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Crítica:DANZA

Petipa eterno

Ha sido un buen regalo navideño esta gala, con honestos y muy pensados propósitos artísticos; en una palabra, serios, sin concesiones a la fácil espectacularidad del falso virtuosismo. Porque ¿qué es el virtuosismo balletístico en sí? Ni más ni menos que lo visto en el nuevo Coliseo vallisoletano. Bailarines elegantes y medidos, capaces de aunar tradición de la lectura coreográfica con el ímpetu de la interpretación actual, sin descuidar los matices estilísticos de cada pieza.Esto es una Gala Petipa, aun cuando Diana y Acteón aparece en la lectura de Agripina Vaganova, cuyo trabajo reconstructor llevó al tono heroico de su tiempo, los años treinta, la herencia de la reposición petipatiana de finales del siglo XIX. Habría que referirse con detalle tanto al repertorio bailado como a los intérpretes. Pudimos ver pas de deux que no se bailan hoy día, como es el caso de Arlequinade, o el fragmento de La bayadera, e incluso el botón de oro de la Danza rusa del tercer acto de El lago de los cisnes, que constituye hoy día una muestra extraña de un tipo de baile que tiende a desaparecer.

Gala de Navidad

Pasos a dos. Fragmentos coreográficos de Marius Petipa y Agripina Vaganova. Intérpretes: María Jiménez (Ballet de la Ópera de Zúrich). Rosario Suárez (Ballet Cubano de Miami). Serguéi Bondur y Tatiana Holiakova (Ballet de la Ópera de Kiev). Maxim Chepik y Anna Dorosch (Ballet de la Ópera de Novosibirsk). Lienz Chang (Ballet de Marsella). Alexandre Kriukov (Ballet Stanislavski). Auditorio de Valladolid. 22 de diciembre.

Dorosch y Chepik hicieron un Cascanueces de estricta academia, y en la segunda parte, una exquisita demostración de buen sentido de lo bailado; Jiménez y Chang, por su parte, se acoplan perfectamente en la bravura, y tanto su Diana y Acteón como su Don Quijote resolvieron las dificultades a través del arrojo, entendido desde la musicalidad, pues ella ha ganado en este último año muchísimo terreno en brío y aplicación académica.

Holiakova y Bondur, tanto en La bella durmiente como en Guiselle, recrearon esas lecturas, cercanas siempre al canon petersburgués, y el joven Kriukov mostró en la variación de Paquita sus dotes de futuro.

Complicidad

Suárez y Candeloro han dado una lección de lo que debe ser la comunicación y la complicidad entre dos solventes y maduros solistas en un Arlequinade que no nos será fácil olvidar, pues ese dificilísimo dúo es una rara joya que vale la pena ver y analizar.La bailarina cubana aún nos reservaba en la segunda parte una gran sorpresa al desgranar todo su potencial técnico de siempre en un complejo sistema de contención musical y estilística. La Danza rusa es un baile heroico en sí mismo, brillante en su textura y de grandes riesgos en su pulimento, y eso en el fondo y en la forma es el Petipa eterno, la genialidad de un coreógrafo para crear diversidad donde otros arman monotonía.

Es así que esta atinada selección de bailarines de diferentes sitios y escuelas pone de manifiesto la gran verdad universal de la coreografía académica, su poder y su amplitud políglota. Petipa dejó en cada una de estas lecturas muchísimas claves y recursos potenciales para que artistas muy diversos se atrevieran y entraran en su lectura. Ahora bien, lo que debe primar para ello es la seriedad, el talento y el oficio, y estas cosas eran muy evidentes en todos los artistas de esta gala, dando lo mejor de sí sin excesos y en respeto al arte coreográfico verdaderamente clásico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 24 de diciembre de 1998

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