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Tribuna:

Pequeñas alegrías

Una recopilación de artículos y trabajos breves publicada en Alianza Editorial bajo el título Pequeñas alegrías brinda en bandeja la posibilidad de un reencuentro con Hermann Hesse. Las inquietudes del escritor se contemplan en pequeñas pinceladas, cubriendo un arco de más de 60 años. Pequeñas alegrías es el título de la primera y más antigua de las piezas. Escrita hace un siglo, en 1899, desprende una contagiosa vitalidad y, lo que es más sorprendente, una rabiosa actualidad en su diagnóstico cultural. Hesse defiende, entre otras cuestiones, la alegría de vivir desde las pequeñas cosas de la vida cotidiana y la sencillez en los caminos de acceso al conocimiento. El tema bien merece otra vuelta de tuerca. La reivindicación de la sencillez nunca es accesoria en el mundo de la cultura. Y en particular, en el de la música. No es, en absoluto, cuestión de simplicidad, sino más bien de la búsqueda de un clima de comunicación directo y cálido que potencie lo intimista frente a lo pretencioso. La llegada del verano trae consigo grandes festivales, solemnes anuncios de nuevas temporadas, y a veces algunos esfuerzos de hondo calado humano quedan relegados al olvido. Me centraré en tres ejemplos al hilo de la actualidad.

El primero de ellos viene del campo operístico y tiene como protagonista al Liceo de Barcelona. Coincidiendo con las representaciones de La flauta mágica, escenificada por Comediants, el departamento pedagógico del Liceo, dirigido por un experto tan meticuloso como Xavier Pujol, ha editado un CD-ROM de iniciación a la genial ópera mozartiana, con un viaje a través de la historia, la música y las voces, aderezado con un montón de juegos y pasatiempos didácticos. Con toda seguridad va a despertar la curiosidad de muchos jóvenes por el arte lírico. De hecho, está pensado para una distribución masiva en escuelas y colegios, aunque también se vende en el vestíbulo del teatro Victoria los días de representación de La flauta. No sé si el Liceo logrará mantener en su inmediata reapertura los criterios de calidad artística que de él se esperan, pero al menos su proyecto global concede una gran importancia a la dimensión social. La experiencia educativa, sin ir más lejos, no se limita al CD-ROM de La flauta (anteriormente ya habían editado otro con Norma), sino que se extiende de momento a la próxima producción de una ópera de Menotti para niños y jóvenes (después de la magnífica acogida que tuvo en estos sectores recientemente Brundibár, de Hans Krása), en colaboración con A Coruña y Las Palmas de Gran Canaria, dos lugares a los que no hace falta convencer de la necesidad de ampliar el tejido sociológico de la ópera.

El segundo ejemplo procede de Italia y está relacionado con la puesta en marcha de un nuevo festival en la zona vitivinícola de Chianti. Comienza mañana con un proceso público a Nerón, en el que intervienen representantes de diferentes estamentos de la cultura, y se extiende hasta el 24 de septiembre alternando poesía, música culta, cantantes populares y, claro, buenos caldos. En lugares como Castellina o Radda se representará en versión camerística la ópera Nerón, de Boito, y en la Certosa de Pontignano habrá en agosto un Concierto de luna nueva, con Beppe Cantarelli, el tenor histórico Carlo Bergonzi o el flautista Roberto Fabricciani, entre otros, y así hasta un total de 35 actos, que oscilan desde lo más tradicional hasta la presencia de compositores como Sylvano Bussotti y óperas como Pía de Tolomei, de Donizetti. Entre los organizadores figura una curiosa asociación Gustav Mahler, continuadora de la formada allá por el año 90 en Londres por Elías Canetti, Octavio Paz, Vaclav Havel y el inquieto Roberto Fabricciani.

Del mundo de la edición viene el tercer ejemplo del minirecorrido por pequeñas grandes cosas de las que nunca se suele hablar. Senderos para el 2000, la revista hablada y escrita de creación musical de Paralelo Madrid, ha llegado esta semana a su octava entrega. La colección que dirigen Carlos Galán y Llorenç Barber es un auténtico tesoro, con reflexiones llenas de originalidad a cargo de casi medio centenar de compositores, enmarcadas en un diseño que suple con desbordante imaginación y encanto la carencia de medios económicos. Anteayer se presentó en el Círculo de Bellas Artes el último número antes de un extraordinario lleno de sorpresas que tiene prevista su salida el 18 de enero próximo.

Son tres muestras desde la educación operística, los festivales y la composición, pero podrían ser unas cuantas más. Ninguna de ellas requiere grandes desembolsos y son todas de clara utilidad social. En ellas late el lado gozoso y festivo capaz de conmover desde la sencillez, y además proporcionan -volviendo a Hesse- pequeñas pero muy intensas alegrías.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de junio de 1999