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Tribuna:50º ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE UN RENOVADOR DE LA NOVELA

Hermann Broch, infravalorado

El autor reivindica la figura de Hermann Broch (1886-1951) como integrante del grupo de creadores que llevaron a cabo, en los comienzos del siglo XX, una renovación radical de la novela.

Hermann Broch, de cuya muerte se cumplen hoy 50 años, es un escritor poco conocido y poco valorado. Sin embargo, su obra tiene méritos suficientes para reconocerlo como integrante de ese grupo de creadores (del que forman parte, por ejemplo, Franz Kafka y James Joyce) que llevaron a cabo, en los primeros años del siglo XX, una renovación radical de la novela.

Nació en Viena el 1 de noviembre de 1886. Su dedicación plena a la literatura no se produjo hasta 1928, tras abandonar la que había sido su profesión hasta entonces: director de las fábricas textiles de su familia. En 1938, tras la ocupación de Austria por las tropas hitlerianas, fue encarcelado por la Gestapo, en la cárcel de Alt-Ausse. La detención duró únicamente cinco semanas, gracias a las gestiones hechas por algunos amigos suyos (James Joyce, Stephen Hudson y Edwin Muir). Después de recuperar la libertad, emigró a Inglaterra, y poco después a Estados Unidos, donde residió desde entonces. En su país de exilio obtuvo varias ayudas para poder continuar con su labor literaria (por ejemplo, del Trust Oberlaender de Filadelfia y de la John Simon Guggenheim Memorial Foundation). Murió en New Haven, Connecticut, el 30 de mayo de 1951.

Su primera gran obra es la trilogía titulada Los sonámbulos, publicada entre 1931 y 1932. Cada uno de los tres volúmenes que la forman está centrado en un personaje y situado en una época concreta de su país. La primera parte se titula Pasenow o el romanticismo; la segunda, Esch o la anarquía, y la tercera, Huguenau o la objetividad. En conjunto, la trilogía refleja las transformaciones habidas en el paso del siglo XIX al siglo XX: la decadencia de los valores tradicionales de la moral y la cultura en los que se había basado la sociedad decimonónica. Dichas transformaciones, o evolución, están reflejadas, individualmente en cada parte de la trilogía, a través de la historia personal de tres personajes centrales: Pasenow, el romántico que se refugia en la nostalgia; Esch, el anarquista que se proyecta en la rebelión, y Huguenau, realista y oportunista, que representa el triunfo de los nuevos valores sociales.

Formalmente, las dos primeras novelas tienen estructuras narrativas tradicionales. La tercera, por su parte, conjuga partes en verso y ensayísticas con una narración estructurada en distintos planos, que constituye una primera muestra de lo que él denominaba novela polihistórica o polimática.

Su obra principal, La muerte de Virgilio, fue publicada en 1945. Narrada en tercera persona y con escasos episodios exteriores, la novela es, esencialmente, un largo monólogo del poeta moribundo, que abarca sus últimas horas de vida, en las que cae en un estado a medio camino entre la consciencia y la inconsciencia. Virgilio llega a Brindisi después de un viaje a Grecia. Ha realizado la travesía a bordo de una escuadra imperial. Es recibido por la multitud con gran júbilo y llevado al palacio del emperador Octaviano Augusto. Al día siguiente, recibe la visita de dos amigos suyos, Plocio Tucca y Lucio Vario, con los que conversa sobre varios temas, sobre todo de arte y de literatura, y a los que manifiesta su intención de quemar el manuscrito de su obra Eneida, ya que considera que tiene el atributo de la belleza, pero carece de lo fundamental: el conocimiento, la verdad ('La Eneida es indigna, sin verdad, nada más que bella', declara Virgilio en cierto momento. Y más adelante: '¡Es terriblemente incompleta! ¡Tengo que destruir lo que carece de conocimiento!'). Después de una visita del médico de la corte, llega Octaviano Augusto. Éste logra convencer al poeta para que salve la obra, y Virgilio se la regala como un gesto de amor al emperador. Después, Virgilio muere. Más allá de la trama, lo esencial de la novela son las reflexiones internas de Virgilio, en las que se funden presente y pasado, sueño y vigilia, lo tangible y la alucinación. El poeta analiza minuciosamente su entorno físico y mental, planteándose cuestiones como la posibilidad del conocimiento y las funciones de la poesía y el arte en la sociedad.

La muerte de Virgilio es un largo poema en prosa, barroco, delirante como el propio Virgilio antes de morir, escrito como una investigación profunda de las posibilidades del lenguaje y como un desafío a las normas de la narrativa tradicional. Hermann Broch realiza en esta novela una combinación maestra de lírica, reflexión filosófica y análisis psicológico, cuyo resultado es una de las obras imprescindibles de la narrativa del siglo XX.

En 1950 publicó Los inocentes, formada por la combinación de algunas de sus primeras narraciones breves con otras posteriores, creando una novela que él mismo denominó 'novela en once relatos'. En ella se entrelazan las historias de varios personajes: por ejemplo, Hildegard, baronesa fría, calculadora y sin escrúpulos; Andreas, joven burgués, rico gracias al negocio de los diamantes y amante de la vida fácil, que ha renunciado a su responsabilidad moral en la sociedad, y Zacarías, profesor de matemáticas mediocre, sin criterio propio, y, por tanto, capaz de afiliarse al nacionalsocialismo sólo porque es una ideología en alza, cuando antes era socialdemócrata. Ambientada en una pequeña ciudad de la Alemania prehitleriana, la novela ofrece una visión de la situación social existente en el periodo histórico durante el que la narración se desarrolla, y constituye un alegato contra quienes abrieron el camino al nacionalsocialismo y contra quienes se comportaron de forma indiferente con la barbarie que éste trajo consigo.

Las novelas citadas (las principales entre las que escribió) tienen dos características comunes: la utilización de una gran variedad de recursos técnicos y el enfoque metafísico de la realidad (la experiencia vital tiene una dimensión metafísica esencial, y en ella hay un acercamiento a la realidad desde lo mental).

Además de novelista, Hermann Broch fue también ensayista (por ejemplo, Poesía e investigación, publicado póstumamente, en 1955), autor teatral (por ejemplo, Los negocios del barón Laborde, de 1934), de relatos cortos (por ejemplo, Zarpar con brisa ligera, de 1933) y de un volumen de poemas (Cantos, de 1913, cuando aún escribía sólo de forma esporádica). Fue un hombre culto, un intelectual con una personalidad orientada al conocimiento en profundidad del mundo, y un gran escritor, que merecería ser reconocido como uno de los principales creadores de la novela moderna.

Roberto Ruiz de Huydobro es escritor

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 30 de mayo de 2001