 centavos, reemplazado por otro de 50 centavos, por ejemplo, puede ser una oferta razonable, pero todo eso habrá que discutirlo'.

Por su parte, Kichner promete eliminar los beneficios fiscales de los 'planes de competitividad', aplicados por el ex ministro de Economía Domingo Cavallo, que 'no dieron ningún resultado'. Según el gobernador de la patagónica provincia de Santa Cruz, un distrito desolado pero próspero, con reservas de petróleo y gas, 'esos planes le restaron 3.000 millones de dólares (555.000 millones de pesetas) a las rentas generales, perjudicaron a las provincias y no tuvieron en contrapartida una reactivación económica. Hay que recuperar las contribuciones patronales y eliminar las excepciones a las grandes empresas'. Kichner fue aún más allá y se atrevió a realizar la primera crítica formal al discurso de Rodríguez Saá ante el pleno del Congreso: 'En 60 días no se puede resolver la situación, que es gravísima, hay que decirle la verdad a la gente: el país está quebrado'.

Cada candidato hacía su improvisado primer mitin electoral de campaña ante los micrófonos de la prensa, reunida en la Casa Rosada, mientras aguardaban la realización del acto formal de recepción de los atributos presidenciales, la banda y el bastón, que el interino Ramón Puerta, presidente provisional del Senado, debía entregar a Rodríguez Saá en el salón Blanco. Entre todos ellos, que admitían ya abiertamente y sin pudores sus ambiciones de suceder a quien todavía no ejercía el cargo, se destacaba el recato de quien hizo gran parte de su fortuna personal arriesgando la vida por conseguir la llamada primera posición en las salidas: el ex piloto de fórmula 1 Carlos Reuteman, gobernador peronista de la provincia de Santa Fe. En su estilo seco, serio, de pocas palabras, Reuteman se limitó a advertir: 'No es el momento ahora de hablar de eso. Veremos'.

Lejos de allí, en el sur del gran Buenos Aires, antes de iniciar el partido informal de fútbol que juegan cada domingo, los más de 20 integrantes de un grupo de amigos, empleados de banca, profesionales independientes y pequeños empresarios al borde de la ruina, comentaban con 'alguna esperanza' las medidas de gobierno anunciadas por Rodríguez Saá. 'Si cumple con una cuarta parte de todo lo que dijo, es Gardel y no lo sacan más', dijo el tanguero Javier Cantero.

Había dudas, temores, cierto alivio, preguntas sin respuesta. Comentarios sobre lecturas al paso: 'Allá en San Luis hizo mucha obra pública, rutas, aeropuerto, cloacas y viviendas, y crea trabajo. Tiene el menor índice de desocupación del país'. El oso Luis Volonté, arquitecto, se alegra: 'También dicen que es la única provincia con superávit, con guita (dinero) ahorrada en el banco Nación. Habrá que ver. Si hay laburo (trabajo), mejora todo'. Carlos Galiñanes, que está montando una fábrica para construir herrajes de aluminio, no tiene dudas: 'Yo no soy un loco. Esa fábrica va a andar bien, el año que viene va a ser mucho mejor'. Todos alientan y empujan sin palabras. Hay ganas, deseos de salir del pozo. De pronto, el notario Norberto Juan observa: 'Ahora, este tipo [Rodríguez Saá] tiene huevos. No como el otro [De la Rúa], ¿eh?'. La mayoría piensa igual. Ramiro Roibas, funcionario de la Aduana, agrega: 'Al menos parece que está despierto'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de diciembre de 2001