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Aznar, dispuesto a perder 40.000 millones para contentar a Bonn

La credibilidad del euro presiona a favor de un acuerdo financiero

Doscientos cuarenta millones de euros o 40.000 millones de pesetas anuales. Ése es el coste para España de la fórmula propuesta en la cumbre europea del viernes por el presidente del Gobierno, José María Aznar, para ayudar a resolver el saldo financiero de Alemania con la Unión Europea. La iniciativa surgió a última hora, al fraguarse el consenso sobre la necesidad de compensar a Bonn, y ante la presión para alcanzar un acuerdo sobre la Agenda 2000, para evitar que la credibilidad del euro quede mermada.

Hay que pactar en la cumbre del 25 de marzo las finanzas de la Unión Europea para el primer septenio del próximo siglo, "porque nos preocupa que se pudiesen producir complicaciones al euro en los mercados financieros si no tuviéramos éxito". Reiterando esta frase en la solemnidad de la cumbre, el canciller alemán, Gerhard Schröder, lanzó un órdago político a sus 14 colegas. Apeló al posible castigo de los mercados como manera de presionar a todos los Gobiernos para que cedan algo, pues nadie quiere que le culpen como responsable de socavar la moneda única.Esa presión, junto al consenso sobre el principio de que conviene reequilibrar el saldo neto (contribución al presupuesto común menos transferencias recibidas de él) alemán, muy negativo para Bonn, aunque sin acuerdo en cómo ni en cuánto; la reconciliación germano-francesa sobre la disputa del gasto agrícola; y el consiguiente temor a que los fondos estructurales y el de Cohesión sean las próximas dianas del recorte presupuestario (la manera más perjudicial para España de que Alemania pague menos), fueron el escenario en que Aznar lanzó su fórmula. Había sido preparada por el Ministerio de Exteriores tras un Consejo de Ministros de Justicia e Interior en que Bonn reclamó apoyo de los demás para los refugiados y asilados que acoge en su territorio. Petición que fue procesada por España para convertirla en alternativa a la generalización del cheque británico (retorno de parte de la contribución) a los otros países contribuyentes netos.

El programa (véase EL PAÍS del domingo pasado) se justifica como ayuda a las regiones (de Alemania, Austria, de Suecia) que acogen más refugiados, ante la eventualidad de una avalancha inmigratoria del Este, y como preparación de la adhesión de los candidatos orientales. Anillo al dedo, pues beneficiaría a toda la banda de los cuatro, salvo Holanda, para la que se prepara otra salida, reconocerle más gastos administrativas por la gestión del cobro, en Rotterdam, de los derechos de aduana sobre importaciones de países terceros.

Se dotaría con 3.000 millones de euros, medio billón de pesetas, con dinero adicional puesto por todos "en función de su peso relativo" o apelando a "las reservas" no gastadas del presupuesto, dijo Aznar. En ambos casos, a España le corresponde un 8% del presupuesto. Debería contribuir, pues, a este programa con 40.000 millones de pesetas anuales, pagados de más o cobrados de menos, o un poco de ambas cosas. Alemania, que pecha con un tercio del presupuesto, pagaría 1.000 millones de euros, pero a cambio cobraría el 60% (pues ésa es más o menos su cuota sobre el total de refugiados y asilados acogidos por los Quince) de 2.000 millones: 1.200 millones de euros. Saldo neto (1.200 millones cobrados, 1.000 millones pagados): 200 millones de euros, 33.000 millones de pesetas anuales.

Como Bonn pide muchísimo más, el plan debería completarse con otras medidas. El presidente francés, Jacques Chirac, acogió bien la propuesta, pues, a diferencia del cheque británico es ortodoxa desde el punto de vista comunitario. Su único problema es que ha tardado mucho en formularse, tanto tiempo como Madrid ha negado la existencia de un "problema alemán".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de febrero de 1999