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EL RENACER DE UN TEATRO

Directores de orquesta y cantantes alaban la belleza y la acústica del teatro

La conjunción entre estilos moderno y antiguo fue calificada de "acertada"

Ni una discrepancia sobre la belleza de la sala del nuevo Liceo. Directores de orquesta y cantantes invitados a la inauguración del teatro fueron unánimes a la hora de juzgar la reconstrucción del coliseo. "Me encuentro de nuevo en mi Liceo", dijo el tenor Jaume Aragall, mientras que la mítica soprano italiana Magda Olivera lo calificó de "milagro". La acústica fue alabada y se destacó su mayor brillantez frente a la del antiguo teatro. La conjunción entre los espacios modernos y los que son una copia del siglo XIX fue calificada de "acertada"

"Nunca había estado en el Liceo, pero me sorprende muy gratamente la aceptable comunión entre las nuevas zonas de descanso y la sala al viejo estilo", comentó el director de cine y presidente de la SGAE Manuel Gutiérrez Aragón. "Lo que más me ha gustado de esta inauguración es que se haya decidido que los signos exteriores no reflejen una velada de gala. Es altamente esperanzador que mientras otros teatros de ópera se obstinan en hacer de los coliseos líricos un signo de distinción social, en Barcelona, el Liceo muestre una cara diferente, más democrática", señaló el director de cine.La acústica del nuevo Liceo fue alabada por el director de orquesta Jordi Savall. "El sonido es perfecto. Más brillante que antes", aseguró. El músico calificó de "increíble" la reconstrucción de la antigua sala del teatro. "Parece mentira que se haya podido hacer tan igual". La soprano Montserrat Figueras destacó la "gran fluidez con la que corre la voz".

La mítica soprano italiana Magda Olivero calificó la acústica de muy buena. "Es brillante, clara. Muy buena para la voz", dijo. La cantante aseguró haberse emocionado al entrar en la sala. "Es un milagro", sentenció. "El teatro es de una belleza abrumadora y la representación de Turandot ha sido fantástica". El tenor Jaume Aragall estaba emocionado. "Es todo maravilloso, estoy muy emocionado". El tenor Pedro Lavirgen dijo que el reencuentro le había producido taquicardia. "El teatro es de ensueño y la representación impresionante", aseguró.

El director de orquesta Antoni Ros-Marbà se mostró un poco crítico con la acústica. "Es más sorda que antes y en los palcos la recepción del sonido no siempre es óptima. Lo cierto es que depende del punto en que uno está situado. Pero los que estábamos habituados al antiguo Liceo debemos tener en cuenta que el teatro ahora es como unos zapatos nuevos a los que hay que acostumbrarse". El director de orquesta manifestó su deseo de que el teatro recupere su antigua posición de primer coliseo de ópera de España. "Durante estos cinco año y medio que han pasado desde el incendio, se ha abierto el Teatro Real de Madrid y diversas ciudades españolas cuentan ahora con temporadas de ópera. El Liceo puede volver a situarse a la misma altura que antes si sabe trabajar bien lo que hace grande a un teatro de ópera: una orquesta y un coro de calidad".

A la inauguración estaban invitados históricos cantantes, entre los que se hallaban el tenor Carlo Bergonzi y las sopranos Bianca Berini y Virginia Zani, entre otros. Montserrat Caballé y José Carreras, dos de los más emblemáticos cantantes del teatro, disculparon su asistencia a la inauguración por compromisos profesionales, al igual que Plácido Domingo y el barítono Juan Pons.

Entre los responsables de teatros de ópera estaban Juan Cambreleng, director del Teatro Real; Emilio Sagi, del Teatro de la Zarzuela, y Hugues Gall, de la Bastilla de París. Así como ex directores generales -Josep Maria Busquets y Jordi Maluquer- y artísticos -Lluís Andreu y Albin Hänseroth- del Liceo. "Al entrar en la sala he visto que todo era igual. Incluso algunos palcos tienen, como antes, sillas que dan la espalda al escenario. Me he sentido de nuevo en el teatro", dijo Hänseroth.

El nuevo y amplio foyer del Liceo, situado bajo la platea y que tiene los mismos metros cuadrados que ésta, se convirtió, después de la sala, en la estrella de la noche inaugural. Allí se situó una reproducción a escala del nuevo teatro confeccionada con chocolate negro y blanco. En los descansos, el público acudía allí en masa y apenas si se podía dar un paso de tan concurrido como estaba. En el primer entreacto, el príncipe Felipe y el duque de Palma de Mallorca, Iñaki Urdangarín, bajaron hasta la nueva sala de descanso y, rompiendo el protocolo, se mezclaron durante unos minutos entre el público, mientras los Reyes, los duques de Lugo y las autoridades ocuparon el salón de los espejos, cuyo acceso fue cerrado al público.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de octubre de 1999