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MUJERES

Hollywood olvida a las directoras

La opinión generalizada es que los beneficios de una película dependen del público masculino

Cuando los estudios de Hollywood anunciaron los ingresos de 1998, muchas mujeres aplaudieron en silencio. Tanto Mimi Leder (Deep Impact) como Betty Thomas (Dr. Doolittle) habían lo grado, con sus películas, beneficios superiores a los 150 millones de dólares [21.000 millones de pesetas] en el mercado estadounidense. Era la primera vez que dos directoras sobrepasaban simultáneamente el mágico umbral de los 100 millones de dólares que convierte a un filme en éxito de taquilla.

Sin embargo, otras cifras publicadas meses antes hacen que ese triunfo resulte algo falso. Un estudio del Sindicato de Directores de EE UU muestra que, en el mismo año en el que Thomas y Leder llevaron a cabo sus proyectos, el número de mujeres que trabajaban en proyectos de los grandes estudios sufrió un descenso espectacular.

"La dirección es el terreno por conquistar", dice la productora Gale Ann Hurd, que trabajó en Terminator y Armageddon y que conoce bien los riesgos de penetrar en un bastión masculino. "Es la única área en la que no hemos hecho verdaderos avances".

De hecho, en los ochenta se produjo un aumento espectacular, puesto que el número de directoras de películas estrenadas pasó de cero al 8% del total. Las cifras se han quedado estancadas en los noventa. En el Sindicato de Directores hay ya casi 2.000 mujeres miembros, de un total de 11.000, pero las películas dirigidas por mujeres no representan más del 10% anual.

En los ochenta, todo el mundo creía que la raíz del problema consistía en que aún había pocas mujeres encargadas de las contrataciones; cuando ocupasen más puestos ejecutivos —se decía—, Hollywood acabaría por comprender que existían muchas mujeres con las cualidades necesarias para ser buenas directoras.

Sin embargo, no ha ocurrido así. En la década que termina, el número de mujeres en puestos de máxima responsabilidad ha dado un salto enorme. La presidenta de Paramount, Sherry Lansing, es una de las personas más poderosas de Hollywood, y Lucy Fisher preside, desde 1996, Columbia Pictures. Existen, además, productoras independientes como Lynda Obst, Lauren Shuler Donner (Tienes un e-mail), Kathleen Kennedy (Parque Jurásico, La lista de Schindler) y Denise DiNovi (Prácticamente magia).

Sin embargo, no hay una nueva generación de directoras, a pesar que desde hace años el 60% de los alumnos de dirección en las escuelas de cine son mujeres.

En Hollywood nadie es capaz de explicar por qué les cuesta tanto a las directoras participar en proyectos de los grandes estudios. Se mencionan razones como un sexismo profundamente arraigado, unos ejecutivos llenos de temores y la falta de interés de las propias mujeres por el tipo de películas que se les ofrecen.

No obstante, hay una cosa clara: en una industria que se siente más cómoda hablando de los resultados de taquilla que debatiendo sobre los sexos y la cultura, la escasez de directoras es un tema que la mayoría prefiere ignorar.

"No hay pistas claras", declara Chris Lee, hasta hace poco responsable de producción en Columbia Pictures. "Quiero pensar que el sexo no importa, que es mi talento el que me ha permitido llegar donde estoy", dice Mimi Leder. "Sé que las cifras son desalentadoras, pero prefiero pensar que el sector se va haciendo, en cierto modo y en algún aspecto, menos miope".

Es posible que para Leder, cuya carrera ha impulsado Steven Spielberg (fue él quien le permitió dirigir su primera película, El pacificador), esa actitud tan comedida sea la más prudente, pero otras dicen que ellas no se pueden permitir el lujo del tacto.

Penelope Spheeris lo ha tenido difícil desde que El mundo de Wayne (1992) la convirtió en la primera directora de una película con más de 100 millones de dólares de recaudación. "Para mi, lo importante es cómo se trata a las mujeres. Es muy representativo de cómo funciona la industria, cuáles son sus valores. Pero nadie quiere afrontarlo".

La respuesta más fácil es echarle la culpa a lo económico. Después de éxitos de taquilla como Independence Day o Armageddon, la opinión generalizada es que los beneficios de un filme dependen del público masculino. Por eso, muchos no. Por eso, muchos directivos han decidido apostarlo todo a unos cuantos filmes de acción y aventuras con presupuestos superiores a los 10.000 millones de pesetas.

Si ésas son las películas que mandan en el mercado, el panorama para las mujeres es poco alentador. Para empezar, sólo hay dos a las que se ha contratado para dirigir películas de acción y de gran presupuesto: Mimi Leder y Kathryn Bigelow, cuyo filme futurista Días extraños fue un fracaso. Y, como Leder, Bigelow empezó gracias a que estuvo casada con Cameron, director de Titanic.

Algunas personas creen que no se contrata a mujeres para hacer filmes de acción simplemente por eso, porque son mujeres. "Existen muchas a las que no les interesa dirigir obras con un montón de rocas que vuelan y cosas que estallan", explica Bigelow, mientras sugiere que, además, algunas no son lo bastante "tenaces" como para asumir las presiones que implica proyectos con presupuestos elevados.

Lynda Obst cree que las mujeres están dispuestas a trabajar menos a cambio de hacer "cine más personal". Sin embargo, Martha Coolidge, que ha dirigido Valley Girl y Out to Sea, opina que esa afirmación es "ridícula".

"Hay mujeres, como yo, a las que nos gusta trabajar. Punto. Por supuesto que deseamos hacer películas que nos resulten cercanas. Como los hombres. Pero, mientras esperas a que te llegue la ocasión, lo que quienes es un trabajo decente.

©The New York Times

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de febrero de 1999