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Editorial:
Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Periodo de reflexión

Las patronales del transporte han desconvocado la huelga -más bien cierre patronal- que habían previsto a partir de hoy, y durante tres días, para pedir la reducción del precio del gasóleo o la comercialización de uno profesional, que alivie el crecimiento de los costes del sector. La negociación que ha mantenido el Ministerio de Fomento con las 21 organizaciones patronales tenía como eje principal la fiscalidad de este carburante, usado masivamente por los transportistas. El acuerdo consiste en esencia en formar comisiones mixtas que analicen los costes comparativos del transporte en España para decidir sobre la controvertida rebaja de la fiscalidad del gasóleo.La desconvocatoria de la huelga y la apertura de un periodo de análisis o reflexión es una buena noticia en la que, seguramente, ha tenido mucha influencia la posición del Ministerio de Economía de oponerse tajantemente a la reducción de la fiscalidad del gasóleo. No tendría sentido que al mismo tiempo que se transmiten seráficos mensajes de liberalización y de transparencia de los mercados se aprueben subvenciones encubiertas simplemente como resultado de la presión de empresas que ven elevarse sus costes sin poder aumentar la competitividad. Desde las patronales del transporte debería aprovecharse este periodo de reflexión para evaluar si el tamaño de las empresas que representan es el adecuado -la atomización empresarial es excesiva, abundan las sociedades compuestas de un hombre y un camión y los márgenes para aumentar la competitividad son muy escasos- y si no debería recurrirse primero a un proceso de concentración empresarial antes de pedir a la sociedad que pague los costes de un minifundio disparatado. La respuesta a la subida del gasóleo en más del 18% en un año no es la subvención, sino aprovechar las economías de escala.

Otros factores importantes señalan que el camino de la fiscalidad privilegiada y la ayuda encubierta no son los caminos más apropiados ni más rentables para los transportistas. La fiscalidad española del gasóleo está entre las más bajas de Europa y las normas comunitarias exigen un mínimo de tributación que apenas está cuatro pesetas por debajo de la actual. Mal negocio harían los transportistas si el único recurso de que disponen es bajar al límite la fiscalidad del gasóleo. Primero, porque es una ventaja que desaparecerá en breve plazo absorbida por el crecimiento de los costes derivados del minifundio empresarial, y después, porque la Unión Europea puede exigir que se unifique la carga fiscal que grava los combustibles. Y esa unificación no se hará seguramente por el nivel más bajo.

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