Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Tribuna:

La Alhóndiga

JOSÉ MANUEL ALONSO La Alhóndiga forma parte de la historia de Bilbao en este siglo por méritos de su arquitecto, Ricardo Bastida, que la construyó entre 1905 y 1909, y por ser un edificio emblemático que hasta 1973 cumplió con el cometido para el que se creó: almacén de vinos. Este edificio, con cuatro fachadas, es, como toda la obra de Bastida, de estilo ecléctico, clasicista a la vez que moderno. Al dejar de ser almacén comenzaron las especulaciones. Se convertía en terreno idóneo para levantar un gran bloque de viviendas y eso se pretendió hacer en los años 70, oponiéndose rotundamente un grupo significativo de ciudadanos, que consiguieron paralizar aquel proyecto. Con la llegada de la democracia, los alcaldes o candidatos aprovecharon la Alhóndiga para idear nuevas iniciativas. La más sonada fue la de José María Gorordo, ofreciendo el almacén de vinos como futuro gran centro del Museo Contemporáneo, así como biblioteca, conservatorio de música, etc. El proyecto se lo ofreció a tres figuras: Sáenz de Oiza, Fullaondo y Oteiza, que presentaron un enorme cubo. La Junta de Patrimonio del Gobierno vasco entendió que no se respetaba el viejo edificio de Bastida, considerado ya como monumento, y el Colegio de Arquitectos, alegó que "el cubo rompía el diálogo entre tradición y modernidad". Hubo otras quejas, unas por su costo (diez mil millones) y otras por su enorme tamaño, que afectaría y perjudicaría a toda la zona del Ensanche. El cubo terminó en un culebrón baldío. Después de Gorordo, ya con el Museo Guggenheim, Ortuondo ofertó para la Alhóndiga un ambicioso proyecto deportivo, además de apartamentos y garajes. Y ahora, cuando ya se trabajaba sobre esa iniciativa, llega el candidato Iñaki Azkuna y sorprende a todos ofertando un nuevo proyecto cultural que recuerda en parte a aquel de finales de los 80, aunque sin cubo. Todo esto nos hace seguir dudando del destino final de la Alhóndiga y de que se respete o no al bueno de Bastida y lo que hizo (y representa) para Bilbao y para la arquitectura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de mayo de 1999