JUAN LÓPEZ-HERRERAESCRITOR Y DIPLOMÁTICO

"Los sevillanos tenemos egocentrismo y egolatría, estamos encantados de habernos conocido"

Juan López-Herrera nació en Sevilla en 1961. Licenciado en Derecho, ingresó en la carrera diplomática en 1988. Las obligaciones de su profesión le han llevado a América, Europa y África. Ha trabajado en las embajadas de España en Montevideo, Lima y Lisboa. Ahora ejerce su labor diplomática en Pretoria. López-Herrera ha publicado recientemente La cream coneshion (Ediciones del Bronce, Barcelona), una novela que satiriza algunos aspectos de la vida sevillana. "Escribí el libro con motivo de una excedencia que pasé en Sevilla entre febrero de 1996 y febrero de 1998", explica López-Herrera desde Pretoria, en una conversación telefónica. "Llevó mucho tiempo fuera de Sevilla. Me fui con 23 años y tengo 38. Haber estado fuera te da una perspectiva diferente", agrega.López-Herrera no cree que haya unas "diferencias cualitativas" entre Sevilla y el resto de las ciudades andaluzas. "Hay una diferencia de carácter cuantitativo. En la capital andaluza se concentra todo el poder político. Es la rivalidad que hay siempre con la capital. Como ocurría con Madrid y el resto de las ciudades españolas. No es un problema de diferencias intrínsecas. Son rivalidades locales", explica el autor de La cream coneshion.

El libro está repleto de comentarios que glosan e, incluso, ponen en solfa algunos aspectos de Sevilla. Un personaje de la novela hace un recorrido por la realidad sevillana de esta forma: "Hace veinte años, todos estábamos convencidos de que lo que denominábamos "topicazos" del Mediodía estaban condenados a extinguirse. Todas aquellas manifestaciones "alienantes y reaccionarias" (toros, romerías, flamenco, fútbol, procesiones...) desaparecerían inexorable y felizmente con la llegada de la Democracia, Tierra de Promisión que alumbraría una nueva sociedad, ilustrada y cosmopolita... ¡Craso error!".

El diplomático avala las palabras que pone en boca de este personaje. "Ésa fue una de las cosas que más me chocó a mi regreso. Cuando dejé Sevilla a principios de los ochenta, recuerdo que entre los elementos más progresistas de la ciudad estas celebraciones y actos -las romerías, el fútbol, los toros, el cante- estaban en descrédito porque se identificaban con aquello que había promovido el régimen franquista", comenta. "Me llevé una gran sorpresa al regresar a Sevilla años después. Estos elementos estaban en un momento de resurgimiento absoluto. Son favorecidos desde los poderes públicos. Si uno ve Canal Sur lo comprueba. Empiezo a pensar que son señas de identidad porque son resistentes a todo. Algo debe de haber tras ellas cuando vencen a todo. Pero creo que se están llevando a la exageración total, al desbordamiento...", dice López-Herrera.

"Me parece bien que los progres hayan asumido esto, pero es chocante que se propicie desde los poderes públicos. No se equilibran con otros modelos, como los empresarios, los académicos, la gente del mundo universitario... Para triunfar en la vida, según esta filosofía, hay que ser cantaor, futbolista o torero. Es el mismo modelo que se ofrecía en la época de Franco. A mí me gustan los toros y el fútbol. Pero me preocupa su predominio en la vida andaluza", indica.

El escritor satiriza en el libro a aquellas personas que, sin haber conocido otros lugares, piensan que Sevilla es "la ciudad más bonita y donde mejor se vive del mundo". "Todos los sevillanos tenemos egocentrismo y egolatría. Estamos satisfechos y encantados de habernos conocido. El sevillano carece de complejos de inferioridad respecto a cualquier otra ciudad. Esto se lleva a la exageración. Esa actitud del sevillano es muy irritante para los naturales de otras ciudades andaluzas. Los sevillanos somos conscientes de esa prepotencia en la que caemos", explica el diplomático.

López-Herrera también dirige sus dardos contra la costumbre de muchos sevillanos de utilizar el agravio comparativo contra los vascos y los catalanes. "Me llamó mucho la atención al regresar a Sevilla que hay un discurso generalizado sobre una especie de nacionalismo andaluz a la contra. Es un nacionalismo que no está basado en elementos positivos, sino en el agravio comparativo respecto a vascos y catalanes. Vi en los dos años de mi regreso a la clase política obsesionada por el agravio comparativo. Esto es equivocado. Es algo demagógico. Andalucía debe pensar en términos positivos lo que debe hacer", comenta el autor de La cream coneshion.

"Se ofrece la romería, los toros, el fútbol y el cante; y basándose en ellos, es difícil llegar a un nivel alto de vida. Se exige solidaridad sin reconocer lo que regiones como Cataluña hacen en materia de solidaridad", concluye López Herrera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 10 de enero de 2000.

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