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Pakistán cierra la última Embajada de los talibanes en el mundo

Rusia, Turquía, Irán e India inician relaciones diplomáticas con el nuevo régimen de Kabul

Islamabad / Kabul / Móscú

El último apoyo oficial que les quedaba a los talibanes fuera de Afganistán se acabó ayer cuando el Gobierno de Pakistán ordenó el cierre de la Embajada que los talibanes tenían en Islamabad. Un portavoz del Ministerio de Exteriores paquistaní explicó que a los representantes talibanes se les había concedido 'un tiempo razonable' para que abandonen el país. Sólo Pakistán, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos llegaron a reconocer al régimen talibán.

El portavoz del Ministerio de Exteriores paquistaní, Ahmed Jan, no quiso contestar a si el cierre se debía a las presiones de EE UU, desde cuyo Departamento de Estado se había hecho saber al Gobierno de Islamabad que no veía 'razón alguna' para que la misión diplomática de los talibanes continuara en funcionamiento. Jan añadió que Pakistán no tiene planeado entablar ningún contacto diplomático más con Afganistán hasta que haya comenzado la era postalibán.

La medida adoptada ayer culmina un proceso que comenzó en septiembre, cuando Islamabad ordenó la retirada de todo su personal diplomático de Kabul, entonces controlada por los talibanes. No obstante, el Gobierno del general Pervez Musharraf permitió la permanencia en Pakistán del embajador talibán, quien desde el comienzo de los ataques estadounidenses ha sido objetivo permanente de la prensa.

Mientras, Irán anunció el martes que va a ser el primer país en reabrir su embajada en Afganistán. Tal decisión no sorprende, habida cuenta de su relación con la Alianza del Norte y de los 900 kilómetros de frontera común que comparten. Sin embargo, Turquía se les adelantó al anunciar ese deseo poco después de la toma de Mazar-i-Sharif.

Teherán viene facilitando armas e información a la Alianza desde 1996, desde que la milicia talibán se hizo con el poder en Kabul. El acercamiento aumentó tras el asesinato de 11 diplomáticos iraníes durante una ofensiva de los talibanes contra la Alianza del Norte en Mazar-i-Sharif en 1998.

La rivalidad tenía tanto un componente político como ideológico. La República Islámica es un país de mayoría shií frente al extremismo suní de los talibanes. De hecho, Irán siempre ha acusado a los clérigos rigoristas afganos de dar una mala imagen del islam. Pero las autoridades iraníes albergaban también otras preocupaciones. Dos potencias regionales apoyaban a un régimen hostil en su frontera. El respaldo que tanto Pakistán como Arabia Saudí facilitaban al régimen talibán constituía una preocupación estratégica para Teherán. Además, Irán acoge en su territorio a dos millones de refugiados afganos tras dos décadas de guerra en Afganistán.

Por otra parte, el Gobierno indio anunció el miércoles el envío de una misión diplomática a Kabul para explorar las posibilidades de reabrir en breve plazo su embajada en la capital afgana. 'Básicamente, se trata de una misión que quiere expresar su solidaridad con el pueblo afgano', dijeron portavoces de Exteriores. Dentro del juego de relaciones de poder en la zona, India se ha alineado con la Alianza del Norte.

Rusia ha anunciado también una pronta reapertura de su embajada en Kabul y diplomáticos rusos ya se encuentran en la capital afgana con ese motivo. Después de la ocupación soviética (1979-1989), los rusos siguen interesados en jugar sus bazas en el nuevo Afganistán. Rusia ha apoyado a la Alianza del Norte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de noviembre de 2001