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Editorial:

Liderazgo nulo

El ataque terrorista a EE UU del 11 de septiembre ha dejado una sensación de inseguridad en los norteamericanos. En mayor o menor medida, esa sensación se ha extendido a las poblaciones de otros países, sobre todo europeos, objetivos factibles del mismo terrorismo y lugares de residencia o de paso de idéntica clase de terroristas. España entre ellos.

Washington se ha puesto de inmediato a la tarea de neutralizar en lo posible esa impresión de inseguridad y devolver la confianza a sus ciudadanos. Además de dedicarse a la alta política que exigen las circunstancias, principalmente para formar una gran coalición internacional contra el terrorismo, el presidente Bush no desdeña dedicar su tiempo a tranquilizar a la población patrocinando planes concretos para la seguridad aérea, aunque sean muy polémicos en algunos de sus puntos. En la gran crisis desencadenada tras los atentados, Bush ha intentado ejercer un liderazgo imprescindible en una sociedad sometida a un choque brutal. En la medida en que también les ha afectado la crisis, ésa ha sido la tónica seguida por mandatarios de otros países europeos.

Y en España, ¿qué? Más allá de la respuesta de solidaridad total con EE UU, ni el Gobierno ni su presidente han considerado necesario explicar las medidas de seguridad adoptadas. Una crisis global de seguridad como la que se invoca exige de los gobernantes explicaciones concretas para que los ciudadanos recuperen la confianza. La detención y entrega a la justicia de los supuestos miembros de una célula durmiente vinculada a Bin Laden es sin duda un hecho positivo. Pero mientras cae el turismo y las compañías aéreas padecen serias dificultades por el descenso de viajeros, Aznar limita sus escasas comparecencias públicas a reiterar una solidaridad con Estados Unidos que los ciudadanos ya conocen y en buena medida comparten. A veces incluso parece enfadarse cuando se le pregunta al respecto. Ni dentro ni fuera del Parlamento ha tenido una intervención interpretativa de ese cambio de ambiente que se está experimentando en todo el mundo. ¿Tiene algún plan este Gobierno para que los ciudadanos recuperen al menos parte de la confianza perdida?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de septiembre de 2001