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Reportaje:

"En mis libros nada es lo que parece"

Tranquila, segura, locuaz y muy centrada. Así se mostraba ayer la joven escritora Espido Freire (Bilbao, 1974), el día siguiente de haber conseguido el Premio Planeta de novela, dotado con 50 millones de pesetas, con su obra Melocotones helados. Ni la cuantía económica ni la proyección que el premio dará a su carrera parecían motivos suficientes para alterar su estado de ánimo. "Todavía no he asimilado que he ganado el Planeta, ya veremos qué pasa dentro de una semana", argumentaba para justificar su sosiego. Aseguraba la escritora que lo suyo tampoco son los estallidos incontrolados de emoción: "Soy muy tranquila, no me tomo las cosas malas como dramones ni las buenas las celebro con grandes saltos".Desde el mismo momento en que aceptó el consejo de su agente para presentarse al premio, Espido Freire previó la posibilidad de ganarlo. "Sabía que podía ocurrir, y que si ocurría sería bueno en algunos aspectos y malo en otros, porque con el Planeta la difusión de mi obra será mucho mayor. Y, claro, al llegar a tanta gente una se expone a críticas mayores, gran cantidad de gente que no me conocía pasará a opinar sobre mí".

Anticipándose a esas futuras opiniones, la autora habló ayer de Melocotones helados -"una historia de búsqueda y pérdida de raíces"- como "una novela muy fresca y directa, con mayor intensidad y madurez que las anteriores, aunque cada novela que escribo me parece la mejor".

La joven ganadora del Planeta pudo haber sido pintora -estuvo a punto de matricularse en Bellas Artes-, se dedicó a la música -soprano ligera, formó parte de un coro que acompañó a José Carreras en una gira por Europa- e incluso frecuentó durante algún tiempo las aulas universitarias de Derecho. Finalmente se licenció en Filología inglesa y dejó germinar una vena literaria que la acompaña desde la infancia: "La literatura ejerce un papel fundamental en mi vida, vertebra mi existencia".

Pese a sus incursiones en otras artes, fue una escritora precoz: se estrenó a los ocho años con "novelitas de pocas páginas"; a los 11 anunció a sus compañeras de clase que iba a escribir una novela sobre ellas, "y a los 15 o 16 empecé a escribir con conciencia de hacer una obra literaria". Desde pequeña ejercitó también una "enorme capacidad de fabulación", estimulada por su familia: "Necesitaba que me contaran cuentos para comer, para dormirme...". Sus libros están muy marcados por su aptitud para imaginar, no en vano su objetivo es crear una atmósfera propia, un mundo en el que el autor tenga que luchar para desentrañar la verdadera esencia de personajes e historias. "En mis libros nada es lo que parece a primera vista", afirmó la autora, que se declara enormemente influida por el realismo mágico y utiliza la literatura para escapar de la realidad: "Cuando escribo huyo a una tierra de nadie cuyas leyes las impongo yo".

Cuando se inició en el mundo de las letras decidió que también quería tener un nombre propio, y por eso optó por excluir su nombre de pila, Laura, de la firma que acompaña sus obras. "Laura Espido se parece a Laura Esquivel, y Laura Freire a Laura Freixas. Son dos autoras a las que admiro, pero quería evitar que se me confundiera con ellas".

Con ese mismo nombre se presentó al Planeta, sin recurrir a seudónimos, "porque no tenía nada que perder, no soy muy conocida. Y supongo que la arrogancia también tuvo algo que ver", admitía ayer esta mujer que considera la juventud "como una ventaja en todos los sentidos", aunque recela de la mirada uniforme que se proyecta sobre los nuevos autores. "Se ha puesto especial énfasis en el hiperrealismo urbano de los jóvenes escritores, pero no es la única literatura que se está haciendo".

Espido Freire espera que el premio no influya en su forma de escribir, que la lleva a "tener en marcha tres o cuatro proyectos a la vez" porque le gusta "mucho cambiar", y pretende seguir desarrollando el camino iniciado con sus primeras obras. "Necesito escribir más para ver qué es lo que da unidad a mi trabajo, pero de momento sé que voy en una dirección: trato de explorar las historias no contadas, lo que no se dice, las historias no contadas, tanto las individuales como las sociales".

Espido Freire confía también en que la intensa campaña de promoción de la obra ganadora -que saldrá a la venta el 10 de noviembre, con una tirada inicial de 225.000 ejemplares- la ayude a pulir su faceta periodística, que cultiva como columnista en varios medios de comunicación, entre ellos EL PAÍS. "Me siento mucho más cómoda en el terreno literario que en el periodístico, en el que llevo pocos años y tengo poca soltura. A ver si se me pega algo de la periodista estupenda que es Nativel Preciado [finalista del Planeta con El egoísta], aprovecharé la campaña de promoción para preguntarle muchas cosas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de octubre de 1999

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