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El mulá que aisló Afganistán

El mulá Mohamed Omar, jefe supremo de los talibanes, que parece haber aceptado ayer la rendición de sus fuerzas en Kandahar, había prometido 'la destrucción en breve de Estados Unidos'.

Con frecuentes recursos a una retórica apocalíptica para amenazar a Occidente, el enigmático mulá Omar, además del carácter implacable de su poder basado en la ley islámica, había concitado sobre él la condena de Estados Unidos por su negativa a entregar al 'huésped de honor' de su régimen: Osama Bin Laden.

Este rechazo a entregar a este 'huésped', con el que le unen lazos familiares, le ha valido el sostén y admiración de los islamistas más radicales, pero al mismo tiempo le ha acarreado el aislamiento internacional de su país, asolado por la guerra y la sequía.

A finales de 1999, cuando el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas imponía sanciones a Afganistán por la negativa a extraditar a Bin Laden, Omar advirtió: 'Sufriréis temblores de tierra y los tornados de Dios, el todopoderoso Alá, y después os sorprenderéis por lo que se os viene encima'. Al mando de una unidad de muyahidin, el mulá Omar perdió un ojo en los combates contra las tropas soviéticas. Educado en las madrazas (escuelas coránicas) de Paquistán, se sumó a la yihad (guerra santa) contra los soviéticos en 1979. Diez años después promovió un movimiento musulmán radical en su región natal del sur.

Su ascensión se remonta a 1994, cuando los talibanes conquistaron Kandahar y fueron recibidos favorablemente por una población hastiada de la guerra civil entre las facciones que destrozaban el país desde 1992. Omar se labró con rapidez una doble reputación como indiscutida autoridad religiosa y temido jefe militar. Sus combatientes talibanes, apoyados por el vecino Pakistán y de forma indirecta por Estados Unidos, se apoderaron de Kabul en 1996 e implantaron un régimen basado en una interpretación extremista del Corán.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de diciembre de 2001