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Reportaje:CRÓNICA EN VERDE.

Los desechos de la infancia

Unas 40.000 toneladas de pañales se arrojan cada año a la basura en Andalucía

En España el consumo de papel para usos higiénicos experimenta un notable crecimiento en los últimos años, aunque aún estamos lejos de alcanzar el nivel de otras naciones europeas. Una de sus principales aplicaciones son los pañales infantiles desechables, un producto que lleva 30 años en el mercado y que se ha incorporado a los residuos sólidos urbanos en un porcentaje más que apreciable. En Andalucía se arrojan a la basura, cada año, unas 40.000 toneladas de pañales, compuestos por materiales fácilmente reciclables o apreciados como combustible.

Materias primas

Cada español consume al año unos 153 kilos de papel, el triple que la media mundial, situada en 50 kilos, y algo menos de los 184 kilos por habitante registrados en el conjunto de la Unión Europea. De esta cantidad, 72 kilos se destinan a embalajes; 44 kilos, a diversos artículos impresos; 14 kilos, a papel prensa; 11 kilos, a usos higiénicos y sanitarios; y los 12 kilos restantes, a consumibles varios. Aunque situados en el penúltimo lugar de esta clasificación, los usos higiénicos y sanitarios han experimentado un crecimiento superior al 60% en los últimos 10 años, en gran parte debido a la elevada demanda de artículos como compresas higiénicas o pañales infantiles.En los países desarrollados se calcula que los pañales infantiles representan ya entre el 2% y el 4% de los residuos sólidos urbanos. En España y, según un reciente informe publicado por el Club Español de los Residuos, este porcentaje ronda el 1,4%, lo que significa que, en el caso de Andalucía, se estarían arrojando cada año a la basura alrededor de 40.000 toneladas de pañales. Examinando las materias primas que los componen, terminan en los vertederos de la región 18.000 toneladas de pulpa de celulosa, 10.000 toneladas de diferentes compuestos plásticos y unas 12.000 toneladas de polímeros superabsorbentes.

Para los ecologistas, la cuestión comienza a ser preocupante, porque la cantidad de materias primas que se desperdician ha adquirido ya un peso notable, y su contribución al volumen total de basuras urbanas también es importante. Cada año, y en todo el mundo, unos 30 millones de árboles se emplean en la fabricación de estos productos. De un árbol adulto apenas se obtienen unos 500 pañales, y cada niño usa, como media, alrededor de 2.500 pañales antes de aprender a controlar sus esfínteres.

Al no estar sometidos a ningún sistema de recogida selectiva los pañales no pueden someterse a procesos de reciclaje. Una vez en el vertedero los plásticos no se degradan con facilidad y, además, existe cierta inquietud a propósito de la transmisión de agentes infecciosos o la posible contaminación de las aguas subterráneas cercanas a los depósitos de basura.

Los fabricantes, sin embargo, consideran que se ha logrado una notable reducción en el consumo de materias primas, que ronda el 65% en los últimos 15 años. En la actualidad, y comparándolo con las características que se anotaban a mediados de los años ochenta, el peso medio de un pañal ha disminuido en más de un 30% (ahora ronda los 50 gramos). Además, la incorporación de sustancias capaces de asimilar hasta 50 veces su peso en líquido (polímeros superabsorbentes) ha supuesto ahorros importantes en el uso de celulosa. En definitiva, argumentan las empresas del sector, la madera destinada a la fabricación de pañales apenas supone el 0,1% de toda la que la industria papelera emplea en Europa.En algunos países se ha iniciado un debate, entre ecologistas y empresarios, a cuenta del impacto ambiental que originan los pañales, según se trate de los desechables o de aquellos fabricados en algodón que pueden reutilizarse. Curiosamente, las investigaciones que se han llevado a cabo a propósito de este dilema determinan que en ninguno de los dos casos puede hablarse de una alternativa realmente limpia. Los pañales de un solo uso requieren de un mayor consumo de materias primas y producen más residuos sólidos, pero los lavables obligan a un mayor gasto de agua, energía y detergentes, además de originar residuos líquidos.

"Cualquiera que sea el sistema que se use", advierte el informe publicado por el Club Español de los Residuos, "la energía necesaria para dotar de pañales a un niño durante un año equivale a la cantidad de gasolina consumida por un automóvil en un viaje de 800 kilómetros". Por tanto, el debate no debería basarse tanto en cuestiones ambientales, sino que debería resolverse por una simple elección personal: "Para aquellos padres preocupados por el aumento de las basuras", añade este documento, "los pañales de tela son preferibles a los desechables, pero estos últimos pueden ser los más atractivos para aquellas familias a las que les preocupa el consumo de energía o de agua". Una decisión salomónica.

Comentarios y sugerencias a propósito de Crónica en verde pueden remitirse al e-mail: sandoval@arrakis.es

Cuestión de piel

Hasta mediados de los años sesenta para cambiar a un bebé se usaban piezas de algodón sujetas con imperdibles, que podían lavarse con facilidad y reutilizarse un buen número de veces. No era una opción muy cómoda para los padres, pero sí que resultaba económica.Aunque algunos pueblos esquimales venían usando rudimentarios pañales que incorporaban elementos vegetales absorbentes, el primer pañal desechable, fabricado con pulpa de papel, apareció en el mercado a comienzos de los años setenta, y poco después se incorporaron las braguitas de plástico que lo cubrían.

Hasta 1980 no se integraron ambos elementos, papel y plástico, y los geles de gran absorbencia se añadieron en 1987. En estos 30 años el uso de pañales desechables ha supuesto la práctica desaparición de los reutilizables, que, a pesar de todo, aún cuentan con defensores.

Todavía se mantienen grandes discusiones a propósito de la incidencia de ambos tipos de pañales en las alteraciones y enfermedades de la piel, cuestión prioritaria en los primeros meses de vida.

Los fabricantes de pañales desechables argumentan que los geles absorbentes ayudan a prevenir las irritaciones cutáneas, ya que mantienen la humedad y las deposiciones alejadas de la epidermis, con lo que ésta se mantiene suave y sana.

Los partidarios de los pañales de algodón, por el contrario, mantienen que este tipo de tejido permite la respiración natural de las zonas corporales que cubre y, por tanto, deberían ser los que se usaran en clínicas y maternidades.

La piel limpia y seca no es propensa a la dermatitis, y seguramente el que se mantenga en buen estado depende, sobre todo, de la cantidad de veces que se cambie de pañal y no tanto del tipo de artículo que se emplee.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 25 de septiembre de 2000

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