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Reportaje:MOVILIZACIÓN CONTRA LA LEY DE UNIVERSIDADES

Los estudiantes vuelven a las calles

Los universitarios han tomado la calle para exigir al PP que retire la LOU y dialogue con ellos

Más de 200.000 estudiantes de 53 ciudades salieron a la calle el pasado miércoles para mandar un mensaje al Gobierno del PP: 'No a la LOU'. La protesta, considerada la más grande de la democracia, ha conseguido unir a todos los sectores y tiene como objetivo la retirada del proyecto de Ley Orgánica de Universidades y la apertura de un nuevo debate. Según los convocantes, el texto, aprobado con una rapidez sin precedentes en el Congreso, no contó con la opinión de ningún sector de la comunidad universitaria. El Ministerio de Educación acusa a los que toman las calles de no conocer la ley. Ofendidos, los universitarios preparan una protesta aún mayor, y en toda España, para el día 1 de diciembre.

Los estudiantes universitarios están de nuevo en la calle. Ya no tendrán que ser sus padres los que les cuenten las carreras delante de los grises, la adrenalina que produce la convicción de estar viviendo un momento histórico sobre el asfalto. El mérito es de la nueva Ley Orgánica de Universidades (LOU), aprobada por el PP recientemente en el Congreso y que ahora se discute en el Senado. 'El Gobierno ha metido los tanques en la Universidad', dice Jorge García, estudiante de Sociología. Ahí está. Hasta el viejo lenguaje de guerra ha sido desempolvado para responder a lo que consideran 'un ataque en toda regla contra la comunidad universitaria'. Fue el pasado miércoles a mediodía cuando se fraguó la mayor protesta universitaria de la democracia. Más de 200.000 estudiantes salieron a la calle en 53 ciudades para enviar un mensaje muy nítido a la ministra de Educación, Pilar del Castillo: 'No a la LOU. Otra universidad es posible'.

El miércoles había en la calle universitarios de todos los sectores, y ésa fue la primera victoria que resaltan todos y que irónicamente atribuyen a la ministra. Jorge Fabra, del Bloque de Estudiantes de Izquierdas, explica su sorpresa por el entendimiento alcanzado entre todas las sensibilidades políticas presentes en la Universidad española: 'En cinco años nunca había visto nada parecido. Desde los del centro-izquierda hasta los más radicales estamos siendo capaces de reunirnos en una misma sala y llegar a acuerdos. Esto no se conseguía desde las movilizaciones por la democracia'. Se está viviendo en las facultades una actividad inusitada, más propia de otros tiempos, asegura Fabra: 'Estamos trabajando el día entero, desde dar charlas aquí y allí hasta doblar folletos o pegar carteles. Para conseguir parar la LOU, estamos dedicando 24 horas al día y siete días a la semana'.

A modo de síntesis, los estudiantes quieren lo siguiente: 'Una ley de financiación que acompañe a la reforma y la haga efectiva, ya que sin dinero será inaplicable. No hace falta estar muy bien informado para darse cuenta de que en las facultades falta dinero. Es absurdo propugnar la reforma de la Universidad con uno de los presupuestos en educación más bajos de la OCDE', detalla Ignacio Feliz de Vargas, estudiante de Filología Hispánica en Valladolid. También quieren los estudiantes que se definan claramente los sistemas de acceso. Lo explica muy gráficamente José Antonio García: 'No basta con quitar la selectividad. Si cada facultad llega a tener su propia prueba de acceso, vamos a ver autobuses de estudiantes haciendo pruebas de un lado para otro del país'. Hay, además, otro punto que dispara la alarma. 'El PP ya ha privatizado todo (los teléfonos, las líneas aéreas..). Sólo le faltaba la Universidad. Con la LOU, la investigación en la Universidad estará regida por los intereses de las empresas y no por el interés académico', vaticina Jorge García. De todas formas, ninguna de estas reivindicaciones, con ser importantes, hubiera sido suficiente para mover de sus pupitres a los estudiantes. Lo verdaderamente importante es que estas reformas, que reconocen necesarias, sean discutidas entre todos los sectores y no vengan impuestas desde el ministerio. Diálogo. Ésta es su principal exigencia.

