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REPORTAJE

Las claves del escándalo en las misiones

Las denuncias ante el Vaticano exponen los fraudes y la azarosa vida sentimental del nuncio Kada

La carta dirigida a los misioneros por el sacerdote José Luis Irízar, ex director de las Obras Misionales Pontificias, en la que denuncia la complicidad de Lajos Kada, hasta el año pasado nuncio del Papa en España, en una estafa de venta de grabados para financiar un falso homenaje al Pontífice, no es más que la punta del iceberg de un cúmulo de irregularidades contables en el seno de esta organización, fundada en 1852, que recauda a través del Domund miles de millones para atender a los 30.000 misioneros, y que la Iglesia ha intentado ocultar. EL PAÍS ha tenido acceso a los recursos y denuncias presentados por Irízar ante los tribunales de Roma, en los que se vierten graves acusaciones contra el ex nuncio.

El 21 de enero de 1999, un delegado de José Luis Irízar y Artiach, un vasco de 68 años director nacional de las Obras Misionales Pontificias (OMP) de España, la organización que atiende las necesidades de 30.000 misioneros, atravesó la sede de la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos, un viejo palacio situado junto a la embajada de España ante el Vaticano.

El mensajero portaba un documento explosivo: el recurso que interponía Irízar ante ese organismo y luego ante el tribunal de la Signatura Apóstolica. En 30 páginas, el cura bilbaíno, antiguo misionero en Bolivia, denunciaba graves irregularidades económicas en las obras misionales pontificias, que él mismo dirigía, y desvelaba una estafa consistente en la venta de 12 grabados para recaudar fondos que irían destinados a un falso homenaje al papa Juan Pablo II. En el fraude implicaba al húngaro Lajos Kada, el todopoderoso nuncio de su santidad en España.

El promotor del del falso homenaje papal desoyó a Roma y siguió vendiendo los grabados

Irízar sugería que María del Bosque, de 54 años, la protagonista de la sospechosa venta, mantenía una estrecha relación con Kada y aseguraba que éste tenía una hija natural en Costa Rica fruto de su relación con otra mujer. Además, el cura vasco, perteneciente a una de las familias más ricas de Bilbao, exigía que le restituyeran las riendas de la gestión económica de las obras misionales, para las que había recaudado más de 20.000 millones de pesetas desde que fue nombrado director en 1995, y que le habían recortado tras su enfrentamiento con el administrador José María Castro que previamente le había denunciado ante el nuncio.

Tras dos horas de conversación con el arzobispo Slecker, secretario del Dicasterio, éste recogió el escrito y firmó su recepción. No sin antes advertir que la actitud de Irízar era una 'locura' y que acudir al tribunal de la curia romana derivaría en un escándalo que trascendería a la opinión pública.

Cuando el enviado de Irízar descendía por las escaleras del antiguo palacio, el arzobispo canadiense volvió a reclamar su atención: 'Por favor, no se vaya. Por la tarde quiere verle un español, monseñor López Quintana'. En un elegante despacho del Vaticano, el influyente gallego, asesor del Sustituto de Estado, el hoy cardenal Re, que cada día despacha con el pontífice, y el mensajero se vieron las caras al atardecer en una 'larga y tensa' conversación. Según el enviado, la directriz de Quintana fue clara: 'Hay que disuadir a José Luis Irízar'.

Pero frenar a Irízar, un vasco de cáracter fuerte y contestatario, que estudió derecho en Deusto (Bilbao), donó su herencia millonaria a la Iglesia, guardó en un cajón sus títulos nobiliarios (ducado de Misnia, marquesado de Valparaíso, de Acillona y Ourañona), se recluyó en el seminario de Vitoria, donde se licenció en filosofía, vistió el hábito a los 23 años y se marchó a la diócesis minera de Oruro (Bolivia), no era tarea fácil.

El único que podía conseguirlo era el cardenal Darío Castrillón, prefecto de la Sagrada Congregación del Clero, es decir, el ministro de los sacerdotes. El 17 de febrero, cuando el recurso de Irízar había recibido el silencio por respuesta, el cardenal, que tenía una gran ascendencia sobre el cura vasco, acudió a Madrid, durmió en la sede de la OMP y le redactó de su puño y letra la carta en la que renunciaba al recurso ante el Tribunal de la Signatura. Había que evitar el escándalo a toda costa. El fraude de los grabados podía salpicar al nuncio Lajos Kada, un hombre con gran reputación ante la iglesia húngara, y representante del Papa en España.

