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Reportaje:

300 mamíferos clonados en el mundo La venta de la patente de 'Dolly' abre un debate sobre la propiedad de embriones humanos

De haber un día mundial de la clonación sería sin duda el 5 de julio de 1996, fecha del nacimiento de la oveja Dolly, clonada a partir de una glándula mamaria de otra oveja adulta y bautizada en honor a la cantante Dolly Parton. Mucho ha llovido desde entonces. Dolly ha sido mamá ya dos veces -de Bonnie y de trillizos-, y un jersey hecho con su lana es pieza de museo. ¿Y qué más? Mucho. La reacción en cadena iniciada por la ovejita permitirá disponer de una fuente inagotable de tejidos humanos para autotrasplante. Un sueño con un solo pero ético: exige dar los primeros pasos hacia la clonación humana. La cesión a una compañía de EEUU de la patente de la tecnología que dio lugar a Dolly ha vuelto a desencadenar la polémica.

En el mundo hay ya más de 300 mamíferos clonados con la misma técnica -con más o menos variantes- que dio lugar a Dolly. Eso al menos estima uno de sus padres, Harry Griffin, del Instituto Roslin, en Edimburgo. Un tercio son vacas, ovejas y cabras, y el resto ratones. Se investiga también con primates y perros. Pero la comunidad científica no se ha recuperado aún del asombro que le produjo saber que de la célula de un animal adulto se puede obtener otro genéticamente igual. Prueba de ello es que los científicos aún no saben bien cómo hacen lo que hacen."El campo se está desarrollando a base de prueba y error", dice Miguel Torres, investigador del Centro Nacional de Biotecnología, en Madrid. De hecho, la eficacia de la clonación a partir de células adultas sigue siendo muy baja. Dolly nació después de 276 intentos fallidos, una tasa de éxito -o de fracaso- que probablemente se mantendrá hasta que no se sepa de forma precisa qué hace que la célula adulta, que ya está especializada para ser hueso, músculo o piel, se reprograme, pierda su especialización y sea capaz de nuevo de dar lugar a un individuo completo.

Los investigadores saben que el secreto está en el huevo donde se inserta el núcleo de la célula especializada que se quiere clonar (véase diagrama). Ese núcleo contiene todos los genes del individuo, pero originalmente sólo están activos los genes necesarios para que la célula especializada ejerza su función -ser piel, hueso o lo que sea-; cuando es insertado en el huevo, el citoplasma de éste logra de alguna forma reactivar en el núcleo todos los genes necesarios para construir un individuo entero -de ahí el nombre de la técnica: transferencia nuclear-.

Pero desconocer la fórmula secreta de esta reprogramación no ha mantenido quietos a los laboratorios. Los hallazgos revolucionarios post-Dolly han seguido produciéndose a ritmo de vértigo. En noviembre de 1998, dos laboratorios estadounidenses anunciaron que habían logrado obtener diversos tejidos -óseo, neuronal y muscular cardiaco y esquelético- a partir de células de embriones y de cordón umbilical. Eso equivale a seguir el camino contrario a la reprogramación: esas células embrionarias y de cordón conservan intacta su capacidad de producir cualquier tipo de tejido -es decir, no están especializadas-, y los investigadores habían logrado programarlas para que se desarrollaran en los tejidos deseados.

¿Qué tiene que ver eso con Dolly? Muchísimo: si se combinan ambas técnicas, el resultado es la posibilidad de obtener cultivos de tejidos de cualquier persona adulta, tejidos que en caso necesario le podrían ser trasplantados sin riesgo alguno de rechazo. Bastaría con extraer células especializadas de cualquier parte del cuerpo del individuo adulto y transferir su núcleo a un huevo: "Así se haría un embrión, como con Dolly. Entonces, las células de ese embrión se cultivarían para obtener tejidos genéticamente idénticos al donante de la célula especializada. El embrión sería entonces 'sacrificado", explica Ian Wilmut, otro de los padres de Dolly, en su recién publicado libro La segunda creación.

Los problemas éticos de esta técnica derivan de que se trata, en esencia, de dar los primeros pasos hacia la clonación humana: si el embrión clónico se implanta en el útero de una mujer, acabaría naciendo un clon del adulto donante de la célula especializada.

La cuestión ha vuelto a la palestra pública con la venta de la patente de la tecnología de transferencia nuclear por parte del Instituto Roslin a la potente compañía estadounidense Geron, que ya es dueña de la técnica citada para obtener tejidos a partir de células no especializadas. Aunque en la patente se prohíbe el uso de la tecnología para la reproducción humana -algo que Geron reprueba y que, según uno de sus vicepresidentes, no tiene intención de hacer-, con ella Geron se convierte en propietaria de embriones humanos de pocos días.

Jeremy Rifkin, activista de la anti-biotecnología estadounidense, cree que en la práctica la patente da derechos de propiedad sobre un feto hasta que nace, puesto que la ley no prohíbe expresamente esta posibilidad. "¿Se puede reclamar la propiedad intelectual sobre un individuo hasta que nace? Ahora la puerta está abierta a eso", dice Rifkin, que pide la prohibición expresa de patentar embriones humanos. La solución es compleja: por ahora no se puede obtener células no especializadas de un adulto sin producir un embrión, aunque hay evidencias de que se logrará en el futuro.

Pero hay más puntos espinosos en la cuestión clónica. En Estados Unidos se sigue debatiendo si la investigación con embriones humanos debe ser financiada con fondos públicos -de momento no lo es-, y en Europa, si la legislación al respecto en los diversos países es adecuada. En España -donde no hay ningún grupo investigando en clonación- no se puede experimentar con embriones, lo mismo que en la mayoría de los países europeos excepto el Reino Unido. "Europa se está quedando atrás por un mal entendido activismo contra la biotecnología en general", dice Torres.

Griffin ve aún lejano el momento en que los tejidos clonados a partir de una célula adulta lleguen a la clínica. Y más lejano aún, "casi ciencia ficción", la posibilidad de desarrollar no ya tejidos, sino órganos completos. Geron tampoco pone fecha, pero ya da una lista de dolencias concretas que podrían tratarse con estos tejidos: enfermedades cardiacas, diabetes, neurodegenerativas como el Parkinson, y osteoartritis, además de quemaduras.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de febrero de 2000