Según el análisis que hacen los propios estudiantes, es la tercera vez en los últimos 30 años que la Universidad en pleno se echa a la calle. La primera vez fue con Franco moribundo, para conseguir la democracia. La segunda, a mediados de los ochenta, para lograr una universidad pública a la que tuviera acceso todo el mundo, objetivo que llegó -con sus fallos y sus aciertos- con la aprobación en 1983 de la Ley de Reforma Universitaria (LRU). Y ahora todos -desde la ministra al estudiante más díscolo- están de acuerdo en que ha llegado el momento de disputar el tercer asalto: convertir esa universidad de masas en una de calidad. ¿Cómo? Ésa es la cuestión. Y éste es el punto de vista de los estudiantes.

'La ley nace muerta desde el momento en que no se consulta con nadie, ni con alumnos, ni con profesores ni tampoco con el personal laboral, y mucho menos con los rectores', lo dice Ángel González, estudiante de Políticas en la Universidad de Granada. Ángel, que habla en nombre de las asociaciones andaluzas, pone el dedo en la llaga que más escuece a los alumnos. La ley se empezó a discutir en mayo, justo durante la época de exámenes; se tramitó en el Congreso durante el verano, con los estudiantes de vacaciones, y se sometió a la votación de los diputados recién empezado el curso. Es ahora, con la ley ya en el Senado, cuando la comunidad universitaria, que lleva urdiendo una respuesta contundente desde el verano, ha conseguido abarrotar las calles.

'No hemos querido salir a dar la cara de mala forma. Desde el principio tuvimos claro que nos daban igual los planes del Gobierno. Lo primero era informar a los estudiantes y ponernos todos de acuerdo', explica Jorge García, representante en Junta de Gobierno de la Universidad Complutense de Madrid. García, que además milita en las Juventudes de Izquierda Unida, añade: 'Si la idea es parar la ley, da igual que esté en trámite, aprobada o no'. Si la primera gran movilización estudiantil estuvo marcada por las canciones de Raimon, la de ahora tiene su icono en una careta blanca con la boca tapada. Así expresan los estudiantes su frustración porque el Gobierno del PP no les haya pedido opinión para elaborar una ley fundamental para ellos.

José Antonio García, presidente de la Confederación Estatal de Asociaciones de Estudiantes (Canae). García, alumno de Políticas en la Complutense, deja claro que, una vez que se consiga retirar la LOU, el Gobierno debe abrir 'un debate público entre todos los sectores implicados para hacer la reforma universitaria que de verdad se necesita'. 'Y ese debate', añade José Antonio García, 'no puede liderarlo esta ministra, porque ha insultado a toda la comunidad universitaria y ha conseguido un grado de enfrentamiento insalvable'. En su ya lucha encarnizada contra Pilar del Castillo, los estudiantes ofrecen un dato que, dicen, la retrata: las 800 enmiendas a la Ley Orgánica de Universidades se debatieron entre las once de la mañana de un lunes hasta las cuatro de la madrugada siguiente. Los diputados pararon sólo tres cuartos de hora para comer. Todo quedó solventado al trote, en un sólo día. Todos los grupos parlamentarios, menos el PP y CC, calificaron este calendario de 'insólito'.

Desde la acera del PP se cree que no es para tanto. Desde Manuel Fraga hasta los portavoces de Nuevas Generaciones, pasando por la propia titular de Educación, consideran que los estudiantes están saliendo a la calle más por rebeldía juvenil y ganas de juerga que contra la ley. Garantizan que la gran mayoría no tiene ni idea del contenido de la reforma. 'A las manifestaciones no sólo están yendo universitarios', se queja Pedro Ciriza, estudiante de Derecho en la Complutense y militante de Nuevas Generaciones del PP, 'también está asistiendo mucha gente joven, de 17 o 18 años; a la gente le encanta protestar, salir a la calle y montar el cirio, pero no es así como se arreglan los problemas'. Según Ciriza, 'la gente que protesta está sufriendo una manipulación política, más que a la ley están atacando al Gobierno'.

