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Los líderes socialistas cierran su congreso con un consenso ante los retos de la globalización

El XXI Congreso de la Internacional Socialista se clausuró ayer en París con el propósito declarado de articular, por vez primera, una verdadera política de izquierdas internacional que permita hacer frente a los desafíos de la globalización. Aunque las resoluciones y directrices de este organismo carecen obviamente de carácter ejecutivo y cada partido es muy libre de aplicar la política que le dicten sus criterios, la Internacional busca en esta nueva etapa reforzarse y adaptarse organizativa y políticamente a un mundo cada vez más interrelacionado y dependiente de instancias multinacionales.

"Todos los Estados estamos a favor de una economía de mercado, pero no de una sociedad de mercado. Queremos una sociedad solidaria y una arquitectura de las relaciones internacionales que no sea arquitectura de mercado, sino solidaria", declaró el nuevo líder de la Internacional Socialista, António Guterres. tras la clausura del Congreso.Considerado por sus miembros como el "foro de influencia política más importante del mundo", la Internacional Socialista quiere seguir incorporando a nuevos partidos y abrirse ahora a las ONG y a los movimientos sociales de nuevo cuño, especialmente a los de los jóvenes.

Doce nuevas organizaciones, entre ellas, el Congreso Nacional Africano (CNA) de Nelson Mandela y Al Fatah de Yasir Arafat, se sumaron ayer, dando así continuidad a un proceso de incremento de adhesiones acelerado tras la caída del muro de Berlín. Medio centenar de partidos se han incorporado en los últimos siete años a la Internacional Socialista, que cuenta hoy con 170 miembros y que va abandonando progresivamente el eurocentrismo que le ha caracterizado durante su historia.

Desde esa perspectiva, se comprende que el nuevo presidente, el primer ministro portugués António Guterres, haya restado significación y trascendencia al debate que enfrenta al socialiberalismo de la tercera vía de la pareja Tony Blair-Gerhard Schröder y al socialismo francés de Lionel Jospin.

El eclecticismo latente en la Declaración de París, aprobada el lunes, ha permitido conciliar posiciones y amortiguar las diferencias, pero no hasta el punto, claro está, de anular las distintos enfoques sobre la concepción y la tarea del socialismo contemporáneo. Lejos de tratar de establecer una doctrina oficial, el Congreso ha presentado esas diferencias como algo enriquecedor.

Con todo, tanto la Declaración de París -trabajada por Felipe González-, como los discursos de los principales líderes europeos, han mostrado a una tercera vía a la defensiva y mucho más precavida. "No queremos perder la identidad, ni disolvernos en un magma heterogéneo, pero debemos coordinarnos con los demócratas norteamericanos para regular la mundialización y reducir las desigualdades", ha indicado António Guterres.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de noviembre de 1999

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