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Violencia en Génova

La cumbre del G-8, que ha tenido lugar en Génova, se ha cerrado con el saldo de un muerto, más de 300 heridos y más de 8.500 millones de pesetas en daños materiales. Todo esto en apenas tres días. Los dirigentes del movimiento antiglobalización deberían recapacitar profundamente. Si realmente es sólo un pequeño grupo de personas el responsable de toda la violencia desplegada este pasado fin de semana en Génova, los máximos responsables de este movimiento deberían ya, a estas alturas, conocerlos y expulsarlos. Oportunidades de saber quiénes son ya las han tenido: Praga, Goteborg, Barcelona han sufrido ya, con anterioridad, las consecuencias de estos pequeños grupúsculos no ya antiglobalización, sino antitodo. Claro que, posiblemente, el principal problema del movimiento anti-globalización es, precisamente, la falta de dirigentes, de líderes que sepan aunar los esfuerzos de los distintos colectivos que lo constituyen. En los últimos días ha aparecido en la prensa que algunos 'dirigentes' de este movimiento, como José Bové o Hebé de Bonafini, estaban presentes en Génova. El primero de ellos es conocido, entre otras cosas, por haber desmantelado un establecimiento de comida rápida. La segunda se hizo tristemente famosa por sus todavía recientes y alucinantes declaraciones pro-Herri Batasuna. Si éstos son algunos de los líderes que propone el movimiento antiglobalización, no creo que logren en modo alguno aunar los sentimientos de la mayoría de la sociedad. La violencia es siempre injustificable.

Vivimos en un mundo imperfecto y en nuestra sociedad existen, sin ningún género de dudas, situaciones injustas. Pero vivimos en una sociedad democrática, en la que las ideas se defienden con la palabra y pueden ser canalizadas a través de los diferentes partidos políticos existentes. Los dirigentes reunidos en Génova entre el 20 y el 22 de julio son los representantes elegidos libre y mayoritariamente por los ciudadanos de sus respectivos países, les agrade o no a los colectivos antiglobalización. Quizá una solución para este movimiento sea intentar cambiar el sistema desde dentro, con la creación de un partido político que canalizara sus principales objetivos. De esta manera dispondrían de un medio legítimo para cambiar la sociedad y, además, conocerían con toda seguridad qué porcentaje de la población respalda sus postulados.- José Cristóbal Buñuel Álvarez.

Ante los hechos ocurridos este fin de semana en Génova, durante la cumbre del G8, quiero mostrar nuestra indignación y repulsa por el asesinato del manifestante Carlo Giuliani por parte de la policía italiana, así como por los cientos de heridos, muchos de ellos graves, provocados por las brutales cargas policiales.

Estos días en Génova se ha vivido un clima de excepción, marcado por la suspensión arbitraria de derechos fundamentales, como el de libre circulación, manifestación, derecho a informar, medidas excepcionales sobre retención por la policía de detenidos sin pasar a disposición judicial, creando un clima de terror que parecía más propio de una dictadura que de un Estado democrático.

Esta situación culminó, la noche del sábado 21 de julio, con el asalto policial al centro de prensa del Foro Social de Génova, realizado sin orden judicial y provocando más de 60 heridos, algunos muy graves, y 50 detenidos, en el que la policía lo destrozó todo, llevándose ordenadores, vídeos y material gráfico que comprometía la acción policial. Ningún responsable del Gobierno italiano ha dado aún explicaciones de esta actuación.

Condenamos la creciente y generalizada criminalización que hacen constantemente los órganos oficiales y los medios de comunicación a su servicio de los movimientos cívicos que nos oponemos a la globalización neoliberal y sus consecuencias, ofreciendo una información sesgada e incompleta de la realidad.

Denunciamos la complicidad del Gobierno español con estos hechos, continuación de los que se vivieron en el Foro contra el Banco Mundial en Barcelona.

Exigimos, por tanto, esclarecimiento urgente de estos hechos y la apertura de una investigación internacional independiente, que depure las responsabilidades a que hubiera lugar.

Asimismo exigimos el respeto a los derechos de los detenidos que están siendo maltratados y su inmediata puesta en libertad.

En ATTAC rechazamos la violencia y propugnamos el uso de métodos pacíficos para dar cauce a nuestras reivindicaciones y acciones de contestación, pero en ese sentido rechazamos la violencia mayor generada por el poder, que para defender sus privilegios no retrocede ante nada, hasta el extremo de no respetar el derecho a la vida.

Las necesidades actuales de la humanidad exigen nuevos cauces democráticos a escala mundial que hagan posible la democracia global. Un camino de participación de los ciudadanos de todos los países sin exclusiones. Un camino bien diferente al del G-8 y la OMC, que oriente la solución de los problemas desde la solidaridad y el respeto a la naturaleza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 24 de julio de 2001.

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