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La escultura de vanguardia española se reúne en Vigo

Pablo Gargallo, Julio González y Manolo Hugué inventaron un lenguaje escultórico en el París de las vanguardias, y Caixavigo los ha reunido en una exposición que resume su aportación a la escultura europea, esto es, la aplicación del vacío a las formas escultóricas, que hasta ese momento eran tridimensionales, macizas, opacas y compactas. También descubrieron la chapa, el hierro y la soldadura como materiales escultóricos. En el Centro Cultural Caixavigo se exhiben algunas de las obras claves de su evolución artística, representantes de cada etapa artística, que se muestran junto a algunos dibujos.

Los tres escultores fueron amigos entre sí y de Picasso, con quien colaboraron en diversos trabajos. Todos se conocían de las tertulias de Els Quatre Gats, en Barcelona, y se reencontraron en el tiempo de oro del París de entreguerras.

A Pablo Gargallo y Julio González, que mantuvieron en su obra la carga figurativa, compaginándola con sus búsquedas en el cubismo y la abstracción, los consagró su tratamiento de la chapa y el hierro, materiales inéditos para el arte y que ellos aprovecharon para obtener expresiones mucho más intensas.

Gargallo llegó al cénit de la escultura europea empleando los citados metales en obras como El Profeta, Greta Garbo con mechón o Picador, la última presente en la exposición de Vigo. Hugué, sin embargo, aunque asimiló algunos criterios del cubismo, no fue un vanguardista en sentido estricto. Entendió la escultura como "el lenguaje de los volúmenes rotundos" y fue un artista sensible y ecléctico que, condicionado por su mala salud, prefería los formatos medianos.

"Manolo modela, Gargallo esculpe y González diseña", sintetizó el crítico de arte Kosme de Barañano hace dos años. Tres formas de acercarse a la escultura que se hacen patentes en esta exposición de Vigo: los cuerpos redondeados que vibran de Hugué, los retratos recortados en chapa de Gargallo y el espacio escultórico que Julio González inventa para siempre soldando hierro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de junio de 1999