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Fallece Tonico Ballester, escultor y cartelista de la etapa republicana

El escultor y dibujante valenciano Antonio Ballester Vilaseca, más conocido como Tonico Ballester, falleció ayer en Valencia a la edad de 90 años. Desaparece así uno de los últimos artistas que adoptaron el compromiso ideológico como arma política durante la República. Durante la guerra civil estuvo adscrito a la Sección de Propaganda de la Delegación de Milicias Antifascistas y realizó los primeros carteles en defensa del Gobierno republicano. Colaboró en diversos proyectos con uno de los artistas más representativos de la lucha contra el franquismo, su cuñado y también valenciano Josep Renau. Era una persona muy estimada por su carácter.

Estas obras le granjearon fama como cartelista, pero su verdadero campo de trabajo fue la escultura, disciplina que aprendió en el taller de su padre, también escultor, punto de encuentro frecuente de intelectuales y artistas. Miembro activo de la vanguardia artística valenciana de los años treinta, Tonico Ballester aunó el espíritu clasicista y una concepción abierta a diferentes estilos con reflejos de artistas como Hans Arp, Henry Moore o Arturo Martini.

Estas influencias se pudieron observar el pasado año en la exposición que el IVAM dedicó a Tonico Ballester, comisariada por Juan Manuel Bonet, actual director del Museo Nacional Centro Reina Sofía, y Joan Ramón Escrivà. El escultor ya no pudo asistir a la presentación de la misma. Su hijo, Jordi Ballester, conocido pintor integrante del Equipo Realidad que intentó romper con la imagen romántica del autor, no pudo evitar emocionarse al referirse a la satisfacción de su padre al inaugurarse una exposición con 66 obras en un museo valenciano consolidado y de proyección internacional. La anterior retrospectiva fue organizada en 1986 por Vicente Aguilera Cerni.

Imágenes religiosas

Finalizada la guerra civil, Tonico Ballester fue encarcelado e inhabilitado y participó en la creación del Taller de Arte que agrupó a diversos artistas que estaban en prisión. Al salir del penal reanudó el trabajo en su taller realizando diversos encargos de imaginería religiosa. En 1946 emigró a México y se reunió con su hermana y Renau. Allí trabó relación con los exiliados, como el arquitecto alicantino Félix Candela, con quien colaboró en la ornamentación del templo de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Su prestigio como escultor de imágenes religiosas fue creciendo, lo que le proporcionó múltiples encargos.

En 1960 se instaló en Los Ángeles (California), realizando diversos trabajos escultóricos. Por mediación del poeta catalán Josep Carner, entró en contacto con el mundo del cine en los estudios de Hollywood y retrató en cera a algunas estrellas del momento.

Tres años después regresó a vivir a Valencia, donde prosiguió con algunos encargos que habían sido recibidos en su etapa pasada en California.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de marzo de 2001