Castrillón consiguió también que el cura renunciara a la querella que había presentado dos meses antes, el 18 de diciembre de 1998, en los juzgados de Madrid, contra María del Bosque, José María Castro, ex gerente de la OMP, y Manuel Capa, promotor de la venta de los grabados Homenaje al XV aniversario del pontificado de Juan Pablo II, que la primera ofrecía a obispos y creyentes a un millón y medio de pesetas. Un timo en toda regla, según reconoce Gabino Díaz Merchán, obispo de Oviedo y ex presidente de la Conferencia Episcopal.

La querella de Irízar, redactada por un catedrático de derecho canónico, les acusaba de estafa, apropiación indebida y administración fraudulenta de la OMP. En la misma se relataba con documentos el apoyo del nuncio Kada a este vidrioso negocio.

Como la carta que el 17 de septiembre de 1997 dirigió el nuncio Kada a los obispos españoles para presentar a la atractiva señora que desde las oficinas de la OMP en Madrid dirigía la sospechosa venta de grabados: 'Excelencia. Con la presente me permito presentarle a la señora doña María Bosque, quien colabora en la preparación del homenaje al Santo Padre que se celebrará en el Vaticano... Ella trata de recaudar fondos para dicho homenaje vendiendo la colección preparada para el 15º aniversario del Pontificado de su santidad Juan Pablo II. Dicha colección consta de 12 grabados con las obras maestras de los mejores pintores contemporáneos. Conozco a doña María y creo que merece que se le ayude en su trabajo, por lo cual agradecería a VE que le prestase su apoyo para el éxito de la empresa que se propone'.

Antonio Montero, arzobispo de Mérida-Badajoz, fue uno de los receptores de dicha carta y ofreció a María, 'directora comercial' de la colección, según su tarjeta de presentación, una reunión con Mari Murillo, 'animadora de un pequeño grupo' de personas cercanas a la Iglesia que tienen en su ámbito de relaciones a otras del mundo artístico y financiero. No obstante, el obispo advertía que tanto su feligresa como él creían que 'en esta región existen muy pocas personas con capacidad para adquirir obsequios a tal precio, aunque suponga una buena inversión'.

O la misiva de la propia María del Bosque, dirigida el 8 de enero de 1998 al obispo de Logroño Ramón Bua, en la que cita como introductor al nuncio Kada y describe los grabados 'cuyo número uno la tiene el santo padre en sus aposentos'. 'Una auténtica obra de arte, editada en la imprenta vaticana y presentada en una cartera de ante de diseño Loewe. Está valorada en al menos tres millones, pero su precio es de un millón y medio'.

Del Bosque, que dirigía el negocio desde un despacho en la OMP regentada por Irízar y remitía los grabados a cargo de ésta, aseguraba en sus cartas a los obispos, instituciones religiosas, bancos, cajas, y gobiernos autónomos, que con el dinero recaudado se celebraría una amplía exposición de pintura y escultura moderna y contemporánea en uno de los museos vaticanos, 'que inaugurará el santo padre, el cual tiene un gran interés e ilusión en este proyecto que con tanto acierto, cariño y dedicación se está preparando'.

La colaboradora del nuncio incluía en sus cartas de presentación los nombres de los autores de la colección (Monir Islam, Eduardo Chillida, Joaquín Vaquero, Antonio Lorenzo, Pedro Maruna, Denis Long, Michel Conde, Elisa Ruiz, Eduardo Naranjo, Rafael Canogar, Joaquín Capa y Guayasamin) y destacaba que los 12 grabados estaban autentificados por Antonio Vianello, notario del Vaticano. Pero antes de que se iniciaran las diligencias penales contra los presuntos autores de la estafa, la renuncia de Irízar abortó la investigación judicial.

Al mismo tiempo, finales de 1998, monseñor Re había ordenado desde Roma al nuncio Kada que se retirara la colección de grabados o se suprimiera las referencias pontificias, una advertencia que ya se había dado a Capa, el promotor, un año antes sin que la atendiera ni la comunicara porque no había amortizado su inversión.