Es ésa precisamente la acusación de que los universitarios se están manifestando a tontas y a locas, sin saber muy bien por qué, lo que más crispa a los líderes estudiantiles. 'La ministra puede fanfarronear de que no estamos informados porque ése es su mérito; el ministerio ha llevado a cabo una campaña de desinformación desde el principio', contraataca Kamel Karabelli, representante de la Federación de Asociaciones de Estudiantes (FAES). Karabelli, que estudia Informática de Sistemas por la Universidad a Distancia (UNED), añade: 'La táctica de Pilar del Castillo incluye dos fases. Primero, un proceso oscurantista de elaboración. Y, luego, dejar que pase el tiempo'.

Quizás el error del PP, según reflexionan los estudiantes, haya sido pensar que la Universidad seguía dormida, que sólo los rectores alcanzarían a esbozar alguna protesta, que ya quedaron definitivamente superados los tiempos de la revuelta estudiantil. 'Y es verdad que hace un año', admiten María del Mar García y Ángel González, estudiantes de la Universidad de Granada, 'esta movilización hubiera sido impensable. Ha sido muy difícil mover a la gente, sobre todo en Andalucía, donde está especialmente dormida'. Hasta ahora, añaden, se habían manifestado los de siempre. La diferencia con cualquier protesta anterior es que al toque a rebato ha acudido gente que no sabía lo que era una manifestación. 'Hay una gran masa que es muy difícil de mover', dice María del Mar, 'pero ahora existe una nueva mentalidad crítica, ganas de luchar, una nueva conciencia universitaria, y eso, pese a lo que diga la ministra, se ha conseguido gracias a la información; gracias a que los de siempre hemos informado a los demás. La gente sale a la calle porque sabe de qué va la ley'.

No es mentira, sin embargo, que esta protesta tan masiva hubiera sido imposible hace un año.Los movimientos de izquierda que la lideran admiten que las campañas antiglobalización, donde muchos también militan, ha ayudado enormemente a articular una protesta de ámbito nacional. Es lo que ellos llaman con bastante orgullo 'el efecto Génova'. No en vano el lema 'otra universidad es posible' está inspirado en 'otro mundo es posible', frase bandera del movimiento antiglobalización desde que se acuñó a principios de este año en Porto Alegre (Brasil).

En la calle, y más despiertos que nunca, los jóvenes tienen conciencia de estar viviendo un momento histórico, nada más y nada menos que la resurrección del poder de la Universidad. Por tanto, creen que tarde o temprano el presidente Aznar tendrá que hacerles caso. 'Las manifestaciones están siendo impresionantes', dice Tomás de Frutos, estudiante de Ingeniería Química en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, '¿cómo no nos vamos a sentir poderosos? En la calle hay verdadera sensación de que podemos cambiar las cosas. Le estamos robando portadas a la guerra'.

Ésta no es, en cualquier caso, una protesta triste. Los jóvenes se están tomando con bastante chanza lo que consideran 'el único intento de la ministra' por acercarse a ellos. 'Cuando ya habíamos hecho todo el trabajo para recabar información y difundirla por las facultades', recuerda Jorge Fabra, 'nos mandaron desde el Ministerio de Educación un resumen del proyecto de ley explicado con flechitas, dibujitos y cuadritos. Señora ministra, no soy un teletubbie'.

Con información de Xosé Hermida en Santiago de Compostela.

