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Crítica:DANZA
Crítica

Calidad alternativa

La Pradillo registró un lleno total en todas las sesiones de este Festival Alternativo donde al menos en la oferta danzística se ha visto una exhibición de calidad, inventiva y buenas proyecciones. Comenzó Karine Ponties con dos solos de base hierática y donde partía de algo así como un insecto kafkiano para llegar a dominar su cuerpo potente y controlado, lleno de humor amargo y donde las estrechas frases de baile que se permite demuestran su sólida formación académica.Le siguió Enrique Cabrera con un lenguaje pasional poblado de extremos, de finales de pálpito tras cada frase y donde brilló el baile de Esperanza Mira y Javier Serrano. El dúo canario compuesto por Fernández y Benítez bordó una pieza dinámica con un humor claramente insular y trufado de originales destellos teatrales.

X Festival Alternativo de Madrid

Dame de Pic y Planta baja: Karine Ponties; Pecata minuta: Enrique Cabrera; ¿Piensan las gallinas?: Carmelo Fernández y Juan Benítez; Daisy Planet: Olga Mesa; Llevarnos lo malo: Mónica Runde; Me da igual: Paloma Díaz. Teatro Padrillo. Madrid, 12 y 13 de febrero.

La segunda jornada trajo otra obra de alta concentración a las que nos tiene acostumbrados Oga Mesa, con su más que distintivo estilo pleno de elementos propios: el trazado de tiza en el suelo como las cotas de un precipicio, demostrando en este caso todo lo que un texto puede tener de esencial y no accesorio a una danza. Olga se vuelca y se desnuda en una pieza teatral intensa y sin concesiones, de estremecer. La misma sensación de monólogo interior de la honestidad hizo que Mónica Runde en Llevarnos lo malo estuviera irónica, elegantemente enfundada en Dior primero y destrozada por el desamor después.

El baile personal de Mónica sigue siendo el más estilizado y potente que se pueda ver hoy aquí; su decálogo interpretativo parte de agotar mediante un baile dinámico y virtuoso el asunto argumental, y es así que su baile vibra y hace vibrar. Lo mismo consigue desde la inmovilidad del suelo Olga Mesa, y es que en ambas hay arte verdadero, danza en mayúsculas y en su abanico más abierto.

Cerró el ciclo la humorística pieza de Paloma Díaz que trata de sacar partido al histrión de los bailarines consiguiendo un producto fresco y agradable que deja un buen sabor de boca pero demasiado refugiado en el divertimento. Lo más importante de estas sesiones es ver que la danza contemporánea española cuenta con cantera de creadores, y como ya es habitual, de excelentes intérpretes.

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