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Tribuna:

El voto nacionalista VICENT FRANCH I FERRER

El nacionalismo valenciano, el democrático, el que baja a la arena política para medirse con los dos grandes partidos estatales, vuelve a enfrentarse a su reto de siempre: entrar en las Cortes Valencianas. De nuevo lo que va a dirimirse en las urnas tiene que ver con el anómalo desarrollo de la conciencia particular de los valencianos en un proceso donde la mayor parte de las CC AA con hecho diferencial han conseguido generar espacio político para fuerzas de carácter autóctono ligadas a la conversión del dato identitario en programa político. En nuestro caso, la reiterada ocupación de los partidos de ámbito estatal del espacio político que en otros lugares poseen partidos autóctonos de carácter nacionalista, pone de manifiesto que o bien el programa nacional era asumible por aquellos, o bien que la confusión existente sobre la identidad impidió la conexión del programa político nacionalista con la sensibilidad social que presumiblemente había de existir para que se produjese el éxito político deseado; o, quizás, los errores en el diseño identitario y la escasa presión social en el hecho diferencial dieron lugar a un comportamiento homologado o asimilado a lo español. La geografía de la audiencia política de nuestro nacionalismo progresista y democrático (obviamente no hablo de UV) pone de relieve que allí donde se dan ciertas condiciones muy evidentes (zonas valenciano-hablantes de comarcas donde subsiste la agricultura como actividad importante, cercanas a la costa o marítimas, con un sistema de ciudades medias, socialmente diversificadas, presencia del turismo y del pequeño comercio y con escasa inmigración de fuera del País Valenciano, por citar los datos más relevantes) los errores teóricos sobre el modelo identitario y sobre su concreción política, no habrían sido decisivos para el despegue electoral de las candidaturas municipales de ese nacionalismo. Sin esos errores puede que las cotas de poder municipal del nacionalismo hubiesen sido mayores en esas zonas, o, quizás, y por el contrario, puede que el voto nacionalista esté débilmente influenciado por la teoría nacional subyacente; incluso que, finalmente, exista un divorcio entre identidad local y valenciana que lleva a un comportamiento de escisión de voto a los votantes locales del nacionalismo. Pero hay otros datos: se trata, inevitablemente, del énfasis que los partidos de ámbito estatal ponen entre nosotros en mostrarse como la auténtica consolación para ese programa nacional valenciano que no alcanza el éxito. Piden el voto de los diferenciales con la advertencia de que puesto que no está asegurado el éxito de los que realmente representan ese espacio sería una pena que se desperdiciase, pero desmienten su buena intención cuando a la postre su programa real no respeta aquel alarde cínico que hicieron. Veinte años después de aprobada la Constitución, a punto de empezar la quinta legislatura de nuestro autogobierno, y habiendo tenido a unos y a otros gobernando, no debe caber la menor duda de que sus hechos y políticas, que sin duda contienen aciertos y errores como toda obra mortal, se diseñan en clave española, es decir, informados por una concepción global española donde lo valenciano resulta sólo coadyuvante del todo, supeditado a la matriz, subsidiario, en suma, de un diseño foráneo. ¿Y eso es malo en sí? ¿ ¿Es, acaso, condenable? No, en absoluto. Los electores que quieren cedazo español para lo valenciano están en su perfecto derecho, y, además, están en mayoría. Pero aquellos otros que se empeñan en justificar lo injustificable, es decir, que el mal menor posee la mayor virtud, no deberían pasar apuros: o aquí o allá. No allá como si estuvieran aquí. Está a la vista hasta donde llega el programa nacional de los partidos estatales entre nosotros los valencianos, qué supone nuestro Estatuto de Autonomía para ellos y cual es el saldo final de sus políticas caritativas con nuestra lengua y cultura como para que resulte una excentricidad pedir desde un Manifiesto de apoyo a las candidaturas autonómicas del Bloc Nacionalista Valencià-Els Verds no sólo el voto a los nacionalistas democráticos sino a todos aquellos que refugiados en un voto útil que hasta hoy no produjo más rentas que la frustración, tienen la oportunidad de reconciliarse con esa verdad que siempre esgrimieron como excusa: que votarían nacionalista en otras circunstancias. ¿Cuáles?

Vicent Franch es candidato del BNV-Els Verds en Aín.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 1 de junio de 1999