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Crítica:TEATRO

Abajo los pedantes

En uno de sus giros irónicos, Adolfo Marsillach dice que su adaptación de este clásico del Molière mayor es "moderadamente libre": algunos le reprocharán que lo es exageradamente. Yo no. Gracias a las adiciones punzantes de su diálogo, y a la interpretación brillante y sabia de Berta Riaza, Analía Gadé y Cecilia Solanguren en las ridículas, pretenciosas damas sabias -sabihondas, dice Adolfo; también hay en la acción hombres pedantes y cursis y grotescos: todo, como en la vida-, y las alusiones a la actualidad, pasé mi tiempo sin demasiados agobios.Con Molière desnudo, propio y antiguo, tampoco hay razón para el desencanto: está siempre vivo. Pero todos nos lo sabemos demasiado, y todos conocemos sus valiosísimas traducciones fieles; es hora de escucharlo a través de un autor sabihondo de nuestro tiempo, y verlo en ese tonillo de decoración, escenografía y dirección que no suele ser demasiado aceptable por lo entonado, el regusto de la fantasía en el traje y el maquillaje, las gracietas de figuras de caja de música o de figuras sentadas en fila en un jardín con supuestos tulipanes. Es decir, lo bonito, el buen gusto, que tantas veces molesta cuando se va al teatro a otra cosa. Digamos que está bien hecho, que están cariñosamente tratadas las figuras y las luces, y que puede tener un buen público.

De Molière, adaptación de Adolfo Marsillach

Intérpretes: Cecilia Solaguren, Yolanda Diego, Román Sánchez, Berta Riaza, Emilio Alonso, José Albiach, Carmen Duque, Analía Gadé, Camilo, Rodríguez, José Antonio Ferrer, Manuel Arias. Figurines: León Revuelta. Iluminación: Josep Solbes. Escenografía: Alfonso Barajas. Dirección de Alfonso Zurro. Teatro Albéniz, de la Comunidad de Madrid.

Para mí, repito, lo que vale es lo heterodoxo, para un rato; el estilo de Adolfo, su ironía y su carácter implacable: y lo que hacen, sobre todo, Berta y Analía. Sin desdoro de los demás.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 31 de enero de 1999

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