¿Por qué renunció el sacerdote bilbaíno a sus denuncias? En un escrito de 53 páginas que Irízar ha remitido a Juan Pablo II le explica que dio ese paso cuando el cardenal Castrillón le garantizó que se anularía la revocación de poderes y acabaría la supervisión económica del cardenal Arzobispo de Madrid Antonio María Rouco.

Ante las críticas de los denunciados a Irízar, se había nombrado un nuevo consejo de administración y, a través de monseñor César Franco, obispo auxiliar de Madrid, se comenzó a intervenir con medidas tales como que todos los cheques emitidos por la OMP debían de llevar su conformidad. 'Medidas llenas de desconfianza que siguieron atentando contra mi honor y mi fama', señala el sacerdote. Pero para que acabara esta intromisión en los poderes recortados a Irízar, la condición era que retirara el recurso presentado en Roma y renunciara a la denuncia penal.

El ex misionero vasco obedeció, pero dio fe pública ante un notario de las 'presiones y coacciones' a las que le sometían sus superiores y de la 'falta de libertad interna' con la que estaba actuando. Según Irízar, hasta que no se recibió su renuncia en el tribunal de la curia romana, se retrasó su toma de posesión como canónigo de la Almudena (Madrid), cargo que compatibilizaba con el de director de las Obras Misionales Pontificias.

El 30 de noviembre de 1998, poco antes de que le recortaran sus poderes, Irízar había despedido a Castro, gerente de la OMP y uno de los denunciados, 'que se negaba a rendir cuentas y a que se hiciera una auditora en las obras misionales pontificias' que manejan más de 3.000 millones al año. Según las denuncias del director de la OMP, Castro tenía los depósitos de la sociedad en el Banco de Castilla a la mitad de interés del mercado, pagaba sin facturas ni IVA, se asignaba gratificaciones y utilizaba una Visa Oro con un límite mensual de 800.000 pesetas. En su opinión, esta gestión causó un lucro cesante de 95 a 140 millones. Castro lo niega y recuerda que él denunció primero a Irízar por las disposiciones que hacía para supuestos pagos extraordinarios.

El despido de Castro, que, junto a su esposa, salía a cenar y al teatro con el nuncio Kada y María del Bosque, fue apoyado por el consejo de delegados diocesanos de las OMP y no se le pagó ni un céntimo 'por el daño económico' que había causado a la institución. Pero a Irízar le enmendaron la plana sus superiores, y monseñor Franco reconoció el despido como improcedente, abonó al ex gerente una indemnización de 21 millones y alabó sus servicios.

El pasado mes de marzo, el cardenal Rouco concluyó su intervención en la gestión económica de las OMP que todavía dirigía Irízar y señaló que la comisión nombrada sólo pretendía 'ayudar' al vasco en su trabajo. A partir de entonces, Irízar debía remitir un informe mensual a Roma apoyado por una comisión.

El ex misionero comprobó entonces que las promesas del cardenal Castrillón no se cumplían y decidió continuar con su batalla legal ante el tribunal eclesiástico romano. En su escrito, pide al Papa que su anterior renuncia sea declarada nula. Y recuerda que a partir de entonces se propició desde la jerarquía que planeara sobre él 'una más que sospechosa conducta de ilegítimo uso y lucro'. Irízar tilda de 'maquinatorias, imprudentes y omisivas' la conducta de sus superiores.

Y entre los argumentos que utiliza para describir su situación, incide en el interés de la jerarquía por esconder la estafa de los grabados, la implicación del nuncio y sus estrechas relaciones con María del Bosque. El ex misionero relata al Papa la visita en junio de 1999 de su abogado, un catedrático de derecho canónico, al cardenal Rouco en la que éste le manifestó 'que la vida privada del nuncio no era cosa relevante'. 'La vida privada del nuncio sí que es relevante y, por ello, había interés en ocultarlo', señala el cura vasco, que confiesa a Juan Pablo II su tristeza y 'cierto desencanto sacerdotal' por esta experiencia. 'Besa su anillo de pescador su devotísimo hijo, que pide gracia, justicia y paternal bendición', concluye el extenso escrito del cura vasco.

Pero las peticiones de Irízar de seguir como director de las obras misionales hasta que se resuelva el fondo de este conflicto no han sido atendidas. El pasado día 12 fue cesado, ya había cumplido los cinco años del primer mandato, y sustituido por Francisco Pérez-González, obispo de Osma-Soria. El asunto sigue en el tribunal de Roma. Mientras el ex nuncio Kada, que se jubiló el año pasado a los 75 años, sigue sin responder a las acusaciones de Irízar y la Iglesia no aclara dónde está el dinero de la estafa.

