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Editorial:

Medios y fines (de semana)

EL PASADO fin de semana ha sido el primero en meses en el que no se han producido atentados o sabotajes en Euskadi. Se ignora si ello tiene que ver con el desmarque de la kale borroka que, según se ha sabido ahora, habría anunciado al PNV y a EA la dirección de Jarrai, rama juvenil de la cosa. Arzalluz confirmó ayer tales contactos, pero negó que de ellos hubiera salido un compromiso. Sin embargo, había sido el propio Arzalluz quien, a fines de marzo, dijo estar convencido de que la decisión de acabar con esa forma de amedrentamiento social ya estaba tomada. El líder del PNV también deslizó su sospecha de una manipulación policial de la lucha callejera. Lo hizo a propósito de la detención en Pamplona de un miembro de la Policía Nacional cuando, en estado de embriaguez -según la versión oficial-, quemaba contenedores. Arzalluz ya expresó hace meses su sospecha de que eran falsas las cartas de extorsión firmadas por ETA y recibidas por numerosos empresarios en plena tregua. La policía francesa confirmó su autenticidad. La existencia de provocadores que traten de interferir en el proceso de paz es una hipótesis que no conviene descartar. Sin embargo, está en las manos de ETA desenmascararlos: bastaría con que comunicase por los cauces habituales que renuncia a seguir financiándose mediante el impuesto revolucionario, y que rechaza como contrarias al proceso de paz acciones como la quema de contenedores, las amenazas a concejales no nacionalistas y demás manifestaciones de incivilidad intimidatoria. Pero lo que dicen los comunicados de ETA es que la tregua no comprende las medidas de abastecimiento, y lo que afirmaron los encapuchados de ETA entrevistados en la televisión vasca fue que consideraban a la kale borroka un método legítimo de defensa.

La propuesta de Ibarretxe de crear un foro que supere los de Ajuria Enea y Estella es sensata, pero no pueden ignorarse algunas cuestiones previas: primero, que la integración de EH será imposible mientras no se desmarque claramente de la violencia intimidatoria que viene padeciendo la mitad no nacionalista de la población; segundo, que será muy difícil que EH evolucione hacia posiciones democráticas mientras se mantenga la sospecha máxima hacia las instituciones y la exigencia mínima hacia quienes las rechazan. Especialmente si se hace con un discurso incendiario: la desafiante declaración del PNV a propósito de la resolución judicial sobre la Asamblea kurda es impropia de un partido serio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 20 de abril de 1999