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Cuatro pescadores españoles negocian con Caruana durante dos horas en una reunión "sin políticos"

La tensión en el conflicto con Gibraltar llegó ayer a las acciones violentas de los ciudadanos. Los cuatro pescadores y armadores de Algeciras y La Línea que se trasladaron hasta la Casa de Gobierno de Gibraltar, a petición del ministro principal del Peñón, Peter Caruana, estuvieron retenidos dos horas por unos 2.000 gibraltareños que les insultaban a las puertas de la sede oficial. El propio Caruana ayudó a la delegación española, escoltada por la policía, a abandonar el palacio y la acompañó hasta la verja. Ambas partes seguirán hoy estas insólitas negociaciones al margen del Ministerio de Asuntos Exteriores.

"Nosotros sólo hablamos de pesca. No entramos en temas de soberanía ni aceptamos que se utilice a los pescadores como punta de lanza en estos temas", declaró Miguel Alberto Díaz, portavoz de la Mesa de la Pesca y secretario comarcal de CCOO, quien señaló la postura conciliadora de Caruana. "Hay cierto aire de optimismo, aunque no me aventuraría a decir que se va a llegar a un acuerdo", añadió. Las negociaciones continúan hoy. Díaz afirmó que "queda en suspenso la salida los pescadores hasta que se llegue a un acuerdo".El ministro principal insistió en que el encuentro -con la petición expresa de que no hubiera políticos españoles, como los alcaldes de La Línea y Algeciras, José Antonio Fernández y Patricio González, respectivamente- se celebrara en el Peñón. A las 17.00 comenzaron las conversaciones. Dos horas después, Caruana admitía que su policía no podía garantizar la seguridad de los negociadores españoles que estaban retenidos en el patio de la sede del Gobierno gibraltareño, rodeados por los gritos y amenazas de cerca de 2.000 personas que se habían ido congregando a lo largo de la tarde.

Los integrantes de la Mesa de la Pesca tan sólo podían comunicarse a través de un teléfono móvil (la cobertura de los aparatos españoles en el Peñón es muy escasa). Por su parte, Caruana intentaba calmar a los habitantes del Peñón y pedía por Radio Gibraltar que dejaran salir de Convent Place a los pescadores españoles. Los representantes de la Mesa salieron del Palacio de Gobierno en un vehículo precedido por otro en el que iba el propio Caruana y escoltados por la policía del Peñón. El ministro principal los acompañó hasta la verja, donde se habían aligerado previamente los controles.

Por la mañana, la asamblea de la Mesa de la Pesca, reunida en la lonja de Algeciras, había decidido plegarse a la petición de Caruana y emprender unas negociaciones cara a cara, "sin políticos", "porque es la única puerta abierta".

A pesar de defender que las faenas en aguas gibraltareñas son algo cotidiano para los barcos españoles desde hace más de 100 años, la tensión fue muy intensa e incluso algunos de los 500 pescadores a los que afecta el conflicto pidieron que se bloqueara el muelle de Algeciras para intentar que la diplomacia española actuara con contundencia. "Londres está muy lejos, pero parece que más lejos está Madrid", se quejaba Miguel Alberto Díaz, que culpaba de desidia al Ministerio de Asuntos Exteriores y a sus funcionarios "con el riñón bien cubierto de manteca".

Por su parte, el responsable de Exteriores, Abel Matutes, declaró a Europa Press que España seguirá adoptando "medidas en defensa de sus intereses" respecto al Peñón. Es decir, el "incremento de los controles aduaneros a los efectos de reprimir el contrabando y otros tráficos ilegales" mientras el Reino Unido "no garantice el pleno respeto al acuerdo en vigor".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de febrero de 1999

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