Cara a cara: a favor y en contra

Jorge García, militante de Juventudes de Izquierda Unida, y Pedro Ciriza, miembro de Nuevas Generaciones del Partido Popular, comparten la representación de 110.000 alumnos en la junta de gobierno (máximo órgano de decisión) de la Universidad Complutense de Madrid, la más grande de España. Sus posturas sobre la movilización son radicalmente distintas. Han aceptado la invitación de enfrentar sus ideas. Pedro Ciriza: En mi opinión, esta protesta no se fija en los problemas de los estudiantes, sino que es una protesta ideológica. Tenéis un claro sesgo político y no entráis en los problemas. Además, creo que esta ley soluciona bastantes de esos problemas. Jorge García: Estoy de acuerdo, es una respuesta política. Pero porque la ley no toca ninguno de los problemas y es un ataque político empresarial a la Universidad. No reforma nada, todo el articulado va dirigido a quitar autonomía a la Universidad. Claro que tiene que ser política. En todo caso, aunque el liderazgo sea de la izquierda, hay gente movilizada hasta en el centro-derecha. P. C.: Problemas concretos: el profesorado, que entra por enchufe. Ahora se crea un órgano que mide los méritos del profesorado para acceder a las plazas. Eso es necesario. Respecto a las becas, todos sabemos que año a año hay más plazas vacantes en las universidades. No hace falta ofertar más plazas. También decís que no hay financiación. J. G.: Es que no aparece la palabra financiación en la ley. P. C.: Pero se amplía todos los años el dinero destinado a becas. 56.000 millones el año pasado. Hablad de los problemas de los estudiantes, no de política. Y no os baséis en el encontronazo, haced propuestas concretas. No estáis contra la ley, sino contra el Gobierno en general. J. G.: Primero, nosotros nos movilizamos por lo que nos salga de las narices, sea el Gobierno o la LOU. Nos hubiera gustado que Nuevas Generaciones se hubiera desmarcado de la ministra, es una pena que os utilice para que le paréis las tortas.

Voces de la protesta universitaria

Adriana Segurado, estudiante de Políticas en la Universidad Autónoma de Barcelona. 20 años.Asamblea de Estudiantes de Políticas.
'Hay una frase muy divertida en el preámbulo de la ley: 'Ésta es una ley de la sociedad para la universidad' ¡Pero si nadie nos ha preguntado! Y digo yo que los estudiantes somos parte de la sociedad'.

Helio Cobaleda, estudiante de Físicas en la Universidad Complutense de Madrid. 25 años. Bloque de Estudiantes de Izquierda (BEI).
'Esta ley no resuelve ninguno de los problemas que cualquier estudiante tiene en su facultad: masificación, falta de buenas bibliotecas y subida arbitraria de tasas al son de la situación económica'.

Claudia Neira, estudiante de Periodismo en Santiago de Compostela. 19 años. Independiente.
'El éxito tiene mucho que ver con el modelo de organización, que es muy asambleario, partiendo de la base y dejando a un lado las cuestiones secundarias. Además, pienso que hay más razones que la LOU para salir a la calle'.

Ignacio Feliz de Vargas, estudiante de Filología Hispánica en la U. de Valladolid. 21 años. Alternativa Universitaria.
'Esta ley copia a la universidad europea, pero sólo en lo formal, no en lo fundamental que es la financiación. No podremos dar el salto a la calidad con uno de los presupuestos más bajos de la OCDE'.

Jorge Fabra, estudiante de Económicas en la U. Autónoma de Madrid. 22 años. Bloque de Estudiantes de Izquierdas.
'Un componente clave es despertar la conciencia crítica del alumnado universitario, que se vuelvan a sentir sujetos activos de la universidad, que pueden implicarse en sus facultades, que no son sujetos pasivos'.

Kamel Karabelli, estudiante de Informática de Sistemas en la UNED. 20 años. Federación de Asociaciones de Estudiantes (FAES).
'Esto no es gimnasia revolucionaria. Simplemente hablamos de la LOU de la única forma que se nos ha dejado. Esta no era la forma de discutir sobre un tema tan importante, pero no nos han dado alternativa'.

María del Mar García, estudiante de CC Políticas en la Universidad de Granada. 21 años. Asociación de Estudiantes Andaluces (AEA).
'¿Que no conocemos la ley? Si les pregunto de qué va la ley a todos los diputados del PP que la votaron no sabrían contestar. Decimos no a una una universidad de segunda, no a un modelo de sociedad'.

José Antonio García, estudiante de CC Políticas en la Universidad Complutense de Madrid. 23 años. Confederación Estatal de Asociaciones Estudiantiles (CANAE).
'Uno de los objetivos principales de esta movilización es conseguir informar y concienciar a los estudiantes. Que no sea una cuestión de asociaciones'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de noviembre de 2001

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