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Escándalo en Portugal por un filme en negro de João César Monteiro

La película 'Branca de neve' se rodó con subvención oficial

El público portugués no ha perdonado la última excentricidad de uno de los directores con mayor prestigio del país, João César Monteiro. La ausencia de imágenes en su última película, Branca de neve, estrenada este fin de semana, ha disparado la polémica por las subvenciones al cine. El proyecto inicial recibió 110 millones de pesetas de subsidio, pero los problemas de rodaje acabaron con la pantalla en negro. El productor asegura que devolverá el dinero no utilizado.

La perplejidad de los espectadores dio paso al escándalo. Algunos ni siquiera sabían que el filme, basado en un cuento del suizo Robert Walser, no tenía imágenes. Son 70 minutos en negro, con algunos instantes de un cielo azul entre algunas secuencias. "Una excelente película para invidentes", ironiza el director. Sin embargo, su última genialidad no ha recibido una calurosa acogida del público. Decenas de portugueses expresaron sus airadas protestas a diversos medios de comunicación por el absurdo despilfarro de sus impuestos. Y también por los insultos del director. A preguntas de algunos periodistas sobre las críticas del público, Monteiro replicó: "¡Que se jodan!".La historia no tiene desperdicio. Con un presupuesto de 240 millones de pesetas, el proyecto original obtuvo el subsidio máximo del Instituto del Cine portugués, 110 millones. Sin embargo, algunos problemas de rodaje, no suficientemente esclarecidos, provocaron el cambio de planes del director, con el consentimiento del productor y sin el control de las autoridades oficiales. Para entonces ya se había contratado a los actores y se había rodado una parte del proyecto inicial. El resultado final fue una oscura Branca de neve sobre la que nadie se responsabiliza. El director asegura que no es responsable "del presupuesto ni del dinero de los contribuyentes", dado que ya recibió "lo estipulado con el productor y el asunto de las cuentas no tiene nada que ver conmigo", afirma.

El productor Paulo Branco, colaborador, entre otros, de Jean-Luc Godard, explica que "el proyecto artístico evolucionó, costó menos y, por tanto, según las reglas existentes, sólo tengo derecho a un subsidio de unos 55 millones de pesetas", por lo que el resto será devuelto al Estado. "No tengo nada más que decir, dado que la película es lo que es, tuvo la evolución que tuvo, las cuentas fueron entregadas, las reglas cumplidas y en este momento sólo puede ser juzgada en las salas".

Las declaraciones de ambos no han cerrado la polémica, sino todo lo contrario. El más internacional de los directores portugueses, Manoel de Oliveira, de 93 años, no quiere pronunciarse sobre el asunto financiero, pero elogia el trabajo artístico: "La polémica pública no me interesa. Sólo me interesa el aspecto cinematográfico y artístico. Y sobre eso puedo decir que es el mejor filme de João César Monteiro. Es una obra extremamente valiente y un fortísimo golpe en el charco de esa vieja manía de que el cine es movimiento. (...) Con esta película, el cine portugués da un nuevo paso de vanguardia".

El presidente de la Asociación de Directores de Cine, António Pedro de Vasconcelos, sostiene que el caso debe replantear "la modificación urgente del sistema de financiación y control de los subsidios públicos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de noviembre de 2000