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Julien Temple utiliza la figura de Jean Vigo para reivindicar "otro cine" en su último filme

Después de ser el ojo avispado que supo rentabilizar el estallido punki de los Sex Pistols con la película documental Dios salve a la reina y después de ser el director de videoclips favorito de los Stones, David Bowie o Neil Young, Julien Temple asegura que ha cambiado de ritmo con Vigo, historia de una pasión. La película, que recrea la vida del cineasta francés Jean Vigo, es para Temple la historia de un pionero del cine como experiencia radical. Vigo es un ejemplo para los que creen en otro cine, en el cine que busca la individualidad poética.

Julien Temple fue un cineasta de moda en los años ochenta, pero, después del ruido promocional (y las pésimas críticas) que provocó su película musical Principiantes, el director pareció desaparecer del mapa de la actualidad. Una primera, y de momento última, experiencia en Hollywood (Las chicas de la tierra son fáciles, de 1989) y un documental para la pantalla IMAX sobre el Tour Steels Wheels de los Rolling Stones, de 1991, son los escasos estrenos en los últimos diez años de este virtuoso del vídeo. "He estado muchos años preparando esta película", explicó Temple en Madrid, donde presentó Vigo, la historia de una pasión, una cooproducción entre Francia, Reino Unido y España que se estrena el próximo viernes. "Era difícil encontrar financiación porque para los ingleses, Vigo, que era medio catalán, era la historia de un cineasta francés desconocido, y para los franceses era tocar a uno de sus creadores más sagrados".

Biografía tormentosa

Para Julien Temple, la tormentosa biografía de Jean Vigo es una forma de reivindicar una forma de entender el cine. "Para mí era contar la historia de un cineasta que, desde que le vi en la escuela de cine Cero en Conducta, me ha servido como ejemplo. Creo que Vigo es la figura pionera del cine independiente. "Él estaba absolutamente comprometido con su obra". Jean Vigo falleció a los 29 años tras una larga enfermedad pulmonar, marcado por el suicidio de su padre, el anarquista Miguel Amereyda -que utilizó para ahorcarse los cordones de los zapatos que su hijo le había regalado días antes, recordó Temple-. Vigo vivió el cine como una experiencia radical. Despreciado en su época, el cineasta terminó agonizante el montaje de su última película, L"Atalante, considerada una de las obras capitales del cine europeo.

Vigo realizó sus películas junto a sus amigos, fuera de la industria. No quería ser famoso, sólo quería hacer cine, continúa Temple. "Sus películas me gustan, pero sobre todo me gusta su espíritu y lo que representa ahora, cuando existe una verdadera batalla por salvar el alma del cine. El cine independiente es hoy más importante que nunca, porque más que nunca se ha convertido en la lucha contra la venta en serie de las hamburguesas de Hollywood".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 21 de abril de 1999