María del Bosque se defiende: 'Sólo se vendieron 32 colecciones. Imagino que una parte del dinero iría al Vaticano, otra al promotor Capa y otra para pagar mi sueldo. Todo fue legal. Kada ni lo ha comido ni lo ha bebido. Recibió la orden de que se dejara de vender y me hizo firmar un papel para que parara la comercialización. Es un tema cerrado. Irízar es un miserable'.

Pagos extraordinarios prohibidos

El cardenal Charles Schleck, presidente de las Obras Misionales Pontificias (OMP), prohibió a José Luis Irízar, director de las OMP, que dispusiera de un depósito a su nombre, por cuenta de Animación Misionera, para atender los gastos extraordinarios de los misioneros más necesitados. Según el testimonio de Irízar, a través de la misma se atendían casos excepcionales como sacerdotes enfermos de sida, operaciones o entierros de familiares, en los casos de los más humildes. En un libro de contabilidad anotaba las fechas, cantidades, razón y los nombres de las personas a las que facilitó estas ayudas. Irízar dispuso de entre 12 y 16 millones de pesetas anuales para estos fines, entre un 2% y un 3% del presupuesto anual, que asciende a unos 3.500 millones de pesetas. La Santa Sede autoriza un gasto de hasta un 15% de dicho presupuesto para actividades de animación misionera, pero al cardenal prohibió estos pagos. De esta misma cuenta, el ex gerente José María Castro, que, según Irízar, tenía organizado así este sistema de ayudas, sufragó gastos de las OMP por 16 millones. Castro lo niega y asegura que él denunció a Irízar por estas disposiciones. 'Denuncié que se había apropiado de donativos particulares', dice. Auditorías de BDO y Pryce Waterhouse Coopers señalan que del estudio del libro y sus facturas no se desprende que las cantidades se usaran para usos diferentes a los de animación misionera y que Irízar no incurrió en apropiación indebida. El ex director de las OMP aceptó la orden del cardenal, 'contraria a la caridad cristiana y al espíritu misionero', y cesó los pagos. Según dice, siguió atendiendo a estas ayudas 'con su pecunio particular'.

José Luis Irízar, ex director de las Obras Misionales Pontificias alertó por escrito a Lajos Kada, nuncio del Papa en España, de la actividad de María del Bosque y del despacho que ésta utilizaba, por orden de su antecesor, en la sede de la OMP para la venta de unos grabados con los que se financiaría un falso homenaje al Papa. Pero el nuncio le respondió que le permitiera seguir con su actividad. El ex misionero vasco se pregunta, en su recurso remitido a Roma, cómo es posible esta postura del nuncio Kada, y se responde a sí mismo: 'Monseñor Kada, recién llegado a Madrid en 1995 y en un nuevo ambiente, encontrándose quizás desplazado o sintiendo la soledad característica de un hombre con responsabilidades y cierta contestación social por sus actitudes y posturas políticas, prestó oídos a las palabras de la señora Bosque, mujer de mundo y aún joven, que usó sus gracias naturales para reforzar sus peticiones'. Bosque negó a EL PAÍS esta presunta relación, que otras personas califican de 'gran afecto mutuo'. Irízar señala que la conducta del nuncio 'no parece carente de fundamento habida cuenta de otro documento que acompañamos en que se afirma que de las relaciones del nuncio con una costarricense ha nacido una niña'. Este documento es un acta notarial, fechada el 16 de diciembre de 1998 en San José de Costa Rica, en la que el sacerdote español Luis Vara Carro declara ante el notario Maureen Medrano que en una reunión de la vicaría de Nicoya 'se conversó acerca del papel que juegan los nuncios, y uno de los presentes aseguró que el anterior nuncio, Lajos Kada, era un poco apegado al dinero. En ese momento, el padre Luis Gerardo Brenes dijo que él conocía a una señora que le había manifestado abiertamente que ella fue amante del nuncio y que había procreado una niña fruto de esa relación. Este comentario motivó un impacto y una sensación de extrañeza ante los presentes, e incluso se comentó que tendría que tenerse más cuidado a la hora de elegir a los nuncios'. Este periódico intentó sin éxito obtener la versión de Kada, que reside en Hungría.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de marzo de 2001

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