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María Jesús Valdés y García Calvo, premios nacionales de Teatro y Literatura Dramática

El funambulista Antonio Papadopaulo, 'Tonito', distinguido en la especialidad de Circo

La actriz María Jesús Valdés, por su versatilidad en todos los géneros; el escritor Agustín García Calvo, por su texto Baraja del rey don Pedro, y el funambulista Antonio Papadopaulo, Tonito, por su trayectoria, fueron galardonados ayer con los premios nacionales de Teatro, Literatura Dramática y Circo, respectivamente. Los tres se quedaron desconcertados al saberse premiados, pero sus reacciones fueron distintas. Valdés pensó que la noticia era de guasa. García Calvo estaba contrariado por su afán antioficialista. Tonito se llevó la alegría más grande de su vida.

María Jesús Valdés es uno de los fenómenos más curiosos que ha dado el teatro español contemporáneo. Actriz prestigiada y popular en los años cuarenta y cincuenta, dejó drásticamente el teatro cuando había logrado llegar a la cima a la que aspira todo intérprete. Lo hizo por amor. De ideas liberales e incluso en aquella época consideradas casi de izquierdas, se casó con Vicente Gil, el médico personal de Francisco Franco, con quien vivió 30 años, hasta que falleció. Lo dejó todo por él, pero tras la muerte de Gil volvió a por todo. Lo insólito es que ha vuelto a situarse en la cima y a ser considerada una de las grandes primeras actrices del teatro español."Atolondrada"

"Mi primera reacción al conocer la noticia ha sido la de una mujer atolondrada. Pensaba que no era verdad y que me gastaban una broma", comentó esta mujer que ya recibió de joven dos veces este premio, una por su trabajo en el Tenorio y otra por su trabajo con el director de teatro José Luis Alonso. "Éste ha sido mucho más emocionante e importante, porque supone el reconocimiento no tanto a mi persona, sino al esfuerzo hecho por mi carrera de teatro, y encima incluye una dotación económica que en cuanto tenga un rato libre pensaré en qué gastar", agrega. El Premio Nacional de Teatro está dotado con cinco millones de pesetas, al igual que el Nacional de Circo.

En su tercera vida, como llama Valdés a esta nueva etapa en el teatro, volvió, reclamada por Adolfo Marsillach, como profesora de la Escuela de Teatro Clásico. Luego subió tímidamente a un escenario con La dama del alba, de Alejandro Casona. "Ahí comprobé que aún tenía memoria y que era aceptada por mis compañeros, por el público y por la prensa, porque de lo contrario, con todo el dolor de mi corazón, me hubiera retirado", manifiesta esta actriz, cuyo carácter bondadoso, divertido y seductor encandila. Después fue un éxito tras otro: El cerco de Leningrado, con Nuria Espert, o Tres mujeres altas. Después fue Una noche con los clásicos, con Marsillach y Amparo Rivelles, con quienes se escapa con frecuencia para rememorar las juergas que se pasaron durante los dos años de gira. Su último trabajo fue con un controvertido montaje del texto lorquiano La casa de Bernarda Alba, que realizó Calixto Bieito. En febrero estrenará en el Centro Dramático Nacional La visita de la vieja dama, de Friedrich Dürrenmatt. "A veces pienso que no me merezco tanto, pero otras vivo todo esto como un premio por las cosas a las que he tenido que renunciar. Pero las cosas siempre hay que hacerlas sin esperar recompensas".

El jurado del Premio Nacional de Teatro estuvo presidido por Andrés Ruiz Tarazona, director del Inaem, y formado por Eduardo Galán, Alberto de la Hera, Jerónimo López Mozo, Enma Ruiz Penella, Javier Villán, Sergi Belbel y Manuel Galiana. Actuó como secretaria María Teresa López Reno.

El dramaturgo señala que ha estado al margen de la cultura oficial

Agustín García Calvo, de 73 años, afirmó ayer que el Premio Nacional de Literatura Dramática le coloca en una situación difícil: "Siempre he tratado de mantenerme al margen de la cultura oficial, de todo lo que ella representa, y no paro de hablar mal de ella", comentó el dramaturgo al conocer la noticia, al tiempo que permanecía dubitativo sin dejar claro si aceptaría o no el galardón. En ese instante invirtió la pequeña entrevista y se puso a hacer preguntas sobre este galardón, dotado con dos millones y medio de pesetas. A los pocos minutos parecía decidido a aceptarlo: "Si hubiera sido algo de más envergadura, no habría tenido la menor duda en rechazarlo y, además, puede ayudar al Teatro de la Abadía", dice en referencia al teatro con el que se ha implicado en los últimos años y en el que el director José Luis Gómez estrenará Baraja del rey don Pedro el próximo 15 de enero.Cuando se le pregunta si sigue siendo anarquista, muestra una vez más su rebeldía y niega la mayor: "Nadie puede ser anarquista, la persona es reaccionaria por esencia, hay algo que nos puede, nadie es de verdad. Por mi parte, sólo me limito a intentar ser lo menos que puedo, que es muy poco", dice.García Calvo, que ejerció como catedrático de Filología en Sevilla y posteriormente en Madrid, fue muy popular entre los movimientos antifranquistas a raíz de ser expulsado de su cátedra en 1965. Cuatro años después se autoexilió en París, donde vivió hasta 1976.Se puede considerar a este zamorano rebelde y contestatario como uno de los escritores españoles que ha navegado por más géneros literarios. Filosofía, ensayo, novela, poesía, artículos, traducciones, versiones rítmicas de clásicos, libros para niños y teatro, género en el que ha publicado desde 1976 varios textos, entre los que destacan Fenis o la manceba de su padre o El rey de una hora, entre otros.Baraja del rey don Pedro, que cuenta con algunas acotaciones para la puesta en escena, es el primer drama histórico que García Calvo escribe en teatro. Se sitúa en la batalla de Montiel en torno a la figura de Pedro el Cruel: "Se mezcla la guerra, el amor o como se llame eso y el dinero en su relación con el poder. Si me decidí por esta forma, fue por culpa de Shakespeare y por darles la réplica a nuestros infames dramaturgos del Siglo de Oro, que trataron tan mal la figura de Pedro el Cruel".El recitado de la obra completa por parte de su autor está grabado en el Teatro de la Abadía, donde García Calvo trabajó con los actores. Su colaboración con este centro escénico desde que se fundara, hace cuatro años, es también una excepción: "He contribuido con La Abadía muy a gusto, los hombres de la cultura no se acuerdan de mí para nada, por la cuenta que les tiene, pero Gómez es una excepción".El jurado del premio, presidido por Fernando de Lanzas, director general del Libro, estuvo compuesto por Jerónimo López Mozo, Eduardo Haro Tecglen, Manuel González, Patri Urkizu, Francesc Massip, Fermín Cabal, Andrés Amorós, José María Díaz Borque, Carlos Hipólito y José Monleón. Quedaron como finalistas José Martín Recuerda y Domingo Miras.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 27 de octubre de 1999

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