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Crítica:DANZA - 'LAZURD'

Ritual de la lengua y el pie

De auténtica sorpresa puede calificarse la llegada a la madrileña sala Cuarta Pared, y dentro del Festival Madrid en Danza, de la obra Lazurd (parte de una Trilogía del agua), creada por Carles Mallol e Inés Boza, con su grupo Senza Tempo. No veíamos un suelo de alfombras persas desde Le Royaume Milenaire, de L"Esquisse, y es que el trabajo de Regis Obadia se siente sobre este grupo, lo mismo que la herencia teatralizante de François Verret y de toda una época de la nueva danza francesa donde el viaje poético era un tema recurrente y donde, sin embargo, no falta el compromiso social.En Lazurd, una encopetada dama lee el Financial Times mientras en torno suyo cuatro seres errantes arman el circo de la vida: juego y riesgo, luchas y miserias, truco y prestidigitación. Es como una tropa emigrante y aventurera de actores o parias que resumen muchas cosas; hasta que comienza un ritual perverso en el agua y en el que sigue estando la farsa y el circo como base formal de la acción. Cualquier diferencia de clase o condición desaparece y se abre la espita de los deseos prohibidos, donde todo vale como pulsión o camino hacia el éxtasis, sea cual sea. La coreografía es excelente, y se apoya en una aguda selección musical donde hay alusión tanto a los derviches como al sexo duro, dentro de un espacio escénico virtuoso e imaginativo. Hay que destacar el baile y la potencia de Inés Boza y la química de alta fogosidad que despliega junto a Víctor Zambrana, un pequeño gran antihéroe capaz de sacar de sus músculos los valores de una expresión poderosa. El público, convenientemente remojado en las primeras filas por la efusividad acuática de los artistas, aplaudió con entusiasmo un trabajo serio y conseguido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de junio de 1999