Tribuna:REDEFINIR CATALUÑATribuna
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Adiós Primitivo, adiós PILAR RAHOLA

¿Será un síntoma? No hace mucho Joan Barril hablaba justamente de ello, de los signos, de esa piel que va mudando silenciosamente este país, cual síntoma externo de su cambio profundo de alma. Cataluña cambia en sus abismos interiores pero aún se nota poco en esa dura costra exterior. Casi como si fuera una inversión de Dorian Gray, se ve vieja en el espejo y sin embargo empieza a ser joven. Mudan los hábitos y los comportamientos e incluso, a pesar de no mudar laspersonas, empieza a mudar el tiempo en que fueron importantes, empieza a acabar su tiempo. ¿Será, pues, un síntoma eso que le ha ocurrido a Primitivo Forastero?, alcalde jurásico de nuestra Camarles de los prodigios? Quizá no del todo, puesto que algún día le tenía que caer la justicia a tanto abuso, a tanta prevaricada actuación. Pero imaginarnos Cataluña sin Forastero es casi empezar a definir otro país, otro siglo, déjenme exagerar: ¡otro milenio! Los Primitivo que han poblado con resistencia notable los gobiernos de estas dos últimas décadas forman parte de una especie que no puede volver a existir, que sólo existió, cual parque spielbergiano, en un retroceso experimental que la historia se permitió. Como mínimo podemos asegurar que no volveremos a tener franquistas reciclados, reconvertidos a la fe catalanista, salvados por Dios, por la patria y por Pujol a la nueva era democrática. O la justicia, o la biología (implacable censora), harán su trabajo.Algunas cosas no van a volver a pasar, y hemos empezado por la más obvia: no vamos a volver a tener alcaldes del viejo régimen reinventados en el nuevo régimen, como si fueran una burla macabra del que murió dejándolo todo atado. Tampoco vamos a volver a tener un país maniqueo, y eso sí que es tocar fondo. A otro signo me remito: el consistorio de Berga ha levantado la decisión de 1984 de considerar "infieles a Cataluña" a Narcís Serra y Ernest Lluch. Los declaró infieles por el caso Banca Catalana, y ahora los perdona quizá porque la muerte de Ernest les habría pesado demasiado en la conciencia. Me dirán que si Ernest no hubiera muerto aún estaría la infidelidad proclamada, sí, pero perdida en la memoria. Lo relevante, lo altamente significativo no es que Berga se retracte (por cierto, ¿se ha avergonzado?), sino que ahora sería impensable un acto de este tipo. Durante los años de la confusión, que han sido todos pero empiezan a no ser..., este país se dividió entre buenos y malos catalanes, y la línea divisoria era tan peregrina que dependía del lado del partido donde cayera, y no de los méritos o la biografía. Así pasaban a ser buenos catalanes y defensores de la patria, viejos franquistas de pueblo, detentores de los intereses de siempre y creadores de la redes corruptas que han funcionado en democracia. Se habían hecho convergentes, y ello era un visado a la catalanidad. Los que caían en el lado izquierdoso, sobre todo socialista, pasaban a ser suspectos de anticatalanismo, a pesar de que a menudo habían sido ellos los que habían luchado por las primeras clases de catalán, por las libertades democráticas por el Estatuto. ¡Y lo habían hecho contra el alcalde franquista de su pueblo, justamente el que ahora padecían en su versión convergente, o en su versión Unió!

¿Qué ha ocurrido en este país durante dos décadas, que ha llegado a tales niveles de confusión? Se han confundido bancos con gobernantes, familias económicas con banderas, lobbys de intereses con esencias, y en el proceso de confusión se han repartido pasaportes de bondad o maldad patria. Uno puede imaginarse, en un país normal, antipatías políticas contra Serra, Lluch, o contra quien quieran, pero ¿qué país enfermo y patológico puede llegar a establecer niveles de catalanidad, grados de fidelidad, qué país contaminado puede llegar a repartir bondades o maldades esenciales? ¿Se planteó alguna vez nuestro Farguell de Berga declarar "infieles a Cataluña" a todos los compañeros de partido que habían sido alcaldes en épocas franquistas? Tamaña pregunta...

Pero ahora no podría pasar, y ahí está la mudanza imparable que este país está viviendo con más silencio que ruido, lentamente empiezan a ser impensables algunos comportamientos, son imposibles algunos gestos: sencillamente se han vuelto feos. Despojados de la coartada nacional que los permitía impunemente y los justificaba, ya nadie osaría plantearlos. Las personas de golpe han adquirido pudor, quizá sentido de la orientación, y el país ya no da para esas fronteras internas. Quizás se ha vuelto maduro.

¿Es ello un síntoma de debilidad nacionalista? ¿Se acaba lo maniqueo porque lo catalanista pierde gas y ya no está en condiciones de marcar la reglas de juego? Lo que se acaba, señorías, es la confusión. Y si se acaba la confusión, lo que vamos a tener es un país más sano, menos coaccionado, más liberado de energía, es decir, más útil justamente a sus propios intereses. En el proceso de liberación, cada uno va a ser cada cual, y así vamos a encontrarnos con alcaldes "nacionalistas" de Tarragona cuyo grueso catalanista se acerca a la perfección del cero, y con socialistas de la oposición, -como ese luchador que es Xavier Sabaté- que tildados de españolistas se han batido el cobre por este país. Habrá un día que ser convergente no significará nada más que estar situado a la derecha del espectro. Ya no tendrán el monopolio de la catalanidad. Es decir, ya no podrán usurparla.

Y eso, me atrevo a decir, va a favor de la catalanidad. Es decir, eso va a favor de los intereses de este país. Porque digámoslo: la confusión le ha hecho mucho daño a Cataluña, ha repartido coartadas nacionales a auténticos especuladores, ha dejado fuera de plano a catalanistas progresistas, ha desvirtuado acciones, ha imposibilitado acuerdos de fondo, ha debilitado su fuerza interior. Patrimonializada, monopolizada y dualizada, Cataluña ha sido una tierra enferma, confusa, confundida.

Pero se van los Forastero y se levantan bulas papales contra los infieles, y acaba el milenio. Y señores, esto se pone interesante. Por primera vez, abusando del poeta, diremos que casi todo está por hacer, pero todo empieza a ser posible. Y es que Cataluña, liberada de cuerpos primitivos se nos está poniendo estupenda...

pilarrahola@hotmail.com.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0008, 08 de diciembre de 2000.