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Editorial:

Tácticas tabacaleras

La credibilidad de la dominante industria del tabaco estadounidense ha entrado en barrena. Hace apenas un mes, un jurado de Miami impuso a cinco tabacaleras una fianza de 25 billones de pesetas por los daños causados a los fumadores de Florida. Ahora, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha destapado en un detallado informe las maquinaciones de las principales compañías para que sus políticas antibaco no prosperasen. Una campaña secreta y ampliamente orquestada en la que destacan el pago a científicos para distorsionar los resultados de los informes de la OMS, el uso de infiltrados en la organización o las presiones en países del Tercer Mundo para cerrar el paso a las campañas antitabaco. Pocas dudas ofrece este relato de la agencia de la ONU cuando ni siquiera la principal compañía acusada ha desmentido el detalle de las imputaciones.En el caso de las tabacaleras acusadas se trató de algo mucho más grave que de un exceso en la lucha por el mercado. El enemigo contra el que se dirigió esta "tentativa de subversión" fue una organización sin ánimo de lucro cuya finalidad es velar por la salud de las personas. No se trataba de defender el producto, sino de evitar que el fumador fuese consciente de sus peligros. La propia OMS acaba de hacer público un estudio de tres años cuya conclusión fundamental es que incrementar mediante impuestos el precio de los cigarrillos es una medida de salud pública indispensable. El informe, coelaborado con el Banco Mundial, señala que aumenta el consumo de tabaco, sobre todo en los países subdesarrollados y entre los jóvenes, y prevé que durante los próximos treinta años morirán diez millones de personas anualmente por enfermedades vinculadas al tabaquismo.

De poco vale, ante la gravedad de la acusación de la OMS, alegar que se trata de prácticas pasadas u ofrecer una colaboración de tintes oportunistas. Por ello ha de exigirse a las instituciones que redoblen sus esfuerzos de control e investigación frente a este tipo de prácticas. Inquieta pensar, como insinúa la OMS, que semejantes manejos puedan seguir produciéndose.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de agosto de 2000