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Crónica:35ª jornada de Liga | FÚTBOL

El Deportivo prolonga la intriga

Tres goles de Tristán hunden al Oviedo y alimentan la esperanza del equipo coruñés

Agarrado a la precisión de un maravilloso Diego Tristán, el Deportivo cortó su mala racha fuera de casa y evitó que la Liga se despidiese ayer con un portazo. No fue un triunfo fácil para el grupo de Irureta, que cayó en la trampa de sentirse ganador antes de tiempo y acabó padeciendo un suplicio ante un Oviedo que se jugaba la vida. La imagen final del choque hasta contó con su apunte épico, cuando Donato tuvo que ponerse bajo los palos tras la expulsión de Molina. Así y todo, el Depor supo resistir y prolongó la incertidumbre sobre el desenlace del campeonato.

Qué equipo tan desconcertante es el Deportivo. Tiene días de una grandeza insuperable y otros en los que se empequeñece por voluntad propia. Es capaz de las mayores heroicidades y también de darse a la más exasperante indolencia.Para confirmar su apego a las máscaras y a los rostros engañosos, el Deportivo ha vuelto a aparecer en la Liga cuando menos se esperaba, cuando ya todo el mundo consideraba una quimera la simple posibilidad de acercarse al primer puesto. En las cinco últimas jornadas sólo había logrado un punto fuera de casa y ayer fue a resucitar en un estadio que se da muy mal a los visitantes. Otras paradojas: al Depor lo llevó a la victoria el más voluble de sus futbolistas y el que mejor encarna la doble vida del equipo. Diego Tristán, quien hasta ayer nunca había marcado fuera de casa, se fue del Tartiere con tres goles.

OVIEDO 2| DEPORTIVO 3

Oviedo: Esteban; Gaspar (Rubén, m. 90), Danjou (Pablo Suárez m. 50), Boris, Rabarivony; Onopko; Paunovic, Jaime (Geni, m. 68), Tomic, Iván Ania; y Oli. Deportivo: Molina; M. Pablo, César, Donato, Romero; Mauro Silva (Emerson m. 60), Valerón (Helder m. 79), Fran; Víctor;Makaay y Diego Tristán (Scaloni m. 73). Goles: 0-1. M. 16. Córner que cabecea Diego Tristán en el primer palo. 0-2. M. 21. Pelotazo de Donato hacia Diego Tristán, que avanza hasta el vértice del área y cruza el balón. 1-2. M. 54. Centro de Paunovic que cabecea a gol Jaime. 1-3. M. 58. Error de Pablo Suárez, que entrega a Tristán, éste avanza hasta el borde del área, donde conecta un gran disparo que entra pegado al palo. 2-3. M. 71. Falta sobre el área del Deportivo, que cabecea Oli hacia el centro, donde remacha Paunovic. Árbitro: Fernández Marín. Expulsó a Molina (m. 83) por doble amonestación y mostró tarjetas amarillas a Oli, César, Mauro Silva, Scaloni y Makaay. Unos 28.000 espectadores en el Tartiere.

El partido tuvo más goles que fútbol, y el nombre de Tristán quedó inscrito por todas partes. El delantero pertenece a esa clase de tipos invisibles, que están cuando no parecen estar, que se desplazan con sigilo a la espera del momento propicio para iluminarse de súbito y deslumbrar al contrario. Tristán apareció en el Tartiere en los momentos en que su equipo más lo necesitaba y cabalgando sobre sus goles, el Deportivo se llevó la victoria sin necesidad de mucho fútbol. Además, no fueron unos goles cualquiera. Todos tuvieron un toque de distinción: el modo de anticiparse para cabecear en el primero, el balón cruzado ante la salida de Esteban en el segundo y el imponente trallazo pegado al palo en el tercero. El análisis de la temporada de Tristán volvería loco al más fino de los psicólogos. Su pereza y su vedettismo le han granjeado la hostilidad del público y la severidad del entrenador. Pero los estallidos de su enorme calidad han dejado para el recuerdo unos cuantos goles maravillosos.

Hasta que Tristán apareció por vez primera, rebasado el cuarto de hora, casi nada digno de mención había ocurrido en el Tartiere. Irureta sacó un equipo más pelotero que nunca y con la originalidad táctica de trasladar a Víctor de la derecha hacia al centro para situarse de media punta y de paso tapar a Onopko. El Depor consiguió su objetivo de entorpecer la salida del balón en el Oviedo, al que se vio desde un principio tenso y agobiado por las penosas circunstancias que le afligen. El Depor jugó con soltura, pero no apretó demasiado. Tampoco lo necesitó porque allí estaba Tristán, quien a los veinte minutos había puesto dos goles en el marcador y encrespado los nervios de la afición del Oviedo, empapada de fatalismo por la situación de su equipo.

La facilidad con que el Depor arruinó la tarde al Oviedo se volvió, sin embargo, contra el equipo de Irureta, que cambió de disfraz a mitad de función. Los blanquiazules dieron el partido por ganado con más de una hora por delante, recogieron los bártulos y se repantigaron en su área. Creyeron que así iban a vivir más cómodos y lo que lograron fue abocarse al sufrimiento. El Oviedo tiró de Paunovic y de la determinación propia de quien lucha por salvar la vida. Entonces se vio que el partido no estaba tan acabado como pretendía el conjunto de Irureta. Pero el Oviedo fue víctima de sus aprensiones. La ansiedad le embotó la mente y estropeó sus buenos propósitos. Le faltó la frialdad necesaria para culminar sus ocasiones y, cuando había logrado acortar distancias, dio otra concesión imperdonable a Tristán. Ni así cejó el Oviedo, que volvió a cazar otro gol en un cabezazo y soñó de nuevo con torcer su destino. La esperanza renació en el Tartiere cuando, a falta de cinco minutos, Molina fue expulsado y, con los tres cambios ya hechos, Donato tuvo que hacer su enésimo sacrificio y ponerse bajo la portería. Una situación extrema que paradójicamente no vino tan mal al Deportivo. Obligado a alejar el balón de su área, el cuadro de Irureta llevó el choque unos metros más arriba, dejó al Oviedo a las puertas del infierno y retrasó el desenlace de la Liga.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de mayo de 2001