Noriega como símbolo

La memoria de Panamá distinguirá siempre a Omar Torrijos y Arnulfo Arias, acérrimos adversarios en vida, caudillos de controvertida trayectoria y obras -el primero derrocó al segundo en 1968-, pero cuyo liderazgo social fue notable. Menos honroso es el espacio reservado para el general Manuel Antonio Noriega, encarcelado en EE UU con cargos de narcotráfico desde su detención y traslado en grilletes. Estigmatizado incluso entre quienes le secundaron, parece condenado a su exhibición pública como símbolo de uno de los periodos nacionales más corrompidos.José Blandón, que fue su cónsul en Nueva York en fechas previas a la invasión de 1989, declaró por entonces ante una subcomisión del Senado norteamericano que el jefe de las desaparecidas Fuerzas de Defensa era dueño de una decena de fincas en Panamá y en Francia, de una flotilla de automóviles BMW, varios helicópteros y aviones y su fortuna personal ascendía a cerca de 1.000 millones de dólares. Durante el control político y militar de un dictador que cobraba una millonada de la CIA, y conspiraba al tiempo con los cubanos, prosperó el narcotráfico, el blanqueo de capitales y el envío de armas a la guerrilla, a los contras nicaragüenses o al mejor postor.

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Panamá se transformó en un avispero donde floreció el blanqueo de capitales, la inestabilidad y una violenta división social. Los jefes de las Fuerzas de Defensa, uno de los objetivos de la invasión norteamericana, se hicieron ricos en una nación cuyo PIB cayó 20 puntos. El boicoteo fiscal de la oposición, integrada por el sector más pudiente, redujo los ingresos estatales en casi un 30% y al menos huyeron de Panamá 7.000 millones de dólares. Buena parte recaló en Miami.

Fueron años en que la CIA organizaba operaciones triangulares desde Panamá, permitió el narcotráfico por América Central buscando objetivos mayores y llegó a la conclusión de que la utilidad de Noriega no compensaba sus desmanes ni la ampliación de una crisis cuyo origen estaba en la progresiva descomposición de la dictadura torrijista, de la que Noriega fue una de sus ovejas negras.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0011, 11 de diciembre de 1999.

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