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GUERRA EN CHECHENIA

"Académico en medicina, checheno y bandido"

A la entrada del hospital central de Grozni, una empleada, Liuba, dice que se ha olvidado la última vez que cobró su sueldo, y que los rusos ni siquiera pagan las pensiones a los jubilados. "No sólo quieren matarnos a bombazos, también de hambre", exclama. Mientras habla Liuba, franquea la entrada un turismo cargado con cajas en las que se ve el anagrama de la Cruz Roja. Según el doctor Aslambek Atsaláyev, cirujano jefe del centro, es lo único que les queda. "Dentro de poco", afirma, "nos veremos obligados a cerrar si no recibimos ayuda masiva. No tenemos nada: ni plasma ni vendas ni medicinas ni comida ni salarios. La mitad del personal ya no acude a trabajar. Pero me quedaré hasta el fin. ¿En qué piensa el mundo?"Sólo en este centro se pueden efectuar operaciones complicadas y, por algún motivo que debe tener más que ver con la providencia que con la suerte, aún no ha sido bombardeado, cosa que no pueden decir otros dos hospitales de Grozni. Atsaláyev se presenta como "académico de medicina, checheno y bandido", una ironía para desacreditar la versión rusa de que su país es una guarida de secuestradores, asesinos y ladrones a los que hay que exterminar sin compasión.

El hospital que enseña es tercermundista, pero limpio, si no fuese por un reguero de sangre por uno de los pasillos. Como un parte de guerra, relaciona los heridos ingresados en los últimos tres días: "37 de Urús Martán, 65 de Nozhaiyurt, 35 de Naur, 27 de Cholkoskoe... Desde agosto, hemos atendido a 1.077 heridos". Uno de ellos se llamaba Voronkov. Era teniente coronel. Ruso. Pero fue operado y atendido, aunque murió durante el posoperatorio. En el hospital quedan sólo los que esperan ser intervenidos, los recién operados y los moribundos. La mayoría de los internados confiesan ser campesinos, obreros, comerciantes, jubilados o amas de casa.

Turno en el quirófano

Como Raísa, enferma de pleuresía, que asegura que tuvo que llegar a pie, agotada, desde Argún, a unos 25 kilómetros de distancia. O como Ahmed, que tiene un pequeño huerto y que fue alcanzando por un trozo de metralla en la cabeza, que ayer tenía cubierta con una venda empapada en sangre mientras esperaba turno para el quirófano.Un hombre de unos 40 años, cuyo nombre no alcancé a entender, escucha como si no fuera con él el diagnóstico del doctor Atsaláyev: "Tiene dañada sin remedio la columna vertebral. Nunca volverá a caminar".

No se ven muchos niños, pero los hay. Como Vestlán, que aparenta menos de los 13 años que confiesa. Fue herido el sábado. Tiene el pecho cubierto de vendajes y daños, tal vez irreparables en el intestino. Es el escenario de siempre en un hospital de guerra. Sólo que en esta batalla parece que los soldados son más respetados por la muerte que los civiles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 5 de octubre de 1999