Sanidad autoriza una nueva terapia en dos casos de Creutzfeldt-Jakob

Los ensayos se unen a los anunciados en EE UU y Francia

El Ministerio de Sanidad ha autorizado sendos tratamientos compasivos para dos enfermos de Creutzfeldt-Jakob. En el ensayo se van a utilizar dos fármacos (quinacrina y clorpromacina) cuya eficacia para combatir los priones que causan la enfermedad en cultivos celulares ha sido demostrada por el equipo de la Universidad de California en San Francisco del premio Nobel de Medicina Stanley Prusiner. Los mismos productos se van a probar este otoño en ensayos clínicos en Francia y EE UU.

En España se diagnostican cada año unos 40 casos de las distintas formas de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, un mal degenerativo mortal que no tiene cura. La denominada nueva variante es la equivalente humana del mal de las vacas locas, que no ha sido diagnosticada en ningún español.

Los esperanzadores experimentos de Prusiner se realizaron con células de ratón, pero uno de los científicos que participó en el trabajo reconoció que habían facilitado los fármacos de forma compasiva a dos enfermos, una joven británica de 20 años que mejoró 'espectacularmente', y un hombre de más edad que no evolucionó favorablemente.

Uno de los enfermos para los que el Ministerio de Sanidad ha autorizado la nueva terapia es Francisco Javier Monge, un joven de 29 años cuya familia cree que pudo contagiarse por comer carne de vacas locas durante su estancia en Reino Unido, aunque el diagnóstico oficial es de otra de las variantes de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob. Sanidad no ha facilitado los datos del otro afectado 'para no romper la confidencialidad'.

Tras conocer los experimentos de Prusiner el 13 de agosto, la familia de Monge se puso en contacto con el científico. Después de recibir indicaciones de los médicos de la universidad californiana, los médicos españoles del hospital 12 de Octubre de Madrid aceptaron probar la terapia.

El neurólogo Jesús Esteban y el padre de Monge firmaron el consentimiento informado para el nuevo tratamiento el 31 de agosto. En este documento el padre reconoce que es 'consciente de que esta medicación aún no está autorizada para este uso, y de que puede tener algún efecto adverso no descrito anteriormente'.

El jefe de Neurología del 12 de Octubre, Félix Bermejo, comentó ayer que el procedimiento para autorizar un tratamiento compasivo 'suele llevar de tres a seis meses', pero que en este caso, y atendiendo a su gravedad, 'se ha hecho rapidísimo' (en menos de 15 días).

Bermejo confirmó que esperaba que 'no tardara mucho' en llegar la autorización del ministerio. Una vez se reciba el permiso de Sanidad, el servicio de Farmacia tendrá que conseguir los medicamentos. Este proceso tardará '15 días como mucho', según el neurólogo. Entonces, el médico podrá comenzar el tratamiento. 'Habrá que ingresar al paciente', para poder hacer un seguimiento 'como es debido', afirmó Bermejo.

La falta de garantías no es un obstáculo para la familia de Javier Monge. 'Mi hijo se está muriendo. Tiene fuertes convulsiones y estoy desesperada', manifestó su madre, Rosa Sanz, en una denuncia que presentó ayer ante un juzgado de guardia de la plaza de Castilla de Madrid. 'Se trataba de un intento para acelerar que se empiece el tratamiento', aclaró ayer la abogada Mercedes Albi, asesora legal a la familia. 'Pero si todo va tan deprisa [como dice Bermejo], mañana mismo retiraremos la denuncia', afirmó.

Calma y prudencia

La gravedad de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob justifica que tanto la Universidad de California en San Francisco como los ministerios de Sanidad de Francia y España se hayan saltado parte del procedimiento a la hora de suministrar los fármacos de una posible cura. Por una vez, los médicos no han esperado a ver publicados en revistas científicas de prestigio los resultados de los ensayos para comenzar las terapias. Les ha bastado con saber que la quinacrina y la clorpromacina eliminaban los priones de cultivos de células de ratones. Por eso, todos los implicados proclaman su prudencia e insisten en pedir calma a unas familias desesperadas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 13 de septiembre de 2001.

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