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58º FERIA DEL LIBRO DE MADRID

Núria Amat novela la humillación de la burguesía catalanista de posguerra

"Hacía tiempo que quería escribir sobre mis orígenes", dice la autora

Fábricas de tejidos, mansiones en los barrios altos, escapadas a la Costa Brava, viajes de novios al extranjero. Por esos paisajes se mueven los protagonistas de El país del alma (Seix Barral), la nueva novela de Núria Amat (Barcelona, 1951). A pesar de los privilegios económicos, la burguesía catalanista también sentía la represión del franquismo, sobre todo en lo tocante a la lengua y la progresión social. Víctima de todo ello es la protagonista de la novela, Nena Rocamora, atenazada por los prejuicios ideológicos de la época.

, Aunque hoy muchos la considerarían una nena pija, la autora no lo ve así: "Mis personajes son los herederos de la Lliga Regionalista de Cambó. Los verdaderos pijos eran los del Club de Polo". Núria Amat, que no esconde lo autobiográfico del ambiente que describe El país del alma, asegura que después de la guerra había dos tipos distintos de burgueses: "La alta burguesía de verdad, la de derechas, la que no respetaba el país ni la lengua, y la nuestra, liberal, conservadora pero europeísta, que en lugar de ir al Liceo iba al Palau de la Música y que mantuvo la lengua catalana en casa. De ahí viene el título: el país es la patria que se lleva dentro, en un alma que los protagonistas tienen secuestrada". Los protagonistas de la novela son en realidad dos, Nena Rocamora y su novio y después marido, Baltus Arnau, hombre de veleidades artísticas condenado a ejercer de empresario para preservar el patrimonio familiar. Sobre Baltus, Amat explica: "Es un reflejo de muchos hombres que conocí, como Carlos Barral, Gil de Biedma o Ferrater, a los que la guerra volvió melancólicos y les robó las ambiciones, aunque no la fe en el progreso". En cuanto a Nena, que tiene tintes de heroína clásica a la catalana, "es un homenaje a determinadas mujeres de aquella época, del estilo de Emily Dickinson, Jane Austen o las hermanas Brönte, a quienes la cerrazón familiar impidió desarrollar todo su potencial creativo". La frágil salud de la chica y la inercia que llevaba a las mujeres a un embarazo tras otro no hacen más que refrendar, según Amat, "la incapacidad de resistir un mundo tan opresor".

"El dilema de la lengua"

"Hacía tiempo que quería escribir sobre mis orígenes", continua Amat, para quien éste es su noveno libro, "pero he tardado porque no encontraba una voz propia, que al final ha surgido de lo poético, lo metafórico". Aunque aparecen escritores y artistas conocidos, e incluso el propio general Franco, El país del alma huye de los referentes reales a fin de universalizar el conflicto: el catalán es "la lengua del país pequeño", Andalucía se transforma en "el sur del país grande" y los escenarios de la acción reciben nombres inventados. Amat agrega: "Lo más importante de una novela es el lenguaje, las palabras, que al final incluso para Nena y Baltus terminan convirtiéndose en el único refugio. También las palabras son otro país del alma, por eso ella escribe versos". Uno de esos personajes que aparecen con nombre y apellido es la escritora Mercè Rodoreda, autora de obras centradas en el mismo periodo histórico, como Mirall trencat y La plaça del Diamant. Núria Amat se siente deudora de ella porque le ha ayudado a entender aquellos años oscuros: "En mi casa se hablaba de la guerra, pero no de la posguerra, así que para documentarme he recurrido a la Rodoreda, pero también a las memorias de Manuel Ortínez o a los libros de Perucho y de los Goytisolo". Pero Mercè Rodoreda escribió toda su obra en catalán. "Claro, el dilema de la lengua. Yo escribo en castellano porque soy producto de una época. En casa se hablaba en catalán, pero mi madre murió y yo crecí y fui escolarizada en castellano. De hecho, la mayoría de la novelística catalana sobre la posguerra se ha escrito en esta lengua: Marsé, Mendoza, los Goytisolo mismos... Algunos de ellos, como yo, provienen de la burguesía, pero de esa burguesía ilustrada, culta, que leía. La diferencia con la burguesía de ahora es que nuestros padres tenían mayor respeto por las libertades, incluida la del idioma".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de junio de 1999