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Reportaje:

El parque contaminado

El tramo del Guadarrama que seráprotegido por una leyregional sufre un grave deterioro biológico por los numerosos vertidos tóxicos

Guadarrama significa río de arena. Ése es el nombre que los árabes le pusieron al cauce hace siglos por las características de sus orillas. Hace cuarenta años, el río se mantenía tan limpio como cuando lo cruzaron con sus caballos los musulmanes. Seguía cristalino y en sus aguas habitaban especies autóctonas tan preciadas como la trucha común, el barbo o la nutria. Desde entonces, el río ha sufrido el ataque de múltiples fuentes contaminantes, cuyos efectos nocivos se han dejado sentir. De sus aguas han desaparecido las citadas especies y ahora sólo sirven de hogar a las carpas, muy resistentes, que lo aguantan todo o casi todo. Los ecologistas definen al río Guadarrama y su entorno como el área natural que más agresión ha sufrido en la región en la década de los ochenta y noventa.Para tratar de frenar ese proceso de deterioro, la Comunidad proyecta transformar el río y todo su ámbito de influencia en el cuarto parque regional madrileño (los otros tres son Peñalara, Manzanares y Sureste). El Gobierno regional aprobó el jueves pasado el anteproyecto de ley en el que se define el ámbito que abarca el parque: 16.500 hectáreas repartidas en 19 municipios situados al oeste de la región. La zona protegida se extiende a lo largo del cauce medio del río. El tramo alto, muy delicado desde el punto de vista medioambiental, se queda fuera. Esta decisión ha sido el detonante de un nuevo enfrentamiento entre los ecologistas y los responsables regionales.

El parque nace en plena agonía. Su columna vertebral, el río Guadarrama, la arteria principal que nutre de agua a la flora y fauna del futuro parque, está gravemente enfermo. Los ecologistas denuncian que sus aguas padecen cinco tipos distintos de contaminación y que el parque nace herido grave, biológicamente.

Vertidos urbanos.

La asociación Ecologistas en Acción denuncia que "aún hay localidades, dentro de lo que será el futuro parque del Guadarrama, como Galapagar, Torrelodones, Colmenarejo, Villaviciosa de Odón, Sevilla la Nueva y Brunete que vierten sus aguas residuales directamente al río", según explica Santiago Martín Barajas. La suma de los habitantes de todas esas localidades ronda la cifra de 50.000. Además, hay otros municipios que han crecido tanto que sus depuradoras se han quedado pequeñas y ya no limpian lo suficiente", añade Martín. "En el Guadarrama aparecen preservativos, compresas, pañales y demás plásticos que recogen las alcantarillas. Estos objetos se tiran por el retrete y acaban en el río", explica Javier Zarzuela, de 35 años, maestro de educación medioambiental y miembro de la asociación ecologista Galápago. "Al río llega también lejía, jabones, pinturas, disolventes, barnices y demás productos tóxicos de uso cotidiano", añade Zarzuela. "Casi todos los veranos se produce una mortandad repentina de carpas en el tramo de río que pasa por los límites municipales de Galapagar y Torrelodones", añade Zarzuela.

Vertidos industriales.

A lo largo del Guadarrama hay cuatro industrias que vierten al río. Dos papeleras de reciclado, una industria ganadera y otra textil. "Las papeleras destilan productos altamente tóxicos, que aniquilan el río", señala Martín. Un empleado de una de las papeleras señaló ayer que "la fábrica tiene dos depuradoras y no contamina nada". "La empresa láctea suelta el líquido residual de las heces del ganado, muy contaminante", explica Martín. La Comunidad esta estudiando la toxicidad de estos supuestos vertidos.

Encauzamiento del río.

El Guadarrama está encauzado por muros de hormigón a su paso por Villalba. Ese tramo queda fuera de los límites del futuro parque, aunque los ecologistas señalan que el impacto que produce esa canalización supone cortar el río en dos mitades.

Explotaciones mineras.

Dos empresas de extracción de áridos y minerales "contaminan el Guadarrama, dentro de lo que será el parque", explica Zarzuela. "La extracción de áridos por parte de las compañías mineras implica el vertido de partículas sólidas en suspensión que enturbian el río de tal forma que el sol no se filtra a través del agua. Esto desencadena un efecto en la flora del río, que sin sol no puede seguir su ciclo natural", señala Zarzuela. "Las carpas se asfixian porque al respirar se les mete arena en las agallas y les impide respirar", añade Zarzuela. "En los tramos afectados por los vertidos de la minería no se ve ni un solo pez", añade. El propietario de una de las empresas asegura que los vertidos de su factoría no perjudican el río.

Construcciones en los cauces.

En las riberas del Guadarrama se levantan cerca de un millar de construcciones ilegales. Afecta a los municipios de Arroyomolinos, Móstoles, Navalcarnero y Villaviciosa de Odón. La construcción en la orilla del río supone la destrucción del bosque de ribera. "Esas casas vierten sus residuos directamente al cauce", concluye Martín. En caso de desbordamiento, el río supone un grave riesgo para las habitantes de esas viviendas", señala Martín.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de diciembre de 1998

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