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Reportaje:

Estopa, los héroes del barrio

En el bar La Española del barrio de San Ildefonso, en Cornellà, en el cinturón industrial de Barcelona, se siguen sirviendo tapas, cañas y carajillos. Tras la barra continúa Pablo, un extremeño de cuyo cuello cuelga una orgullosa bellota de oro que denota su origen. Dos bellotas parecidas penden también de los cuellos de sus dos hijos. Se las regaló hace poco tal como tenía previsto hace tiempo, aunque quizá las cosas que han pasado en el último año y medio y que tanta satisfacción le han provocado han adelantado el regalo. Los hijos de Pablo han vendido 700.000 ejemplares de su primer disco, llevan muchísimas semanas sin bajar del número 5 de la lista de ventas y cabe la posibilidad de que sean de los primeros en lograr un número uno en verano y otro en el invierno de la misma temporada. Sus hijos son José y David, o sea, Estopa."Nuestro padre está flipando", dicen, "está viviendo lo mismo que nosotros", aseguran los hermanos más famosos de Cornellà. Ahora están descansando tras concluir esta semana el último de los cerca de 200 conciertos que han interpretado durante la temporada.

La Española es gracias a ellos un bar famoso. Como Martínez, el encargado de Novell Ahnwerk Española, la fábrica de componentes para automoción donde trabajaban José y David. "Nos lo solemos encontrar en el bar de nuestro padre", dicen Estopa, "y con esa forma que tiene de hablar nos dice que él es tan famoso como nosotros", añaden riendo. No es para menos, gracias a esos dos mocosos que tenía como currantes en un robot de la cadena de producción, un equipo de la televisión autonómica le hizo un reportaje en su propia casa. Salió hasta su mujer. Martínez también ha sido tocado por el fenómeno Estopa y ya no es un anónimo encargado de fábrica. "No hemos perdido contacto con las personas que forman parte de nuestra vida y de nuestro barrio, no queremos alejarnos de la calle", afirman los Estopa, seguros de que esa calle y ese barrio cantados por ellos les han permitido ser el fenómeno musical del año. "Que una canción guste a una persona es casi una casualidad", dice David, "imagínate lo que debe ser que guste a 700.000", continúa como queriendo quitar importancia a lo que han logrado.

David intuye, sin embargo, por qué les ha pasado lo que les ha ocurrido: "Hemos dado con el lenguaje de la gente joven, y no nos ven como a dos guaperas, sino como a dos tipos normales, como a dos colegas. Por eso no creo que nuestro público no sepa lo que viene a ver a nuestros conciertos, lo sabe de sobras, lo noto cuando hablan con nosotros". Y conste que no hablan siempre de naderías... "Sí entienden lo de las drogas, lo de los cocainómanos y lo de los heroinómanos, y también entienden lo que queremos decir cuando cantamos que fumamos porros. Esas son cosas que pasan en los barrios, en lugares como la Ciudad Satélite San Ildefonso de Cornellà donde nacimos", añade David. "No", concluye, "nuestro público no está anestesiado, es que la gente joven está cambiando".

En la vida de David y José han cambiado algunas cosas, ninguna sustancial de momento. Han ganado tanto dinero que aún no lo han podido contar. Se lo administra su padre, bajo cuyo consejo se han comprado sendas casas, "porque eso es invertir". David se ha casado con su novia de antes del éxito y José ha formalizado la relación con la chavala con la que tonteaba cuando aún aspiraban a alcanzar ventas no inferiores a los 15.000 ejemplares. "Lo demás", coinciden ambos, "permanece igual. Intentamos aplicar los principios que nos han servido en la vida antes de la fama". Siguen viendo a Jandy, un colega del barrio "que se descojona de nosotros cuando en contra de nuestra voluntad nos sacan en las revistas de fans" y, por lo demás, "notamos que la gente nos mira como nosotros mirábamos antes a aquellos que veíamos en la tele".

Hablando de televisión, el éxito del grupo ha permitido ver cumplido uno de los deseos de David: "Quería darme el gustazo de comer las uvas mientras me veía en la tele, y este año saldremos en el programa de fin de año de Moreno". Y la cosa no para. De momento, han publicado cinco sencillos de su disco (Suma y sigue, La raja de tu falda, Me falta el aliento, Tu calorro, Como Camarón) y esta semana saldrá el sexto, Cacho a cacho. Aún habrá un séptimo, El del medio de los Chichos, cuyo vídeo, con guión de los propios Estopa, tendrá de fondo la prisión de Figueres.

Con el Torete como uno de sus personajes favoritos y Los Chichos como una de sus referencias musicales, los Estopa tienen aún camino por recorrer. Para su segundo disco ya cuentan con suficientes temas como para descartar varios y quedarse con 12. No temen al fracaso, "porque se venda o no se venda, no tenemos que convencer a nadie. Por eso no creemos que sea un disco tan crucial". Ahora están enfrascados en pulir la grabación de uno de los conciertos de su gira, que en enero se verá en Canal +. Sí, definitivamente Pablo tiene motivos para servir con más alegría su tortilla de patatas. Los barrios aún generan héroes, y esta vez han sido sus hijos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de diciembre de 2000

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